Una vida de fe en el Dios trino.
Tema del Día
La doctrina de la Trinidad no es un ejercicio lógico ni una excursión dogmática. Es fundamental para nuestra salvación. El Dios trino es nuestro Creador, Redentor y Santificador. Si se pierde esta doctrina, como dice nuestras confesiones, se pierde todo. Un Jesús que es menos que Dios es también menos que Salvador.
Oración del día
Dios y Padre todopoderoso, que habitas en la majestad y el misterio, llenas y renuevas toda la creación por tu Espíritu eterno, y manifiestas tu gracia salvadora por medio de nuestro Señor Jesucristo, limpia con misericordia nuestros corazones y labios para que, libres de dudas y temores, podamos adorarte siempre a ti, único Dios verdadero e inmortal, con tu Hijo y el Espíritu Santo, que vives y reinas, ahora y siempre. Amén.
Primera lectura: Génesis 1:1–2:3
Leemos el versículo 1 en el contexto de Juan 1:1 3: «En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba con Dios en el principio. Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir.». Dios —Padre, Hijo y Espíritu Santo— creó un hogar para la corona de su creación. La Trinidad se hablaba a sí misma y de sí misma en las asombrosas palabras que mostraban la intención de Dios para la humanidad: «Hagamos al hombre a nuestra imagen». El Dios trino planeó que la corona de la creación se ajustara a su imagen. Cuando Adán cayó, fue el Dios trino quien resolvió restaurar al hombre a la perfección en la que había sido creado. Este plan para restaurar la santidad en el mundo implicaría a las tres personas para elegirnos, redimirnos y llamarnos a sí mismo.
1
1En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
3Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. 5Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.
6Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. 7E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. 8Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.
9Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. 10Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. 11Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. 12Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. 13Y fue la tarde y la mañana el día tercero.
14Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, 15y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. 16E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. 17Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, 18y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. 19Y fue la tarde y la mañana el día cuarto. 20Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. 21Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. 22Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. 23Y fue la tarde y la mañana el día quinto.
24Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. 25E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.
26Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 27Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
29Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. 30Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. 31Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.
2
1Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. 2Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. 3Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.
Salmo 8
La Iglesia canta el Salmo 8 para celebrar la gloria de la creación de Dios y el lugar especial de Jesús en ella (1 Corintios 15:27, Hebreos 2:6-8). En el nombre del Dios verdadero -Padre, Hijo y Espíritu Santo- resuena en toda la tierra. Martín Lutero dijo: «El Salmo 8 es una profecía de Cristo, sus sufrimientos, su resurrección y su reinado sobre toda la creación. Su reino se establece por boca de los niños, es decir, sin espada ni armadura, sino sólo mediante la Palabra y la fe. El salmista canta con alegría que el Evangelio llega a todo el mundo, y el reino de Dios se extiende a través de la cruz».
Al músico principal; sobre Gitit. Salmo de David.
1 ¡Oh Jehová, Señor nuestro,
Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!
Has puesto tu gloria sobre los cielos;
2 De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza,
A causa de tus enemigos,
Para hacer callar al enemigo y al vengativo.
3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
4 Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?
5 Le has hecho poco menor que los ángeles,
Y lo coronaste de gloria y de honra.
6 Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos;
Todo lo pusiste debajo de sus pies:
7 Ovejas y bueyes, todo ello,
Y asimismo las bestias del campo,
8 Las aves de los cielos y los peces del mar;
Todo cuanto pasa por los senderos del mar.
9 ¡Oh Jehová, Señor nuestro,
Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!
