El cristiano confía en que Dios proveerá.

Tema del Día

Los momentos más difíciles para confiar en Dios son los momentos en los que más necesitamos confiar en Él. Es fácil confiar en Dios cuando tu trabajo es estupendo; tu salud está bien; tus relaciones son sólidas. Es fácil confiar en Dios cuando el sol brilla en tu vida. Pero ¿qué ocurre cuando tu vida se ve ensombrecida de repente por días oscuros?

Oración del Día

Dios todopoderoso y eterno, tú estás siempre más dispuesto a escuchar que nosotros a orar y a dar más de lo que deseamos o merecemos. Derrama sobre nosotros la abundancia de tu misericordia, perdonándonos aquellas cosas que nuestra conciencia teme, y concediéndonos aquellos bienes que no somos dignos de pedir sino por los méritos y la mediación de tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre.

Primera Lectura 1 Reyes 17:1-6

Elías aparece en el texto bíblico sin preámbulos ni introducción, diciendo la verdad al poder. Se enfrentó a un rey que el mundo consideraba grande, pero que Dios consideraba despreciable. Se enfrentó a una familia real que instituyó el culto a Baal a escala nacional, nombrando profetas para Baal, pero matando a los profetas del Señor. Tan fuerte era la marea de corrupción que parecía que el culto al Señor podría ser aniquilado en Israel. Decir la verdad a esta versión del poder significaba arriesgarlo todo.

1Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra. 2Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: 3Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. 4Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. 5Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán. 6Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo. 7Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.

Salmo 136

La Iglesia canta el Salmo 136 en los servicios en los que vemos a Dios alimentar a los hambrientos. Parece diseñado para el canto antifonal. Martín Lutero dijo: «El Salmo 136 es un salmo de acción de gracias por un Dios clemente y misericordioso, y por sus maravillosas obras, especialmente por su verdadera salvación. El salmo demuestra a los líderes de alabanza cómo cantar y predicar. Está casi abrumado por la repetición en cada verso -Cristo está escondido en la frase- al igual que nosotros estamos casi abrumados por el amor, la misericordia y la gracia».

1Alabad a Jehová, porque él es bueno,

Porque para siempre es su misericordia.

2Alabad al Dios de los dioses,

Porque para siempre es su misericordia.

3Alabad al Señor de los señores,

Porque para siempre es su misericordia.

4Al único que hace grandes maravillas,

Porque para siempre es su misericordia.

5Al que hizo los cielos con entendimiento,

Porque para siempre es su misericordia.

6Al que extendió la tierra sobre las aguas,

Porque para siempre es su misericordia.

7Al que hizo las grandes lumbreras,

Porque para siempre es su misericordia.

8El sol para que señorease en el día,

Porque para siempre es su misericordia.

9La luna y las estrellas para que señoreasen en la noche,

Porque para siempre es su misericordia.

10Al que hirió a Egipto en sus primogénitos,

Porque para siempre es su misericordia.

11Al que sacó a Israel de en medio de ellos,

Porque para siempre es su misericordia.

12Con mano fuerte, y brazo extendido,

Porque para siempre es su misericordia.

13Al que dividió el Mar Rojo en partes,

Porque para siempre es su misericordia;

14E hizo pasar a Israel por en medio de él,

Porque para siempre es su misericordia;

15Y arrojó a Faraón y a su ejército en el Mar Rojo,

Porque para siempre es su misericordia.

16Al que pastoreó a su pueblo por el desierto,

Porque para siempre es su misericordia.

17Al que hirió a grandes reyes,

Porque para siempre es su misericordia;

18Y mató a reyes poderosos,

Porque para siempre es su misericordia;

19A Sehón rey amorreo,

Porque para siempre es su misericordia;

20Y a Og rey de Basán,

Porque para siempre es su misericordia;

21Y dio la tierra de ellos en heredad,

Porque para siempre es su misericordia;

22En heredad a Israel su siervo,

Porque para siempre es su misericordia.

23El es el que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros,

Porque para siempre es su misericordia;

24Y nos rescató de nuestros enemigos,

Porque para siempre es su misericordia.

25El que da alimento a todo ser viviente,

Porque para siempre es su misericordia.

26Alabad al Dios de los cielos,

Porque para siempre es su misericordia.

Segunda Lectura Mateo 14:13-21

Aunque entristecido por la muerte de Juan el Bautista y buscando la soledad, Jesús tuvo compasión de las multitudes que le seguían y curó a sus enfermos. Luego se ocupó de la formación de sus discípulos. «Denles ustedes mismos de comer», les dijo (Marcos 6:37). Los discípulos, sin embargo, veían todos los problemas y ninguna de las posibilidades.

13Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades. 14Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. 15Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. 16Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer. 17Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. 18El les dijo: Traédmelos acá. 19Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. 20Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. 21Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Texto del Sermón Efesios 1:3-10

Esta lectura nos da razones para confiar en que Dios nos proveerá, incluso cuando nos enfrentemos a días oscuros. Ninguna oscuridad, tragedia o conflicto puede cambiar lo que Dios ha hecho de nosotros. Fuimos elegidos por Dios desde antes de la fundación del mundo para ser sus hijos santos. Fuimos predestinados, sin mérito propio, para ser adoptados en la familia de Dios y recibir los derechos de herencia de hijos junto con nuestro hermano, Jesús. Nuestro rescate ha sido pagado, nuestra libertad comprada, nuestro perdón asegurado por la gracia generosa.

3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, 8que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

LA BENDICIÓN DE LA ELECCIÓN

Tres años. Eso fue el tiempo que Pablo pasó en la ciudad de Éfeso con los destinarios de esta carta. No nos parece a nosotros un tiempo muy largo, pero fue el lugar donde Pablo se quedó más que todos otros durante su ministerio. Cuando pensamos en la obra misionera de San Pablo, pensamos en sus viajes, visitando brevemente con varias iglesias y después enviando cartas a ellas. Pero tuvo la oportunidad vivir en Éfeso por unos años, enseñando y siendo mentor a los lideres de la iglesia allá. Pero tuvo que salir para Roma y su juicio. Hechos 20 contiene la historia de su despedida lagrimosa a la iglesia allá. Y Pablo les dejó con esta advertencia: “yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.”  

Y unos años después, Pablo escribió esta carta para animar a la iglesia allá. Esta sección del capítulo uno es lo que llamamos una doxología. Esa palabra viene de dos palabras griegos que significan palabras de gloria. Una doxología no es exactamente un himno, no es exactamente un poema, pero es una composición que da gloria a Dios. Y aquí en la carta a los efesios Pablo da la gloria a Dios por su obra salvadora para con su iglesia. Empieza su carta dando gracias al Dios Trino por su obra de salvación, cumplida por la obediencia del Hijo y el sello del Espíritu Santo. El propósito de esta carta de Pablo es para recordar a los efesios, y a nosotros también, la grandeza de la iglesia y de su Dios.  Estas enseñanzas bonitas son las que el mundo ataca muy fuertemente, entonces siempre es importante para los cristianos recordarlas.  

Una enseñanza así es la predestinación, un aspecto importante en la doxología. Dice Pablo que Dios “nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo.” Existen unos entendimientos malos sobre eso que debemos discutir, pero para empezar necesitamos tener muy claro el objetivo de Pablo: no es para asustarnos, no es para hacernos dudar de la salvación. Es el opuesto. Estas cosas pasan en su sección de palabras de gloria para Dios, una doxología, y su propósito es consuelo, ánimo, y esperanza. Dios nos escogió. Dios nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos. ¡Que bendición!  

Ahora, hay unas falsas enseñanzas que debemos evitar. Las iglesias calvinistas dicen que Dios predestinó a algunos para el cielo, y es verdad, pero entonces también predestinó a otros para el infierno. Esta idea tiene sentido según la razón humana. Pero hay un problema. La Biblia, ni una vez, dice que Dios predestinó a los seres humanos para el infierno. Cada que se menciona esta doctrina es para los creyentes en un contexto de bendición. Solamente mira a las palabras que Pablo usa para describir la situación. “Bendición, santos, sin mancha, puro afecto, sobreabundar, beneplácito.” La elección siempre se habla como una cosa de la gracia de Dios. Nunca tenemos un ejemplo donde la Biblia dice que hay unos predestinados para el infierno. Esa conclusión viene de aplicar nuestra razón humana a las cosas de Dios. Dios nos dice que nos ha elegido. Y decimos, “¡Amen, gracias a Dios que es así!” Encontramos gozo en nuestra elección, y no menospreciamos la gracia de Dios por aplicar nuestra razón humana a su plan de salvación.  

Otra manera de menospreciar la gracia de Dios es la enseñanza que Dios nos predestinó porque vio nuestra fe en el futuro. Si, es un poco difícil de entender, pero las iglesias que practican “decisiones para creer en Cristo” hablan así sobre la elección. Dicen que Dios nos eligió por nuestra gran fe. Pero quizás pueden ver el problema con eso: da el crédito de salvación a nosotros mismos en vez de Jehová. Aunque encontramos mucho consuelo en la doctrina de elección, no debemos jactarnos cuando la escuchamos. Dios nos salvó a pesar de quienes éramos, no porque vio quienes íbamos a ser.  

