https://youtu.be/z_sH_rkZB3E (Video del Sermón)

El cristiano es plantado por la Palabra.

Tema del Día

Plantar semillas a mano parece mágico cuando funciona. En la palma de la mano, la semilla parece insignificante, seca, sin vida. La siembra en la tierra, esperando que crezca lo que parece muerto. Pero en el vientre de la tierra, lo natural comienza el proceso de la vida. En nuestra lectura del Evangelio, nos recuerda que no todas las semillas plantadas germinarán, crecerán y darán fruto. Muchos son los afanes y preocupaciones de esta vida que pueden abrasar o ahogar la fe de la semilla, y decidido está nuestro enemigo a arrebatar las semillas antes de que la fe pueda germinar. Sin embargo, el Señor de la Cosecha promete que la semilla que cae en buena tierra producirá una cosecha abundante.

Oración del Día

Señor bendito, ya que has hecho que todas las Sagradas Escrituras se escribieran para nuestra enseñanza, concédenos que las oigamos, leamos, marquemos, aprendamos y digiramos interiormente, para que podamos abrazar y conservar siempre la esperanza bienaventurada de la vida eterna; por tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén

Primera Lectura: Mateo 13:1-9,18-23

¡Qué descripción del ministerio de Jesús! ¡Qué descripción del nuestro! El sembrador esparce la semilla del Evangelio a todos sin importarle dónde caiga. Sin embargo, gran parte de su semilla no da fruto. Esta parábola nos advierte y nos consuela. Cristo nos advierte de que la semilla de la Palabra se enfrenta a una gran oposición por parte del pecado, Satanás y el mundo.

1Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. 2Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. 3Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. 4Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. 5Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; 6pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. 8Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. 9El que tiene oídos para oír, oiga.

18Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: 19Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. 20Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; 21pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. 22El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 23Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

Salmo 65

La Iglesia canta el Salmo 65 en los servicios que hacen hincapié en los frutos que se derivan de predicar y enseñar el Evangelio. Con los tres salmos siguientes, celebra las bendiciones físicas y espirituales, tanto locales como mundiales. Martín Lutero dijo: «El Salmo 65 es un salmo de acción de gracias. El salmista alaba a Dios por darnos su Palabra y su culto junto con la paz temporal. Trata el crecimiento y la difusión de la Iglesia a través de la predicación y los milagros de los apóstoles con la imagen de campos que producen una cosecha abundante.»

Al músico principal. Salmo. Cántico de David.

1Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios,

Y a ti se pagarán los votos.

2Tú oyes la oración;

A ti vendrá toda carne.

3Las iniquidades prevalecen contra mí;

Mas nuestras rebeliones tú las perdonarás.

4Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti,

Para que habite en tus atrios;

Seremos saciados del bien de tu casa,

De tu santo templo.

5Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia,

Oh Dios de nuestra salvación,

Esperanza de todos los términos de la tierra,

Y de los más remotos confines del mar.

6Tú, el que afirma los montes con su poder,

Ceñido de valentía;

7El que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas,

Y el alboroto de las naciones.

8Por tanto, los habitantes de los fines de la tierra temen de tus maravillas.

Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde.

9Visitas la tierra, y la riegas;

En gran manera la enriqueces;

Con el río de Dios, lleno de aguas,

Preparas el grano de ellos, cuando así la dispones.

10Haces que se empapen sus surcos,

Haces descender sus canales;

La ablandas con lluvias,

Bendices sus renuevos.

11Tú coronas el año con tus bienes,

Y tus nubes destilan grosura.

12Destilan sobre los pastizales del desierto,

Y los collados se ciñen de alegría.

13Se visten de manadas los llanos,

Y los valles se cubren de grano;

Dan voces de júbilo, y aun cantan.

Segunda lectura: Isaías 55:6-11

Aunque muchas semillas caen en tierra que no produce fruto, Isaías nos da la promesa de Dios de que su Palabra nunca volverá a él sin fruto . La Palabra es como la lluvia y la nieve enviadas desde Dios en el cielo que caen para traer bendición sobre la tierra y hacerla fructificar. Así como la precipitación hace que la tierra brote y florezca, así que la Palabra de Dios siempre hará su trabajo de plantar la fe en el corazón del hombre y hacerla fructificar.

6Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. 8Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. 10Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, 11así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Texto Sermón: 1 Corintios 3:5-11

El campo de Corinto estaba lleno de pájaros, piedras y espinos. Aunque Pablo razonaba y predicaba, una semilla tras otra caían en un terreno que no producía cosecha. Cuando la gente de la sinagoga se puso abusiva, Pablo sacudió sus ropas y les dijo que su sangre estaba en sus propias cabezas. Había venido a esparcir semillas del Evangelio que ellos rechazaban. Cuán frustrado debió sentirse al ver que la buena semilla era arrebatada, quemada o aplastada. Sin embargo, la Palabra de Dios cumpliría su buen propósito

5¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. 6Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. 7Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. 8Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. 9Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.

10Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 11Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

AMÉMOS LA PALABRA Y AMEMOS A LOS QUE PREDICAN FIELMENTE LA GRACIA

En el evangelio de Lucas, capítulo 2, se nos habla de un personaje bíblico que nos servirá para entender la enseñanza de este día:

«25Simeón era un hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 26Y le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. 27Y, movido por el Espíritu, vino al templo» (Lucas 2:25-27).

Aprendemos que la fe de este personaje estuvo cimentada en las promesas del Antiguo Testamento, las cuales hablaban del Mesías que habría de venir. Su fe no se cimentó en los líderes religiosos de esa época —como los fariseos, los escribas y los maestros de la ley—, porque sabía que estos se apoyaban en sus propias obras, en sus tradiciones y en el poder que ejercían sobre las personas de aquel tiempo.

