CUARTO DOMINGO DE PENTECOSTÉS
El santo ministerio está lleno de pecadores llamados por Dios.
Tema del Día
Moisés, Pablo y Mateo nunca olvidaron su pasado, pero Jesús sí lo hizo. Sirven como un maravilloso recordatorio de que el santo ministerio está lleno de personas a las que Dios llamó por su ilimitada misericordia. Nada más podría explicar las elecciones de ministros que Dios hizo. Él llama a hombres tan pecadores y débiles para ocupar este cargo. Sólo la misericordia puede explicar los hombres que eligió en las lecturas de este domingo.
Oración del Día
Dios Todopoderoso y Misericordioso, que enviaste a tu Hijo Jesucristo a buscar y salvar a los perdidos. Abre nuestros oídos y nuestros corazones para escuchar su llamada, y le sigamos por la fe, para que festejemos con él para siempre en su reino; por tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén
Primera Lectura: Éxodo 3:1-15
Vemos al Cristo pre encarnado llamando a Moisés al servicio por su misericordia. ¿Qué otra cosa podría explicar esta elección? Moisés ya había demostrado su fracaso a la hora de liberar al pueblo de Dios de la esclavitud. Era un asesino exiliado, que vivía en las tierras salvajes de Madián tras huir de la corte del faraón. No es de extrañar que Moisés preguntara: «¿Y quién soy yo para presentarme ante el faraón?». Toda persona llamada al servicio de Dios se hace esta pregunta una y otra vez. Surge de saber que sólo la misericordia puede explicar que Dios nos haya elegido para servirle.
1Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. 2Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. 3Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. 4Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. 5Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. 6Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.
7Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, 8y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. 9El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. 10Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. 11Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? 12Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.
13Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? 14Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. 15Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.
Salmo 119:65-72
La Iglesia canta el Salmo 119 en los servicios que nos animan a tomarnos en serio la Palabra de Dios. Basado en el alfabeto hebreo, es el salmo más largo y el capítulo más largo de la Biblia. Martín Lutero dijo: «El Salmo 119 es una meditación profunda sobre la Palabra de Dios. Es útil para la oración y para refutando las afirmaciones del diablo y de los falsos maestros. Contiene toda clase de oraciones, consuelo, instrucción y acción de gracias, agradando a Dios y contristando al diablo.»
Tet
65 Bien has hecho con tu siervo,
Oh Jehová, conforme a tu palabra.
66 Enséñame buen sentido y sabiduría,
Porque tus mandamientos he creído.
67 Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba;
Mas ahora guardo tu palabra.
68 Bueno eres tú, y bienhechor;
Enséñame tus estatutos.
69 Contra mí forjaron mentira los soberbios,
Mas yo guardaré de todo corazón tus mandamientos.
70 Se engrosó el corazón de ellos como sebo,
Mas yo en tu ley me he regocijado.
71 Bueno me es haber sido humillado,
Para que aprenda tus estatutos.
72 Mejor me es la ley de tu boca
Que millares de oro y plata.
Segunda lectura: 1 Timoteo 1:12-17
«Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor». La lectura comienza con Pablo usando un título que confiesa la verdad acerca de Jesús-una verdad que Pablo había negado personalmente y criticado públicamente hasta el día en que conoció a Jesús. Pablo cuenta el resultado final de una luz brillante en el camino de Damasco: Cristo había venido a llamar a Saulo al servicio de su misericordia.
12Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, 13habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. 14Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. 15Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. 16Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna. 17Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Texto del Sermón Evangelio: Mateo 9:9-13
La llamada de Mateo manifiesta la misericordia de Dios. Los fariseos conocían las Escrituras y seguían sus propias reglas fastidiosas. No dejaban sacrificio sin hacer. Su rectitud exterior y el lugar de respeto que ocupaban entre la gente eran el espejo opuesto del hombre sentado en la cabina del recaudador de impuestos. Despreciado como traidor y estafador, los únicos compañeros del publicano eran otros considerados pecadores públicos que vivían más allá de los límites de la ley judía. Sin embargo, la llamada de Cristo a la fe y al apostolado no se dirigió a estos fariseos aparentemente justos, sino al recaudador de impuestos. Tan poderosa fue la llamada que Mateo dejó su puesto y su antigua vida y le siguió.
9Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. 10Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? 12Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
Un Llamado a una Vida Nueva
Traicionero. Cobarde. Asesino. Hombre violento. Ladrón. Esta no es una lista de prisioneros. Es un resumen de los tres hombres que vimos recibir un llamado de Dios en las lecturas de hoy. Moisés mató a alguien y después huyo de su país. Pablo persiguió a los cristianos y los llevaban hasta la cárcel y la muerte. Y Mateo era publicano, un empleo bien conocido por su falta de honradez. ¿Que tenían en común los tres hombres? Su pecado horrible. ¿Que tenían en común? Eran recipientes e instrumentos de la gracia de Dios.
