UNDÉCIMO DOMINGO DE PENTECOSTÉS

El cristiano responde a la duda con la fe

Tema del Día

Las lecturas de hoy presentan a creyentes que tenían fe en Dios y en su capacidad para salvarles, pero que dudaron cuando sus planes no coincidieron con los suyos. En cada caso, es la adversidad la que lucha contra la fe y permite que la duda asome su fea cabeza.

Oración

Dios todopoderoso y misericordioso, presérvanos de todo mal y peligro para que, dispuestos en cuerpo y alma, cumplamos con alegría lo que quieres que hagamos; por tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre.

Primer Lectura 1 Reyes 19:9-18

La gran victoria de la fe de Elías fue seguida de cerca por una gran adversidad. Desde las alturas del Monte Carmelo, Elías cayó en las profundidades de la frustración. Incluso después de un despliegue tan dramático de la gloria de Dios, la malvada reina emitió sus amenazas de muerte. Incluso después de una demostración tan poderosa del poder de Dios, no se produjo una renovación espiritual general. Elías tenía fe en el poder de Dios, pero dudaba cuando los planes de Dios no coincidían con los suyos. ¿No había roto el pueblo el pacto? ¿Por qué no vino Dios y arregló las cosas con terremotos, vientos y el fuego del juicio?

9Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? 10El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 11El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. 12Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. 13Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías? 14El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 15Y le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria. 16A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar. 17Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará. 18Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.

Salmo 73: 21-28

La Iglesia canta el Salmo 73 en los servicios que nos animan a perseverar en la fe a través de los desafíos de la vida. Es el primer salmo del Libro III del Salterio e inicia una serie de 11 salmos de Asaf. Martín Lutero dijo: «El Salmo 73 es un salmo de enseñanza contra la gran irritación que se produce cuando los ricos impíos y prósperos ridiculizan a los creyentes pobres y atribulados como si Dios no les prestara atención. Pero Dios dice: ‘¡Alto! Entra en el santuario y escucha lo que la Palabra de Dios dice sobre la situación. Esa gente malvada se vendrá abajo de repente, porque no hay fundamento debajo de ellos’».

Salmo de Asaf.

21Se llenó de amargura mi alma,

Y en mi corazón sentía punzadas.

22Tan torpe era yo, que no entendía;

Era como una bestia delante de ti.

23Con todo, yo siempre estuve contigo;

Me tomaste de la mano derecha.

24Me has guiado según tu consejo,

Y después me recibirás en gloria.

25¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?

Y fuera de ti nada deseo en la tierra.

26Mi carne y mi corazón desfallecen;

Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.

27Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán;

Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta.

28Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien;

He puesto en Jehová el Señor mi esperanza,

Para contar todas tus obras.

Segunda Lectura Mateo 14:22-33

Con Jesús nunca hay necesidad de dudar. ¡Qué triste es que nosotros lo hagamos tan a menudo! Más bien, centrémonos en el Salvador y veamos cómo crece nuestra fe como la de los discípulos cuando sus dudas desaparecieron y dieron la mayor prueba de fe: adoraron al hombre de Nazaret por lo que realmente era, el Hijo de Dios.

22En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. 23Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. 24Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. 25Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. 26Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. 27Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

28Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. 29Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. 30Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! 31Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? 32Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. 33Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

Texto del Sermón Romanos 8:28-39

Las palabras de Pablo en esta lectura nos recuerdan lo que Israel debería haber sabido, lo que los discípulos y Elías deberían haber sabido, y lo que nosotros deberíamos saber. Los problemas que parecen afligirles y afligirnos son, de hecho, parte del plan para la gloria de Dios y la salvación del hombre. Sólo después de que el mar partido encuentra su antiguo hogar reconocemos la gracia de la mano de Dios.

28Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. 29Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

31¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? 32El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? 33¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. 35¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36Como está escrito:

Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;

Somos contados como ovejas de matadero.

37Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

SOMOS COMO ORO AL SALIR DE LAS TRIBULACIONES

Creemos que, cuando compramos una cadena de oro, esta será muy fina por el material y por los quilates que posee. Pero, en realidad, lo que hace que una cadena sea fina y difícil de romper no es el oro en sí mismo, tampoco los quilates de este. Una cadena de oro es fuerte por su tejido; por esto, en la actualidad podemos entender que la cadena cubana, con sus eslabones entrelazados y planos, es de las más fuertes y difíciles de romper.

El tema central de nuestro sermón en este día está centrado en la cadena de oro de la salvación, la cual muestra la imposibilidad de romperse porque su tejido lo diseñó Dios para mantener un vínculo con nosotros, sus creyentes. Pero, a menudo, somos tan débiles, tan carnales y estamos tan llenos de las expectativas de este mundo que, cuando llegan la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro o la espada, lo primero que pensamos es que el amor de Dios ya no está en nosotros. Nos enojamos con Él y nos desanimamos en su camino, porque el viejo hombre nos convence de que nuestro Señor ya no quiere nada con nosotros.

Existe el pensamiento de que muchos creen que están bien con Dios porque materialmente les va muy bien en este mundo; otros piensan que no tienen problemas porque tienen un buen comportamiento; y otros dicen que tienen una buena relación con Dios por su obediencia a Él. Pero, en verdad, la Biblia habla de forma muy diferente en cuanto al pensamiento del hombre. Primero dice:

«Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado» (Romanos 3:20).