Porque éramos por naturaleza enemigos de Dios. Éramos esclavos del pecado e incapaces de servir a Dios. No lográbamos la ley de Dios, y quizás ni la conocimos. Dice el salmo 51, “He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.” Desde el principio hemos sido indignos de ser parte de la familia de Dios. Y hay un precio por eso, un precio miedoso y horrible. El pecado causa separación. Separación de familias y amigos. Separación de alma y cuerpo en la muerte, y la separación eterna de Dios y todas sus bendiciones en el infierno. La ley exige el castigo. En nuestra lectura del sermón viene de solo tres palabras: por su sangre. La sangre de un hombre inocente era el precio de nuestro pecado.  

Pero el evangelio también viene de esas mismas palabras: por su sangre. Porque no es nosotros que tenemos que pagar la deuda del pecado. Jesucristo la pagó por nosotros. Jesucristo nos redimió y nos reunió con Dios en una relación perfecta. Y lo hizo por su sangre inocente derramada en la cruz, la sangre de un nuevo pacto de gracia. Esa sangre de Jesucristo nos fortalece y guarde cuando la tomamos en la Santa Cena. Por su sangre, tenemos las bendiciones numeradas por Pablo en su doxología: somos aceptados en el Amado, tenemos redención, tenemos el perdón de los pecados, y además tenemos sabiduría e inteligencia. Tal vez no en el sentido que busca el mundo, pero sobre una cuestión de suma importancia: el misterio de la voluntad de Dios, que nos escogió para redención y que envió a Hijo amado para crear y salvar a la iglesia. El misterio de su plan de salvación para su iglesia.  

Y una parte de este misterio es la doctrina de elección. Todavía es misterioso para nosotros porque no tenemos entender la omnisciencia y gracia profunda de nuestro Dios. Pero porque tenemos la sabiduría que él nos ha dado, su propósito no es un misterio. Comparte este aspecto de sus planes increíbles para darnos consuelo, paz, y esperanza. Para tener algo a que podemos mirar cuando no nos sentimos como cristianos buenos y cuando las dudas de los enemigos entran en la mente. Para proveernos una mirada al futuro bendecido que es nuestro por su gracia. Cuando uno está mirando a una película de horror, la ansiedad y el miedo vienen de las cosas desconocidas. ¿Qué va a pasar? ¿Dónde está el hombre malo en este momento? ¿Cuándo va a cambiar este escenario bonito en algo terrible? Pero si ya sabemos cómo va la conclusión de la película, no nos asustamos tanto. La elección es como Dios dándonos una vista detrás de la cortina en la historia de nuestra vida. Recordándonos que sus planes extienden aun fuera del tiempo y son para nuestro bien. Es algo de gracia y para su gloria, no de amenaza y para nuestra ansiedad. Es una realidad firme en que podemos descansar durante una vida de tormentas.  

Entonces, para resumir la doxología de Pablo al principio de su carta a los efesios, decimos: En Cristo, tenemos; no tenemos que. Es una tentación muy fuerte para nosotros poner la frase “tenemos que” cuando hablamos de la religión. Tenemos que ser buenas personas. Tenemos que dar ofrendas, tenemos que hacer obras. Pero el enfoque de Pablo aquí es lo que tenemos: una elección eterna de Dios que es tan increíble para la mente humana, redención por la sangre de Cristo, perdón de pecados, y sabiduría sobre el plan de salvación de Dios. Tenemos todas estas cosas. Y no tuvimos que ganarlas, porque vienen del beneplácito de nuestro Señor.   

En Cristo, no tenemos que añadir a lo que hizo, no tenemos que cumplir la obra. Ya tenemos la redención por su sangre, ya tenemos una relación arreglada con Dios. Pero, aunque en Cristo no tenemos que, todavía podemos. Podemos estudiar la palabra y crecer en esa sabiduría y conocimiento del plan de salvación de Dios. Podemos buscar maneras de bendecir a nuestros vecinos y familia en la fe con obras de servicio. Y podemos compartir lo que tenemos porque es el deseo de nuestro Señor que todos se arrepientan y vengan a un conocimiento de la verdad. La verdad que tenemos bendiciones inmensurables que vienen de las promesas antes de la fundación del mundo. Y ha sido una bendición compartirlas de la Palabra con ustedes por el año pasado. Aunque es mi último sermón, tenemos esa conexión en la familia en la fe. Ustedes estarán en mis oraciones, y les pido que nosotros estemos en las suyas. Si Dios quiere, me gustaría volver a verlos de nuevo aquí, pero si no es la voluntad de Dios tenemos una reunión bendecida esperándonos en el cielo. Por lo tanto, hermanos, cuando vengan los ataques del enemigo que dicen no eres digno de Dios, recuerda tu elección. Cuando hayas pecado de nuevo y la vergüenza crece dentro de ti, recuerda tu elección. El Señor te conoció antes de que el tiempo existiera. Y el Señor te amó y escogió desde la eternidad. ¿Quién puede entenderlo? Nadie. ¿Pero quién puede apreciarlo y gozar en eso? Todos nosotros. Amén

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