Viernes Santo
El viernes de Dios.
Tema del Día
Las tinieblas descendieron sobre el mundo aquel día en que Dios envolvió a la creación en la oscuridad del luto. Porque la Luz del mundo se apagaba; el gran Príncipe del reino celestial moría. Aunque inocente, murió entre criminales. ¿Quién podría llamar a este día «de Dios» o incluso «bueno»? Sólo los que conocen la verdad de la cruz.
Canta, lengua mía, la gloriosa batalla,
librada con sangre en el Calvario;
sobre la cruz, trofeo triunfante,
di quién luchó valientemente;
cuentan cómo el Redentor de la tierra venció…
víctima que obtiene la victoria.
Oración del día
Dios santísimo, mira con misericordia a ésta, tu familia, por la que nuestro Señor Jesucristo estuvo dispuesto a ser traicionado, a ser entregado en manos de los malvados y a sufrir la muerte en la cruz. Consérvanos siempre fieles a él, nuestro único Salvador, que ahora vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén
Primera lectura: Isaías 52:13—53:12
El Mesías vendría como un hombre corriente, pero sufriría un castigo extraordinario. Este Varón de Dolores no había hecho nada malo. Sin embargo, cuando vemos lo que sucedió el Viernes Santo, lo consideramos golpeado por Dios y afligido. Esto ofende nuestro sentido de la justicia. No tiene sentido que el inocente sufra así. No tiene sentido que el Hijo de Dios llore porque su Padre le ha abandonado. ¿Qué castigo puede traer la paz? ¿Qué heridas traen curación? Sin embargo, fue la voluntad de Dios aplastarlo, porque Dios lo hizo ofrenda por la culpa —la ofrenda que Dios prescribió cuando el pecado necesitaba ser expiado y la restitución era posible.
52
13He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto. 14Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, 15así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.
53
1¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? 2Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. 3Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
4Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
7Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. 8Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. 9Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.
10Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 11Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. 12Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.
Salmo 22
La Iglesia canta el Salmo 22 en los servicios que conmemoran el sufrimiento y la muerte de Jesús. Se cita con frecuencia en el Nuevo Testamento, incluso de labios del Salvador cuando sufrió por nosotros en la cruz. Martín Lutero dijo: «El Salmo 22 es una profecía del sufrimiento y la resurrección de Cristo. Por encima de todas las demás Escrituras, señala claramente el tormento de Cristo en la cruz (tanto interno como externo). En ninguna otra parte de los profetas se encuentran cosas semejantes con tanta claridad, y de hecho es uno de los salmos principales, ya que presenta el mensaje del Evangelio para que todo el mundo lo oiga y crea».
Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David.
1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?
2 Dios mío, clamo de día, y no respondes;
Y de noche, y no hay para mí reposo.
3 Pero tú eres santo,
Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.
4 En ti esperaron nuestros padres;
Esperaron, y tú los libraste.
5 Clamaron a ti, y fueron librados;
Confiaron en ti, y no fueron avergonzados.
6 Mas yo soy gusano, y no hombre;
Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.
7 Todos los que me ven me escarnecen;
Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo:
8 Se encomendó a Jehová; líbrele él;
Sálvele, puesto que en él se complacía.
9 Pero tú eres el que me sacó del vientre;
El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre.
10 Sobre ti fui echado desde antes de nacer;
Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.
11 No te alejes de mí, porque la angustia está cerca;
Porque no hay quien ayude.
12 Me han rodeado muchos toros;
Fuertes toros de Basán me han cercado.
13 Abrieron sobre mí su boca
Como león rapaz y rugiente.
14 He sido derramado como aguas,
Y todos mis huesos se descoyuntaron;
Mi corazón fue como cera,
Derritiéndose en medio de mis entrañas.
15 Como un tiesto se secó mi vigor,
Y mi lengua se pegó a mi paladar,
Y me has puesto en el polvo de la muerte.
16 Porque perros me han rodeado;
Me ha cercado cuadrilla de malignos;
Horadaron mis manos y mis pies.
17 Contar puedo todos mis huesos;
Entre tanto, ellos me miran y me observan.
18 Repartieron entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echaron suertes.
19 Mas tú, Jehová, no te alejes;
Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme.
20 Libra de la espada mi alma,
Del poder del perro mi vida.
21 Sálvame de la boca del león,
Y líbrame de los cuernos de los búfalos.
22 Anunciaré tu nombre a mis hermanos;
En medio de la congregación te alabaré.
23 Los que teméis a Jehová, alabadle;
Glorificadle, descendencia toda de Jacob,
Y temedle vosotros, descendencia toda de Israel.
24 Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido,
Ni de él escondió su rostro;
Sino que cuando clamó a él, le oyó.
25 De ti será mi alabanza en la gran congregación;
Mis votos pagaré delante de los que le temen.
26 Comerán los humildes, y serán saciados;
Alabarán a Jehová los que le buscan;
Vivirá vuestro corazón para siempre.
27 Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra,
Y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti.
28 Porque de Jehová es el reino,
Y él regirá las naciones.
29 Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra;
Se postrarán delante de él todos los que descienden al polvo,
Aun el que no puede conservar la vida a su propia alma.
30 La posteridad le servirá;
Esto será contado de Jehová hasta la postrera generación.
31 Vendrán, y anunciarán su justicia;
A pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto.
Segunda lectura: Hebreos 4:14-16; 5:7-9
He aquí el sumo sacerdote que necesitamos: aunque fue tentado, no cometió pecado; aunque no tuvo culpa, murió como ofrenda por la culpa. Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, se ofreció a sí mismo como víctima sacrificial para obtener nuestro perdón. Ahora nos acercamos a un trono de gracia, no de juicio. Cristo fundó un reino definido por la gracia, donde incluso los pecadores como nosotros pueden acercarse a Dios confiando en su misericordia. Nuestro Salvador, llevado a su meta, se convirtió en fuente de salvación para nosotros. Este viernes es ciertamente de Dios, y es ciertamente bueno.
