El ministerio santo predica a Cristo a pesar de la persecución.
Tema del Día
Desde su nacimiento, la Iglesia del Nuevo Testamento ha sido una Iglesia perseguida. Los líderes religiosos de Jerusalén intentaron erradicar el Camino, pero sólo consiguieron extenderlo desde Judea hasta Samaria y hasta los confines de la tierra. El Imperio Romano persiguió a los cristianos con estacas y leones, pero sólo demostraron que la sangre de los mártires era semilla para la Iglesia.
Oración del día
Oh Dios, porque tu presencia permanente va siempre con nosotros, haznos conscientes de tus misericordias cotidianas para que vivamos seguros y contentos en tu amor eterno; por tu Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén
Primera Lectura: Jeremías 20:7-13
La persecución puede venir de cualquier parte. En el caso de Jeremías, vino de dentro de la iglesia visible. Pasur, el principal funcionario del templo, escuchó el mensaje que Jeremías proclamaba y lo hizo golpear y poner en el cepo. Obsérvese la valentía de Jeremías, primero al pronunciar la Palabra del Señor que le llevó al cepo y después al pronunciar la Palabra del Señor tan pronto como fue liberado del cepo.
7Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. 8Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. 9Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude. 10Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza. 11Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada. 12Oh Jehová de los ejércitos, que pruebas a los justos, que ves los pensamientos y el corazón, vea yo tu venganza de ellos; porque a ti he encomendado mi causa. 13Cantad a Jehová, load a Jehová; porque ha librado el alma del pobre de mano de los malignos.
Salmo 91
La Iglesia canta el Salmo 91 en los servicios que se centran en momentos de crisis, especialmente de tentación o persecución. El león y la serpiente (versículo 13) son a veces referencias bíblicas al diablo, y el diablo utiliza este salmo para tentar a Jesús (Lucas 4:10,11). Martín Lutero dijo: «El Salmo 91 es un salmo de consuelo. Nos anima a confiar en Dios a través de toda angustia y aflicción. Está lleno de ricas y reconfortantes promesas derivadas del Primer Mandamiento. Es el segundo salmo (después del Salmo 34) en el que se proclama que los queridos ángeles son nuestros guardianes, lo cual es reconfortante y bueno de notar.»
1 El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
3 El te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
4 Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
5 No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
7 Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.
8 Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.
9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
10 No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
12 En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.
13 Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
15 Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
16 Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.
Segunda Lectura: Mateo 10:5a, 21-33
Las afirmaciones axiomáticas de Jesús son tan obvias que no requieren prueba alguna. Sin embargo, ¡cuán sorprendidos estamos cuando nos enfrentamos a la persecución a causa de la Palabra! Tal vez nos enfrentamos a persecución física, o tal vez es simplemente la forma en que los cristianos modernos son llamados intolerantes, crédulos o retrógrados.
5A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo:
21El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. 22Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 23Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre.
24El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. 25Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?
6Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. 27Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas. 28Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. 29¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. 30Pues aun vuestros cabellos están todos contados. 31Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. 32A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. 33Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Texto del Sermón: 2 Timoteo 4:1-8
San Pablo conocía bien la persecución: sabía cómo darla y sabía cómo soportarla. El hombre que una vez fue la peor pesadilla de la Iglesia se había convertido, por la asombrosa gracia de Dios, en el gran apóstol de la Iglesia a los gentiles. Pero el autoproclamado jefe de los pecadores, que una vez persiguió a la iglesia, posteriormente soportó un ministerio lleno de persecuciones.
1Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, 2que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.
6Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. 7He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 8Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.
LA DOCTRINA DE ESPERANZA
El apóstol Pablo va a morir. Está en la cárcel en Roma y muy pronto viene su juicio y ejecución. Después de más que dos décadas de servicio a Jesús, su tiempo se va acabando. Solo tuvo unas semanas para vivir. Entonces, ¿qué hizo? ¿Se quejó de su situación y culpó a Dios por su sufrimiento? ¿Negó sus predicaciones para sobrevivir? Por supuesto no. En esta última carta de Pablo vemos su dedicación constante al mensaje que predicaba, y su determinación equipar a su estudiante Timoteo para seguir en el ministerio.