Segunda Lectura: Evangelio de Mateo 28:16-20
En un monte de Galilea, los discípulos se encontraron con un hombre que había muerto, pero que había vuelto a vivir. Algunos de los discípulos de Jesús dudaron, pero los que creyeron en su palabra doblaron la rodilla y adoraron a este hombre como a Dios. Si lo que este hombre decía era verdad, entonces Dios había muerto por ellos, Dios había resucitado por ellos, y ahora Dios mismo los llamaba a un ministerio para todas las naciones. Dios se revela como trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
16Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 18Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Texto del Sermón: 2 Corintios 13:11-14
La gracia, el amor, la comunión (versículo 14). Esa es la historia de la Trinidad en la vida de los creyentes: la bondad inmerecida que se manifiesta en el amor de Dios, la vida de Cristo, el amor del Padre desde la eternidad, la comunión con Dios y entre nosotros que el Espíritu Santo trae como consecuencia. Confiamos en Dios Padre, que nos llena de esperanza. Confiamos en el Señor Jesucristo: Señor —el que nos compró; Jesús— el nombre que llevó aquí en la tierra cuando vino a salvarnos; Cristo-el oficio que desempeñó para nuestra salvación. Confiamos en el Espíritu Santo, que nos llamó por su poder y por ese mismo poder nos hace desbordar de amor por nuestros semejantes.
11Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros. 12Saludaos unos a otros con ósculo santo. 13Todos los santos os saludan. 14La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.
Dios, el Notario de la Verdad: La Palabra certificada en la Trinidad
Un notario es una persona que tiene la responsabilidad de dar legalidad a los diferentes trámites que necesitamos para mantener el orden en nuestras vidas. Con un sello y su firma certifica la validez de la venta de una casa, la compra de un carro, la herencia que se va a recibir y hasta el matrimonio recibe validez con su sello y su firma. Pero, como sabemos, también puede haber corrupción: el notario, por unos pocos pesos, puede actuar de manera contraria y desfavorecer a las personas.
Dios, en cambio, que no es corrupto porque es totalmente santo se ha encargado personalmente de ser el Notario, aquel que certifica la validez de su Palabra, de las Escrituras. La Biblia inicia con el libro de Génesis con su nombre, y los autores inspirados por Dios se encargaron de ser testigos de este sello y firma divina, como Pablo lo hace en esta porción de la Palabra que estamos meditando en este día.
Dios, como Notario de su Palabra, tiene dos características importantes. La primera es la validez de lo que dice. La segunda es que casi nunca vemos el rostro del notario que firma nuestros documentos para hacerlos legales, y esto es comparable con Dios, a quien no conocemos su rostro porque es Espíritu. Además, no podemos entender toda su magnitud, pues la Biblia no explica mucho acerca de cómo es su esencia como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nosotros somos como Moisés que sólo vio la espalda de Dios y escuchamos su voz desde la zarza ardiente de su Palabra.
Es por esto que existen sectas, porque sus fundadores creyeron entender al Dios Trino. Los Testigos de Jehová dicen que Jehová es el único Dios verdadero, que Jesucristo es el Hijo primogénito creado por el Padre y que el Espíritu Santo no es una persona, sino la fuerza activa de Dios. Los pentecostales unicitarios creen que el Dios Trino no son tres personas distintas, sino tres títulos o manifestaciones del mismo Dios. La teología mormona sostiene que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres entidades o seres distintos y separados que forman la Deidad.
Estas tres sectas predominan en nuestra región, pero también existen otras ideas para explicar la Trinidad, como el ejemplo del huevo (cáscara, yema y clara) o los tres estados del agua (sólido, líquido y gaseoso). Tal vez ustedes han escuchado otros ejemplos más, donde el hombre, con su razón, quiere mostrar que entiende a Dios porque dice tener dones extraordinarios en su congregación. Pero en realidad lo que sucede es que se pretende comprender la mente del Señor, dando interpretaciones que la Biblia no enseña respecto al Dios Trino.
Nosotros, en ocasiones, caemos en estas especulaciones, pecando contra la primera tabla de la Ley, mostrando con nuestro orgullo que queremos ser más que Dios y aparentar ante nuestros hermanos que tenemos un conocimiento único en la congregación. Pero, en realidad, lo que merecemos es la muerte eterna por ser orgullosos sabiondos queriendo pasar por la firma y sello Divino de Dios dado en su Palabra.