Hoy en día, tristemente, el cristiano a menudo es cimentado solo por el hombre. El motivo por el cual existen tantas diferencias en la identidad espiritual es que el hombre, guiado por Satanás, se ha dado a la tarea de crear enseñanzas que no se sustentan en las Escrituras. Por esto, hoy muchos no creen en el Dios Trino; otros ven los sacramentos como meros símbolos; encontramos también a quienes no tienen la seguridad de ir al cielo; y otros ven a Jesús únicamente como un profeta o un maestro que dio ejemplo de vida, mas no como el Salvador. Así, podemos seguir enumerando una larga lista de enseñanzas que tienen su único fundamento en el hombre guiado por el enemigo.

El versículo 9 de nuestro pasaje para este día dice:

«9Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios» (1 Corintios 3:9).

Encontramos en este texto bíblico que los colaboradores son servidores de Dios; su trabajo es plantar y regar, tal como lo hicieron Pablo y Apolos en Corinto. El otro punto que cita este verso es que los creyentes pertenecen a Dios. A veces no entendemos esto, y es ahí cuando escuchamos expresiones como: «No me gusta este sembrador, pastor o misionero». Decimos esto porque somos muy emocionales: al ver a una persona, de inmediato tomamos una posición negativa frente a ella. Pocas veces nos tomamos el tiempo para conocer a quienes nos enseñan la Palabra de Dios, y así caemos en la manera sectaria de comportarse de los corintios, quienes estaban en contiendas, celos y disensiones porque a unos les gustaba Pablo y a otros les gustaba Apolos.

Esta actitud sectaria que optamos por asumir no solo es un pecado contra el octavo mandamiento, sino también contra el tercer mandamiento, debido a que no escuchamos la Palabra de Dios, lo cual tiene su origen en la falta de confianza en nuestro Dios. La muerte eterna sería la paga justa para cada uno de nosotros por dividir y dañar la iglesia del Señor.

Jesús escogió a doce hombres llenos de pecados, frustraciones y defectos. Los entrenó durante tres años y luego los comisionó a llevar el evangelio a todas las naciones, tal como leemos en Mateo 28:19-20:

«19Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén».

Jesús plantó y regó la semilla de la Palabra de Dios perfectamente; lo hizo por amor perfecto, sometiéndose al Padre en los cielos y dándonos así el perdón de nuestros pecados. Con la misma perfección comisionó a sus apóstoles para que llevaran la Palabra utilizando los medios de gracia: el Evangelio en la Palabra y el Bautismo. Asimismo, la Santa Cena tiene el propósito de cuidar nuestra fe. El Evangelio y el Bautismo crean la fe, y la Santa Cena la conserva. El sacramento del altar, cada vez que lo recibimos, nos recuerda cómo Jesús recibió el castigo eterno estando en la cruz, sufriendo el dolor de la muerte y siendo abandonado por Dios, para que con su sangre nos limpiara de todo pecado. Esto es lo que los apóstoles enseñaron con el sello de Jesús, y esto es lo que nosotros necesitamos enseñar y hacer también, para que se cumpla la promesa de Jesús de estar con nosotros, su iglesia, hasta el fin del mundo.

Hermanos, solo por Jesús tenemos una relación verdadera con nuestro Dios, y solo por Jesús estaremos en el cielo adorándoles por siempre.

Pero mientras vamos al cielo, no debemos ser como los corintios, quienes convirtieron su lugar de adoración en un escenario de contiendas, celos y disensiones. El Espíritu Santo hace que seamos como Simeón: amamos ir a nuestro templo, amamos ir a nuestro grupo sembrador, amamos estar aquí en este momento porque es nuestro encuentro con nuestro Señor Jesús. No estamos mirando quién predica la Palabra, porque son:

«…servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor» (1 Corintios 3:5).

El Señor los usa para que tengamos crecimiento, puesto que algunos servidores se enfocan en plantar y otros en regar. Por lo tanto, nosotros debemos orar dando gracias a Dios por darnos misioneros, maestros y pastores fieles a su Palabra. El lugar que necesitamos amar y frecuentar siempre es nuestro sitio de adoración, porque allí el Espíritu Santo nos alimenta con los medios de gracia y nos junta con otros hermanos con los cuales no solo compartimos el perdón por la gracia, sino también la promesa de estar juntos en el cielo.

Tener esta actitud cristiana nos lleva a cuidarnos de que nadie:

«…ponga otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo» (1 Corintios 3:11).

Este es otro de los propósitos de congregarnos con frecuencia: el que siembra y el que riega tienen responsabilidades diferentes, pero a la vez trabajan en lo mismo; están para anunciar un mensaje que nos mantiene a los pies de Jesús, el único camino para ir al cielo. Necesitamos ser fieles al escuchar la Palabra, pero también necesitamos ser fieles en ejercer nuestro sacerdocio real, porque Dios nos usa a cada uno de nosotros para llevar esta semilla de la Palabra a otros. La iglesia se extiende a través del trabajo de cada creyente que le habla a su cónyuge, a sus hijos, a su familia, a sus compañeros de trabajo y a todo aquel que Dios pone en nuestro camino para predicar la Ley y el Evangelio.

Amemos y cuidemos la Palabra de Dios, oremos por todos los que dedican su vida a compartir el mensaje de salvación y participemos en las clases que preparan con amor, para que Dios nos siga bendiciendo con su presencia en nuestras vidas hasta que Él nos llame a su lado para siempre. Amén.

× ¿Cómo podemos ayudarte?