Enfocamos por un rato en Mateo. Era publicano, verdad, pero ¿mereció la ira que recibió de sus conciudadanos? En una palabra, sí. Por varias razones. Para ser publicano, uno tenía que trabajar con los Romanos, los opresores del pueblo judío. Uno tenía que elegir el poder y el dinero en vez de su herencia. Entonces, la gente consideraba a los publicanos traicioneros. Además, este puesto estaba lleno de fraude. Cada uno tuvo un cierto monto para dar al gobierno romano. Pero si pudiera recolectar más que eso, el resto sería suyo. Y los ciudadanos no tenían derechos de refutar el pago. Entonces los publicanos robaban de su propio pueblo en apoyo a los romanos. Pero había un precio social por hacer esto. No podían entrar en las sinagogas. Judíos que se creían buenos no se asociaban con ellos. Ganaron mucho dinero, pero perdieron amistades y apoyo social.
El día empezó normal para Mateo. Su posición en Cafarnaúm tuvo la ventaja de una ruta de comercio viniendo del oriente, con mercancías exóticas. Los comerciantes necesitaban pagar impuestos. Y también los ciudadanos normales de la ciudad. Pero cuando Mateo estuvo en su puesto ese día, llegó el rabí, Jesús de Nazaret. Y dijo algo inesperado. “Sígueme.” ¡Una invitación increíble, un escándalo de gracia! Aun no estaban los doce discípulos; Mateo era uno de los primeros. Y la historia en Lucas nos cuenta otro detallito: salió inmediatamente y dejó todas sus cosas. Renunció de su trabajo en ese momento y nunca volvió. Ha encontrado algo mejor que todos los impuestos en el reino.
Entonces Mateo empezó a celebrar su llamado nuevo. Tuvo un festín en su casa, con su maestro como huésped de honor. Es muy probable que Mateo había escuchado las enseñanzas de Jesús antes de su llamado, quizás aún ha conversado con él. Pero no esperaba una invitación. Sabía que no era digno. Entonces cuando la recibió, quiso celebrar con sus amigos. Y de eso viene el problema en nuestra lectura. ¿Qué tipo de amigos tiene un publicano? Como ya hemos dicho, normalmente no son personas educadas. Otros publicanos, y clases de personas que también son rechazadas por la sociedad. Un israelita bueno nunca entraría en esa casa, y ciertamente no tomaría y comería con ellos. Jesús estaba rompiendo todas las reglas de la sociedad cuando asistió este evento con los peores seres humanos que había en Israel.
Vinieron los ataques de los fariseos. “Este hombre come con pecadores!” Y con eso, la insinuación que Jesús hacía más que comer con los pecadores. Jesús enfrenta a los fariseos que no tenían el valor de preguntar a él mismo. “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.” El corazón compasivo de Jesús vio la necesidad de Mateo y sus amigos, mientras los corazones orgullosos de los fariseos vieron personas inferiores. Jesús tuvo el bálsamo que necesitaron, y entró en situaciones difíciles y contra las reglas de la sociedad para ayudar a los perdidos. Con la imagen de un doctor ayudando a los enfermos mostró la equivocación total de los fariseos. Un médico tiene la responsabilidad de ayudar a los enfermos; juran eso al entrar en la profesión. No pueden ignorar a alguien porque es inconveniente. Y por el otro lado, no pueden ayudar a los que piensan que son totalmente sanos, quizás los más sanos en el mundo.
“Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.” La palabra “justos” aquí está llena del sarcasmo. Como vemos en muchas historias de los evangelios, los fariseos creían que eran justos y rectos ante Dios por sus obras, tradiciones, y estilo de vida. El llamado al arrepentimiento no impacta a corazones engañados que confían en sus obras. No podían entender el gozo del pecador perdonado como Mateo. Mateo sabía que no merecía alojar a Jesús en su casa, y ciertamente no merecía ser un discípulo. Entonces hay una verdad en lo que dijeron los fariseos. Jesús realmente comía con los pecadores. Porque eso fue su misión. Rescatar, redimir, y restaurar. Y es muy importante notar que mientras socializaba con los pecadores, Jesucristo nunca, ni una vez, aprobó de su pecado. De hecho, cada instancia de conversión, que sea de Mateo, Zaqueo, o la mujer adúltera, viene con un cambio en comportamiento. El punto de esta historia ciertamente no es que podemos participar en las cosas pecaminosas del mundo porque Cristo ama a los pecadores. No cambiamos nuestra libertad del pecado por libertinaje de pecar. El poder de la Palabra que redime a los pecadores también dirige a ellos para evitar el pecado. Personas que pensaron que no tenían ninguna oportunidad estar con Dios pueden cambiar de actitud y acción al escuchar las promesas del Gran Médico Jesucristo.
