TERCER DOMINGO DE PENTECOSTÉS

El ministerio santo se apoya en la verdad sólida como una roca de la Palabra de Dios.

TEMA DEL DÍA

El Tiempo después de Pentecostés se centra en las enseñanzas de Cristo, y comienza concentrándose en el don de Cristo a su Iglesia, el oficio de predicar el Evangelio. El ministerio santo se apoya en la verdad sólida como una roca de la Palabra de Dios. Por supuesto, no todos los que se llaman a sí mismos ministros lo hacen, así que ¡cuidado con los falsos maestros! Muchos vendrán con palabras sabias y promesas piadosas, pero no son lo que parecen.

Oración del día

Oh Dios, fuerza de todos los que confían en ti, escucha misericordioso nuestras oraciones. Ten piedad de nosotros en nuestra debilidad, y danos fuerza para cumplir tus mandamientos en todo lo que decimos y hacemos; por tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén

Primera lectura: Deuteronomio 11:18-21, 26-28

Las palabras de esta lectura inscritas en pergamino han llenado las filacterias de los judíos durante miles de años. Aunque se las ataban a las manos y se las ataban a la frente, muchos no consiguieron fijar la Palabra de Dios en sus corazones y mentes. Por eso, cuando el Verbo hecho carne se presentó ante ellos, no pudieron ver al Mesías prometido desde hacía tanto tiempo. Los maestros de Israel se convirtieron en falsos profetas, con filacterias y todo.

18Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos. 19Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes, 20y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas; 21para que sean vuestros días, y los días de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra.

26He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: 27la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy, 28y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido.

Salmo 1

La Iglesia canta el Salmo 1 en los servicios que subrayan los beneficios de la meditación de la ley del Señor. La Palabra de Dios nos hace florecer y dar buenos frutos, especialmente el amor a Dios que desemboca en el amor a los seres humanos. El padre de la Iglesia Jerónimo llamó a este salmo «la entrada principal a la mansión del Salterio». Martín Lutero dijo: «El primer salmo es un salmo de consuelo. Nos exhorta a escuchar y aprender con gusto la Palabra de Dios para nuestro propio consuelo. El Salmo 1 coincide con la segunda y tercera petición del Padrenuestro, pues en él oramos por el reino de Dios y la voluntad de Dios, que son transmitidos por la Palabra. El fundamento y la idea principal de este primer salmo es el Tercer Mandamiento, pues alaba la instrucción en la Palabra de Dios, que debemos oír, aprender y leer con gusto».

1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,

Ni estuvo en camino de pecadores,

Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;

2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia,

Y en su ley medita de día y de noche.

3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,

Que da su fruto en su tiempo,

Y su hoja no cae;

Y todo lo que hace, prosperará.

4 No así los malos,

Que son como el tamo que arrebata el viento.

5 Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio,

Ni los pecadores en la congregación de los justos.

6 Porque Jehová conoce el camino de los justos;

Más la senda de los malos perecerá.

Segunda lectura: 2 Pedro 1:19—2:3

Pedro nos enseña que la Palabra de Dios es sólida como una roca recordándonos que en el pasado hubo profetas verdaderos y falsos. Consideremos la historia del verdadero profeta Micaías, que se mantuvo firme en la verdad de Dios frente a Acab y los falsos profetas en 1 Reyes 22. Es un relato maravilloso que ilustra la enseñanza de Pedro sobre la profecía. Es un relato maravilloso que ilustra la enseñanza de Pedro sobre la profecía.

19Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; 20entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 21porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

2

1Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. 2Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, 3y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.

Texto del Sermón:

Evangelio: Mateo 7:15-29

El Sermón de la Montaña concluye con esta admonición de nuestro Señor: «Pero estrecha es la puerta, y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran.» (Mateo 7:14). El Evangelio de hoy nos da una razón por la que tan pocos encontrarán ese camino: los engaños de los falsos maestros. Jesús advierte a la Iglesia de que ningún falso profeta viene diciendo serlo. No podemos juzgarlos sólo por sus acciones: incluso Judas hizo milagros. El poder exterior o la piedad no hacen más que enmascarar a la bestia que llevan dentro. Más bien debemos juzgarlos por sus frutos. El fruto de un profeta es su mensaje. ¿Qué dice? Puede que lo diga en nombre de Jesús, pero mira el fruto del profeta, su mensaje.

15Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 18No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20Así que, por sus frutos los conoceréis.