Ni siquiera Jesús, en su naturaleza humana, abusó de su naturaleza divina. En su estado de humillación enseñó a sus discípulos acerca del Dios Trino. El evangelio de Juan es un buen ejemplo de la enseñanza de Jesús. En su sermón de despedida dijo:
“Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Juan 17:1–3). Jesús, sin temor, relacionó el conocer al Dios verdadero, el Dios Trino, con la vida eterna. La única religión verdadera es aquella en la cual Dios salva. En otras religiones el hombre siempre batalla con sus obras para alcanzar la salvación. Pero en la religión verdadera se confiesa: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.” (2 Corintios 13:14).
Esta enseñanza de Jesús la dio como nuestro sustituto: cumplió perfectamente la primera tabla de la Ley y el Padre la atribuyó a nosotros. Somos perdonados por esta enseñanza de Jesús, pero también nuestro Señor llevó nuestro pecado de orgullosos sabiondos a la cruz del Calvario:
“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que, si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” (2 Corintios 5:14–15).
Ahora que estamos limpios de nuestro pecado de orgullo, dejemos que el Espíritu Santo nos guíe en la verdad del Dios Trino. Como luteranos confesionales, podemos usar el Credo Atanasiano, aunque sea largo y poco utilizado. Su inicio dice:
“Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe universal; y el que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre. Ahora bien, la fe universal es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias…”
De todo esto se resume que el Dios verdadero es un solo Dios en tres personas distintas. El mismo Notario, Dios, selló su propia Palabra. Lo vemos desde Génesis: “En el principio…”, donde el Padre crea, el Hijo es la Palabra (“Y dijo Dios”), y el Espíritu se movía sobre las aguas. Más adelante Moisés escribe: “Hagamos al hombre…”, mostrando la pluralidad de personas en la unidad divina.
Toda esta verdad solo por la fe podemos creerla. Pablo se despide de los Corintios en su segunda carta donde muestra su corazón de pastor hacia ellos diciendo:
“Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros… La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.” (2 Corintios 13:11–14).
Esto nos enseña dos cosas: el Dios Trino nos une en una sola fe y nos da paz por la gracia de Cristo en su vida perfecta, sufrimiento, muerte y resurrección. El amor del Padre se ve no solo en enviar a Jesús para salvarnos, sino también en proveernos cada día techo, comida y vestido. Además, Dios quiere que todos vengan al arrepentimiento, y para ello ha dejado a su Iglesia, a nosotros los creyentes, para predicar la Ley y el Evangelio. Por la obra del Espíritu Santo tenemos comunión en la misma fe como hijos de Dios con todos los que creemos en la Santísima Trinidad y la salvación solo por la Gracia.
Los credos y las confesiones luteranas no solo nos enseñan a explicar al Dios Trino, sino que también nos guían en el compañerismo, pues no podemos compartir la fe con quienes niegan al Dios Trino o interpretan la Escritura de manera personal.
El Notario, Dios, certifica esta verdad y la evidencia que nos da es su Palabra. Por eso necesitamos someternos a ella, anunciar a otros que el Dios Trino es nuestro Creador, Salvador y Santificador. Él se da a conocer por medio de su Palabra para enseñarnos el camino hacia la eternidad. Un día estaremos en el cielo adorando al Dios Trino y habitando con Él en cuerpo y alma por toda la eternidad.
Por eso, cuando hablemos del Dios verdadero, recordemos que lo confesamos sin comprender toda su esencia, pero con el conocimiento suficiente que nos ha dado la fe salvífica podemos llevar su nombre a otros, enseñándoles y bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y así todos tendremos el sello y certificado de parte del Dios Trino, que somos salvos por su gracia. Amén.
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