Las obras de la ley son las cosas que hacemos las personas para agradar a Dios o para ganar algo de parte suya; sin embargo, este mismo texto nos dice que esto no nos justifica ni nos perdona, sino que muestra nuestro verdadero problema: nuestra imperfección y la imposibilidad de hacer algo que le agrade a nuestro Dios para tener su Gracia. Por esto, aquellos que creen que son bendecidos por Dios o que tienen una buena relación con Él por su propio comportamiento, el premio que recibirán es la muerte eterna.

Espero que tengamos muy claro que no merecemos nada de parte de Dios. Cada vez que nos encontramos frente a la ley, esta nos acusa de no ser obedientes a nuestro Señor, y por ello merecemos la muerte eterna debido a nuestra falta de temor y confianza en Dios y en su Palabra.

El otro punto que necesitamos considerar son las tentaciones y las pruebas de fe. Sabemos que las tentaciones provienen del diablo, el cual alimenta nuestra carne para hacernos pecar. El Espíritu Santo hace que nos alejemos de estas tentaciones, cuidando nuestras almas; por esto oramos en el Padre Nuestro: «No nos dejes caer en tentación». En esta sexta petición suplicamos que Dios nos guarde y conserve a fin de que el diablo, el mundo y nuestra carne no nos engañen ni nos conduzcan a creencias falsas, a la desesperación o a otros graves y vergonzosos pecados; y que, aunque seamos tentados por ellos, podamos vencer y obtener la victoria. (Explicación del Catecismo menor de Martín Lutero)

Por otra parte, las pruebas son aquellas que nuestro Dios pone en nuestras vidas para que maduremos y crezcamos en la fe. Todos nosotros conocemos la prueba por la cual pasó Job, y esto dijo él:

«Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro» (Job 23:10).

Job, al igual que nosotros, sabía y confesaba que las pruebas de fe que llegan a nuestra vida —como el desempleo, la enfermedad, las persecuciones a causa de lo que creemos, los problemas en casa o en el trabajo, y muchos ejemplos más que podemos considerar como cruces en nuestras vidas— simplemente sirven para reforzar el tejido de nuestra relación con Dios, porque nos hacen salir como el oro que soporta toda clase de fuego. Esto pasó con Job y pasará con nosotros en medio de las pruebas que vivimos, porque Dios tejió nuestra salvación desde la eternidad, tal como lo afirma Pablo en el pasaje para hoy:

«28Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. 29Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó» (Romanos 8:28-30).

Amamos a Dios porque Él nos amó primero. Conoció nuestra incapacidad de tener una relación con Él y, por esto, desde la eternidad nos conoció, predestinó, llamó, justificó y glorificó. Todo esto sucedió por su Hijo Jesucristo, quien por amor a nosotros vino a este mundo para ser la imagen de Dios con su perfección, la cual nos cubre a cada uno de nosotros. Jesús soportó no solo pruebas de fe, sino también tentaciones, sin que ninguna de ellas lo llevara a pecar; es por esto por lo que tenemos verdadera paz con Dios.

La prueba máxima de Jesús como Hijo de Dios en la cruz —al sufrir todo el dolor que le ocasionaron los soldados romanos y la humillación de los líderes religiosos de Israel— la vivió porque nos tenía a cada uno de nosotros en su mente: nos rescató de las manos del enemigo y nos dio la vida eterna. Pablo escribió estas palabras en tiempo pasado para mostrar que Dios no cambiará nada de lo que ya hizo. Aunque nosotros aún no estamos en el cielo, ya poseemos esta promesa del evangelio de ser glorificados, porque las promesas de Dios siempre se cumplen a cabalidad.

Hoy tal vez tenemos una enfermedad, estamos desempleados, atravesamos muchos problemas económicos y deudas, no sabemos qué hacer con nuestras vidas en estos momentos, o estamos padeciendo situaciones difíciles como consecuencia de un terremoto, una inundación o un deslizamiento de tierra. Escuchemos lo que nos dice el Espíritu Santo hoy:

«31¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8:31).

Fuimos librados de la muerte eterna por la obra de Jesús. Por esto, Pablo realza que nadie nos puede acusar, nadie nos puede condenar, porque Cristo hizo todo por nosotros y está a la diestra de Dios Padre intercediendo por nosotros. La condenación de ir al infierno sí era un serio problema que, comparado con lo que vivimos hoy en día, hace que nuestra situación actual no sea nada grave, porque estamos firmemente en las manos de nuestro Dios. Por esto, Pablo termina este mensaje animándonos con estas promesas de Dios, que jamás serán incumplidas:

«35¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. 37Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8:35-39).

Nada de las cosas difíciles por las cuales estamos pasando afectará nuestra fe; por el contrario, la madurará. No dañará nuestra relación con el Padre en los cielos, porque sabemos que dicha relación depende enteramente de Él, y todo lo que dice y hace es verdad. También es necesario que pasemos por estas tribulaciones por dos motivos: el primero, porque la Escritura dice:

«Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios» (Hechos 14:22).

Y el segundo motivo es el propósito claro que tienen:

«Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza» (Romanos 5:3-4).

Por esto, mis hermanos, hoy somos más que vencedores. Este mundo y los problemas que nos trae, el maligno que quiere desgastar y acabar con nuestra fe, y nuestra carne pecaminosa que nos quiere apartar del amor de Dios no tienen poder sobre nosotros, porque Cristo —quien está sentado a la diestra de Dios Padre— ganó todo por nosotros con su vida perfecta, su muerte y su resurrección, haciéndonos más que vencedores. Amén.

Himnos Culto Cristiano

134 Adelante Peregrinos

232 Cariñoso Salvador

234 Cerca más Cerca Oh Dios de Ti

237 Divino Salvador

× ¿Cómo podemos ayudarte?