21No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

24Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

28Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; 29porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

EL ESPÍRITU SANTO HACE QUE ESTEMOS FUNDAMENTADOS SOBRE LA VERDADERA ROCA, CRISTO JESÚS

En los capítulos 27 y 28 del libro de Jeremías encontramos un ejemplo de la relación entre los falsos profetas y sus oidores. A la gente le gusta oír a los falsos profetas porque dicen lo que la gente se muere por escuchar. En el capítulo 27, Dios ordena a Jeremías que se coloque un yugo de madera sobre el cuello como símbolo del dominio de Nabucodonosor, rey de Babilonia. El mensaje es claro: Judá y las naciones vecinas deben someterse al rey de Babilonia, porque ese yugo ha sido puesto por Dios mismo. Jeremías advierte que resistir ese mandato traerá espada, hambre y pestilencia. También denuncia a los falsos profetas que prometen una liberación rápida, diciendo que los utensilios del templo volverán pronto, algo que no ocurrirá todavía.

Es por esto que en el capítulo 28 encontramos el contraste: Hananías, un profeta falso, contradice el mensaje de Jeremías diciendo que Dios romperá el yugo de Babilonia en dos años. Para dramatizarlo, rompe el yugo de madera que Jeremías llevaba. Dios responde revelando que, en lugar de yugos de madera, habrá yugos de hierro, símbolo de un sometimiento aún más fuerte. Finalmente, Hananías muere ese mismo año, confirmando que su profecía era falsa.

En la lectura del Nuevo Testamento del día de hoy, en la carta de Pedro, encontramos lo siguiente:

«…entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo». (2 Pedro 1:20-21)

Hananías es el ejemplo de tener interpretaciones privadas. Esto también lo vemos en el tema de la hermenéutica bíblica; a lo largo de la historia de la iglesia, han llegado falsos maestros vestidos de ovejas, mostrándose indefensos, estudiosos y cautivadores, pero implementando métodos de interpretación de la Biblia donde se le quita la gloria a Dios y predominan las obras del hombre. La iglesia cristiana ha sufrido con la interpretación de la Biblia a través del pietismo, el existencialismo, el racionalismo, el método histórico-crítico, la desmitologización existencial y el reduccionismo del evangelio junto con el modernismo y el posmodernismo han hecho un daño grande en la vida de muchas personas que han sido dirigidas hacia la puerta abierta de la falsa enseñanza de la salvación solo por las obras.

El sinergismo es el padre de todas estas falsas interpretaciones, porque enseña la salvación por las obras del hombre. Esta postura, que ha sido predicada por filósofos y teólogos famosos, ha llevado a muchas personas al infierno. Si nosotros no usamos la Ley y el Evangelio para estudiar las Escrituras, o si estamos buscando quién nos predique lo que queremos escuchar o quién respalde nuestros pecados (como la mentira, el libertinaje o nuestra falta de amor al prójimo), o si nos gusta escuchar a diferentes predicadores sin importar lo que creen, o si nos gusta practicar el ecumenismo, sencillamente estamos pecando contra el tercer mandamiento. Seremos entonces como este hombre del que habló Jesús:

«Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina». (Mateo 7:26-27)

Merecemos la muerte eterna, mis hermanos, porque en ocasiones no prestamos atención a lo que se predica de la Palabra de Dios; dejamos que solo algunos hombres interpreten y enseñen la Biblia de acuerdo a su propia razón, y nos dejamos llevar como la paja de un lugar a otro por no obedecer a Dios y a su Palabra. Así se cumple esta porción que Jesús nos dice:

«No todo el que me dice: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad». (Mateo 7:21-23)

Mencionar el nombre de Jesús no salva a aquel que no tenga fe en Él; mencionar el nombre de Jesús no salva a aquel que enseña la salvación por obras; mencionar el nombre de Jesús y llevar una vida lejos de la Palabra de Dios tampoco da salvación.