Pablo conoció a Timoteo cuando era muy joven, viviendo en el pueblo de Listra. Su mamá y abuela le enseñaron sobre la fe. Timoteo también entró en el ministerio y era como un hijo espiritual para Pablo. Ahora, al fin de su vida, el apóstol envía una carta más a su amigo y estudiante. 2 Timoteo es como el testamento de Pablo. Está llena de emoción y sabiduría. Pero a pesar de la situación triste y difícil, nunca pierde su enfoque en la cosa más importante: el evangelio.
El capítulo cuatro es el último capítulo en la última carta de Pablo. Y esta sección de hoy es la última sección antes de saludos e instrucciones personales para otras personas conocidas por el apóstol. Leemos la conclusión de sus enseñanzas y su voluntad para los que van a continuar en la lucha. Podríamos hablar por horas sobre los versículos, pero vamos a enfocarnos en tres puntos claves: predicamos la palabra, somos fieles a la doctrina de las escrituras, y vivimos con una vista a la eternidad.
Predicamos la palabra. Pablo es un pastor escribiendo a otro pastor, entonces tiene razón incluir esta instrucción. La responsabilidad más importante de un líder en la iglesia es compartir la palabra de Dios. La palabra en griego que traducimos en “predicar” tiene una conexión con la obra de un heraldo, un representante de un rey. Y eso es relevante porque un heraldo no decide el mensaje. No puede escuchar a una declaración del rey y pensar, “Ah, eso no es lo que necesita la gente, voy a cambiar el mensaje un poco.” No. Lo que dice el rey, el mensajero comunica. Esta es nuestra relación con la Palabra de Dios, y por eso Pablo incluye otras instrucciones.
“Que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.” A tiempo y fuera de tiempo son una referencia a la agricultura. Es muy común en la Biblia la imagen del trabajo en el reino de Dios como en una finca. Pero hay algo especial sobre este trabajo. Lo hacemos aun fuera de tiempo. Nadie siembra cuando hay nieve o sequía. Pero nuestro llamado es compartir la Palabra aun en situaciones que no parecen ideales para nosotros, o quizás para nuestra audiencia. Porque tenemos la promesa que la Palabra nunca vuelve vacía. Es fácil caer en la trampa de esperar “el momento perfecto” pero eso no existe. Hace dos semanas aprendimos que no es nuestra responsabilidad decidir quién es un candidato bueno para el reino de Dios. Ni es nuestra responsabilidad decidir que no es el momento correcto para predicar. Lo hacemos a tiempo y fuera de tiempo. Con toda paciencia y doctrina.
“Doctrina” es una palabra que tal vez no recibe tratamiento justo. Para algunos, la palabra trae a mente imágenes de libros muy grandes y complejos, o monjes estudiando en un monasterio oscuro con la luz de velas. Pero doctrina es simplemente lo que creemos, confesamos, y enseñamos. Y la única fuente de la doctrina sana es la Palabra de Dios. Como luteranos confesionales, suscribimos al libro de Concordia porque es una explicación fiel de la doctrina presentada en la Biblia. Sola escritura es un pilar de nuestra iglesia, es decir encontramos nuestra doctrina en la Biblia, y no en las tradiciones de una iglesia o en predicadores individuales.
Y eso es muy importante porque la doctrina de una iglesia es la fundación para sus acciones y enseñanzas. Y cuando esa fundación se base en “fabulas,” para usar el lenguaje de Pablo, hay muchos problemas. Alabando a los santos. Añadiendo requisitos a la vida cristiana que la Biblia no tiene. Reemplazando el mensaje central de la redención que Cristo nos da con una lista de cosas que hacemos para Dios. Pero eso no debe sorprendernos. Es exactamente lo que Pablo dice. “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.”
La sana doctrina es un enemigo mortal de nuestra naturaleza pecaminosa. No queremos escucharla, y solo podemos por la obra del Espíritu Santo. Pero es natural para nosotros buscar a gente que dice lo que queremos oír. Es la verdad para niños y para jubilados. Amontonamos maestros según nuestras concupiscencias. “Concupiscencia” viene de latín y significa el hábito de nuestra carne al preferir lo malo, el pecado, y las cosas contra Dios. Porque eso existe en cada ser humano, hay muchos maestros que la aprovechan para ganar seguidores. Estoy seguro de que casi todos han visto videos así en las redes sociales. Tienen títulos como, “¡Enseñanza escondida de la Biblia!” “Nueva revelación en el libro de Apocalipsis!” “La Iglesia no quiere que sepan esto…” Que tengamos mucho cuidado con esto. Las herejías del tiempo de Pablo todavía existen. Los que quieren negar la divinidad de Jesús, los que menosprecian la Palabra, los que añaden varias cosas al evangelio como requisitos de la salvación, los que dicen que existen muchas verdades y no debemos confesar solo una. Como dice Eclesiastés, no hay nada nuevo bajo el sol. Satanás recicla sus mentiras por las edades, empacándolas en el gnosticismo, la Ilustración, el modernismo, o contenido generado por IA.