Tristemente, hay los que piensan que no necesitan el médico. Los que están bien porque van a la iglesia casi cada domingo. Los que tienen una vida espiritual más saludable que la mayoría de sus vecinos. Los que normalmente dan una ofrenda. Los que son buenos ciudadanos. Los que ciertamente no son tan malos como esa gente. ¿Estoy hablando de los fariseos? No, estoy hablando de mí mismo. Y estoy hablando de ustedes. La verdad incómoda es que muchas veces nuestros pensamientos podrían ser de un cerebro farisaico. Que las comparaciones y auto justificación de nuestro viejo hombre se niegan a morir fácilmente. La hipocresía de los fariseos rápidamente puede convertirse en nuestra hipocresía. La instrucción de Jesús puede aplicar a nosotros también: “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio.”
Son palabras del profeta Oseas. El problema en los corazones de nosotros y de los fariseos ha sido en la humanidad desde la caída en pecado. Oseas vio que el pueblo de Israel cumplía las tradiciones religiosas, pero era una fe vacía. Los holocaustos que Dios mandó como manera de tener una relación con su pueblo se han convertido en la meta, no la manera. Solo una lista para cumplir sin pensar en Dios. Pero Él no quiere carne quemada. Quiere corazones atentos, espíritus llenos de alegría y una relación cerca con pecadores perdonados. Para ponerlo en nuestro contexto hoy, no solo quiere cuerpos presentes en las bancas. No quiere monedas dadas por obligación. Quiere que sus hijos acerquen con gozo, agradeciendo y alabando a él en sus palabras y acciones. Eso fue el propósito de la vida de Jesús. Cumplir la ley para que pudiéramos acercar a Dios sin miedo, con confianza total en el perdón de pecados y redención de la vida.
“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” Saulo de Tarso. Enemigo de la iglesia. Persecutor de los cristianos. Y también el misionero más famoso del mundo, el Apóstol Pablo. Los pecados de su pasado no le definieron. A nosotros tampoco. Tenemos memorias que nos avergüenzan. Las cosas que cada día deseamos que pudiéramos regresar y cambiar. Estoy aquí para decirles que Jesucristo vino a este mundo para salvar a los pecadores, incluso nosotros. Especialmente nosotros. Traicioneros. Cobardes. Asesinos. Hombres violentos. Ladrones. Ya no. Discípulos. Hijos redimidos, herederos del reino. Cuando el Espíritu Santo obró en tu corazón para llevarte al arrepentimiento, dejaste atrás quien eras para ser una creación nueva. ¿Que tenemos en común con Moisés, Pablo, y Mateo? Nuestro pecado horrible. ¿Que tenemos en común? Somos recipientes e instrumentos de la gracia de Dios.
¿Ahora qué hacemos? Huyamos de los pecados que nos han asaltado. Luchamos cada día contra apatía e hipocresía. Y cuando vengan las acusaciones del diablo, diciendo, “¡Recuerda! ¡Recuerda!” respondemos, “Ya no. He aprendido de la misericordia de Dios. Mi Dios me declara justificado.” Además, seguimos el ejemplo de Mateo. Cuando recibió este llamado tan precioso, invitó a todos sus amigos para conocer a su nuevo maestro. Un festín de candidatos muy improbables para ser discípulos. Precisamente los que más necesitaron ese evento. Hermanos, que no menospreciemos la Palabra por decidir antes quien es un buen candidato. Dejamos que esa Palabra poderosa trabaje. Dejamos que el mismo Espíritu Santo que obró en Moisés, Pablo, y Mateo obre en corazones inesperados.
Con Mateo, respondemos a la invitación de Jesús: Sígueme. Nos arrepentimos y recibimos la absolución de pecados. Compartimos este regalo tan precioso. Pero es demasiado fácil para nosotros pensar, “No soy Pablo. No soy Mateo. No tengo las habilidades ni el conocimiento.” Amigos, no queremos dar excusas como Moisés. El Soy quien hizo nuestras bocas es el mismo que da su poder a nosotros por su Palabra. Tenemos los medios de gracia para compartir con los demás. Tenemos una invitación a una vida nueva que damos a otras personas. Y damos gracias a Dios que nuestros pecados pasados no nos condenan, porque la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. Amén
Himnos
232 Cariñoso Salvador
244 Jesús te Necesito
126 Vengo a Ti Señor Amado
205 Venid, pecadores, que Dios por su amor
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