El evangelista Mateo, que fue testigo no solo al escuchar el Sermón del Monte sino muchas otras palabras que Jesús dijo, mostró en la porción del evangelio para este día la manera en que nosotros hemos sido perdonados por no prestar cuidado y por no proteger la Palabra de Dios de los falsos profetas. Por esto dijo:

«Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas». (Mateo 7:28-29)

Nuestro Señor tuvo una hermenéutica perfecta: Él usó perfectamente la Ley y el Evangelio, y utilizó el Antiguo Testamento para demostrar que Él es el Mesías esperado y para mostrar que la Palabra de Dios no es solamente verdadera, sino que fue inspirada por el Espíritu Santo. Hoy en día escuchamos decir que nadie tiene la verdad, pero solo Jesús la tiene. Por esto la gente escuchaba lo que realmente decía Dios. Ellos sabían que los escribas y líderes judíos solo tenían puestas las filacterias en sus brazos, manos y frentes para demostrar su religiosidad, pero no tenían la Palabra de Dios en su corazón, porque no creían que Jesús de Nazaret era el Mesías prometido por Dios en el Antiguo Testamento.

Ellos eran realmente los falsos profetas en los tiempos de Cristo y se encargaron —como hoy en día lo hacen muchos falsos profetas— de hacerle el trabajo al diablo al usar la Escritura para llevar almas al infierno. Es por esto que Jesús nos exhorta hoy diciéndonos que por sus frutos los conoceremos. Pero el Espíritu Santo, con todo su poder, nos ha dado la fe por medio del Evangelio en Cristo Jesús. Por esto damos gracias hoy, porque en este versículo está nuestro perdón, puesto que Jesús cumplió el tercer mandamiento perfectamente por nosotros. Pero Jesús hizo mucho más que esto; el apóstol Juan en su carta nos dice:

«Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo». (1 Juan 2:2)

El amor de nuestro Padre celestial quedó demostrado con su Hijo en la cruz, porque allí Él recibió todo el castigo que nosotros merecemos por nuestra infidelidad y nuestra falta de amor a Dios. No solo murió por nosotros, sino por todo el mundo. Hoy damos gracias a nuestro Dios, quien nos dio la confianza del perdón ganado por Cristo en la cruz; por esto somos justificados y por esto tenemos paz con Dios.

Jesús quiere que nosotros, como hijos perdonados de Dios, tengamos esta característica:

«Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca». (Mateo 7:24-25)

Estar fundados, es decir, tener la fe verdadera, es estar sostenidos por la única roca sólida que hay en la Escritura: Cristo Jesús. Esta roca nos sostiene en este mundo. Él venció a los falsos maestros con su resurrección, porque con ella venció al padre de ellos, que es el diablo. Hoy en día somos atacados y hasta perseguidos por creer solo en la justificación por medio de la fe: la iglesia de Roma nos llama anatemas, y los reformados y evangélicos dicen que somos «cristianos light» porque no hacemos obras para ganar el favor de Dios.

Pero el Espíritu Santo, con todo su poder, nos sostiene sobre la roca, Cristo Jesús. Nos ha dado la Ley y el Evangelio no solo para estudiar e interpretar la Biblia, sino también para identificar y guardarnos de los falsos maestros, algo a lo que Jesús nos exhorta en la porción del evangelio de hoy. Que podamos identificar sus frutos, porque ellos solo quieren el dinero, la fama, el prestigio y tener todas las comodidades que desean a causa de la predicación de la Palabra. Es cierto que la Biblia manda que el obrero sea digno de su salario, pero en nuestro juicio cristiano, un obrero de la iglesia necesita estar al mismo nivel que todos los hermanos en la fe (a no ser que sea bendecido por Dios de otras maneras); no debemos abusar de las ofrendas que recibimos.

A estos falsos maestros que no están sometidos a la Palabra de Dios también los identificamos porque caen en el libertinaje, tienen relaciones sexuales con mujeres dentro de su congregación y se vuelven dictadores en sus iglesias. Pero el Señor nos cuida al mandarnos que nos separemos de aquellos que predican persistentemente la falsa doctrina, como lo enseña Romanos 16:17.

En Academia Cristo animamos a las personas a que examinen la doctrina que han recibido mediante el estudio y la puedan comparar con lo que han escuchado en sus iglesias. Les hemos animado a que hablen con sus pastores o líderes para que puedan corregir la falsa doctrina que predican. Muchos lo han hecho; otros se han alejado de nosotros, pero otros están en compañerismo con nosotros. Por esto es importante que sigamos el ministerio de la iglesia, que no es conseguir dinero, sino ganar y cuidar almas para el Señor, porque la vida eterna es una realidad en la cual vivimos. Pronto estaremos en el cielo adorando a nuestro Dios por toda la eternidad y, mientras tanto: «perseveremos en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones». (Hechos 2:42). Amén.

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