Estoy aquí para decirles que no somos inmunes a estas cosas. Tenemos tantas advertencias precisamente porque son peligrosas y pueden causarnos caer. Nuestros pastores podrían contar varias historias de miembros que salieron de la fe por falsa doctrina. Una actitud complaciente deja la puerta abierta para las mentiras entrar. El que piensa que está firme, tenga cuidado de que no caiga. Comprometer con las verdades de Dios no es una situación de beneficio mutuo: es una pérdida total. Somos culpables de ignorar partes de las instrucciones de Jesús que son más difíciles de vivir. Somos culpables de menospreciar ciertas enseñanzas o pensar que sabemos mejor que Dios. Estas cosas no son preferencias personales; son pecados. Y merecemos el castigo eterno de Dios por rechazar su Palabra.
Entonces este consejo de Pablo todavía es muy aplicable para nosotros, quizás aún más aplicable porque tenemos acceso a un monte de información por el internet que ellos no podrían imaginar. La lucha contra la falsa doctrina es constante, diaria, y difícil. Por eso Pablo dice tener paciencia, ser sobrio, y soporta las aflicciones. Incluimos el estudio de la Palabra en nuestra vida diaria, porque es la fuente de nuestra doctrina. Y si tenemos preguntas, tenemos recursos. Nuestros pastores les gustan mucho responder a preguntas y enseñar. Es parte de la obra. Tenemos clases de Academia Cristo. Recursos en el sitio web. Tenemos estudios y devocionales en vivo en las redes sociales, pero tristemente los números de interacciones van bajando recientemente. Aprovéchenlas. Falta de alimentación de la fe es peligrosa para nosotros. Queremos crecer, siempre crecer en la fe, y no estancarnos ni disminuir.
¿Y porque, porque ponemos tanto énfasis, tanta importancia en la sana doctrina, el estudio de la Palabra, y el crecimiento en nuestras vidas de santificación? Por lo que dice el versículo 8. “8Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” Tenemos la corona de justicia, una corona más valerosa que cualquiera otra en este mundo. Vivimos cada día aquí en la tierra con una vista adelante a la promesa de Dios. No es en vano nuestra obra en el Señor. El juez justo nos declara justificados. No hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Somos creaciones nuevas en él, esperando su venida para recibir la corona que él ganó por nosotros por su vida perfecta, muerte inocente, y resurrección. Pablo no tuvo miedo de la muerte al fin de sus días porque conocía el don de Dios. Nosotros tampoco tendremos.
Entonces, hermanos, cuando encontramos las mentiras del diablo huimos a la fuente de nuestra doctrina y enseñanza, la Palabra de Dios. Dice el mundo, “Jesús no vuelve.” Dice nuestra carne, “No importa ese pecado tan pequeño.” Dice Satanás, “Eres demasiado malvado para la salvación de Dios.” Mentirosos todos, y los cortamos con la espada del Espíritu. La Palabra que lucha por nosotros. Mi oración para cada uno de nosotros es que al fin de la vida podemos decir con Pablo, “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” Si fuera de nosotros solos, esa confesión sería imposible y un engaño total. Pero no estamos solos. El Señor Jesucristo nos redimió y nos envió a nosotros su Espíritu Santo. Esa es la confesión central de nuestra doctrina, y la esperanza que tenemos durante esta vida de sombra y la vida de luz que viene. Les dejo con las últimas palabras de Pablo en la Biblia: El Señor Jesucristo esté con tu espíritu. La gracia sea con vosotros. Amén.
Himnos
255 QUE MI VIDA ENTERA ESTÉ
252 QUIERO JESÚS MI REY
EL QUE HABITA AL ABRIGO DE DIOS (Fe y Alabanza)
141 JESÚS YO HE PROMETIDO
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