4
14Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
5
7Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. 8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.
Evangelio: Juan 19:17-30
Las Escrituras registran el mayor acontecimiento de la historia con una escasez de palabras estremecedora: «Allí lo crucificaron». Aquí culminó el plan de Dios: el inocente por el culpable, el sin pecado por el pecador. Los participantes en este acto divino son arrastrados cumpliendo profecía tras profecía, Pilato con su señal, los soldados con sus suertes, hisopo y vinagre. Todos ellos no son más que un tamborileo tras otro, sonando la cadencia del avance de Cristo en la batalla por la humanidad.
17Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; 18y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. 19Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. 20Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. 21Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos. 22Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.
23Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. 24Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:
Repartieron entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echaron suertes.
Y así lo hicieron los soldados. 25Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
28Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. 29Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. 30Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
LA INTERSECCIÓN CLAVE
Hay un dicho común que dice, “Todos los caminos llevan a Roma.” En el pasado, Roma era la capital del imperio, y los romanos construyeron muchos caminos para conectarla al resto de su territorio. Si uno estaba en una calle del imperio de Roma, podría seguirla hasta el punto más importante, que sea el viaje un kilómetro o cientos de kilómetros. Había muchas conexiones en el imperio conectando todo al área principal. El Calvario es como la Roma de la Biblia. No importa si caminamos por el antiguo testamento mirando adelante al Mesías prometido, o si miramos atrás en la época del nuevo testamento, por toda la Biblia tenemos caminos llevándonos hasta el Calvario. Es el destino y el enfoque. Desde Génesis hasta Apocalipsis las historias, profecías, salmos, y canciones dirigen nuestros pies hasta el sitio de la muerte de Jesucristo.
Sería imposible para nosotros seguir todos estos caminos durante solo un sermón, entonces vamos a usar las otras lecturas de hoy para guiarnos. Empezamos con la razón, la causa de este viaje triste y doloroso hasta el Gólgota. ¿Porque era necesario para el Hijo perfecto de Dios experimentar esta humillación, este sufrimiento, esta muerte? Por el pecado. Por la corrupción que entro en el mundo cuando Adán y Eva negaron los mandatos de Dios. Por la separación que existía entre un Dios santo y su creación pecaminoso. El pecado había transformado el mundo perfecto en un mundo de sufrimiento. Como dice el himno, “Afligido y Castigado,” “Si te burlas del pecado, no sabiendo su poder, Dios aquí te lo ha quitado, con la culpa infame cruel.” El pecado es feo, y causa cosas feas. Lo más fea que todo, causa la muerte. Por consecuencia del pecado, todos mueren. Y el efecto más horrible: por naturaleza, somos separados de Dios y merecemos la muerte eterna, el castigo del infierno. Requiere un pago para exponer la culpa, para redimirnos de esta muerte. Y con esa realidad llegamos a nuestro primero camino al Calvario, Isaías 53:4-5.
“4Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”
¿Porque fue el Hijo de Dios herido, molido y abatido? Por nuestras rebeliones. Por nuestros pecados. El pecado del mundo, incluso de nosotros, pavimentó el camino de Jesucristo hasta ese monte.
Y por su amor para con nosotros, no se desvió del camino. Dice Isaías 53:7, “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” Vemos en el tribunal que Jesús no argumentaba con sus acusadores. Porque para Jesús, estos eventos no venían por casualidad. Venían según las profecías y promesas del Padre. Los discípulos se sorprendían sobre los eventos durante la Semana Santa. Pero si hubieran escuchado a su Buen Maestro un poco mejor, no habrían estado sorprendidos. Jesús dijo claramente que iba a sufrir y morir, y más que eso, les mostro que el Antiguo Testamento dijo eso también. Por ejemplo, nuestro salmo del día contiene profecías sobre la crucifixión de Jesucristo. San Juan nos muestra eso claramente con su cita para describir la situación de la ropa de Jesús.
23Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. 24Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes.
“La Escritura” de que habla es el Salmo 22. Pero esos versículos no son los únicos que predican la muerte del Hijo de Dios. El salmo empieza con las palabras, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” ¿Suena familiar? Ese es un dicho de Jesús en la cruz que tenemos escrito en el evangelio de Mateo. Entonces Juan no está inventando cosas por hacer la conexión entre la crucifixión y este salmo. Está siguiendo su maestro. Aun los enemigos de Jesús cumplían las profecías. “Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía.” De nuevo, palabras del Salmo 22 que se escucharon en el Calvario, esta vez de los líderes de los judíos. La ironía trágica es que cuando David escribió el salmo hace mil años, hablaba sobre enemigos que no creían en Dios. En la crucifixión eran los que supuestamente eran líderes espirituales diciendo estas cosas.
Bueno, ya hemos visto dos caminos hasta el Calvario, entonces debemos mirar a nuestra lectura de hebreos. Esta vez, la lectura no mira adelante a lo que iba a hacer el Mesías, mira detrás para ver lo que ya había hecho. “15Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” El autor de la carta a los Hebreos comparte un dato clave sobre el camino de Jesús hasta el Calvario: fue tentado, pero nunca pecó. ¿Porque eso es importante? Porque los sacrificios a un Dios perfecto tienen que ser perfectos también. Empezando en la primera Pascua en Egipto, el cordero del sacrificio, de que la sangre iba a cubrir los dinteles de las casas, tenía que ser sin mancha ni imperfección. En la misma manera, el Cordero de Dios necesitó ser perfecto, y realmente fue.
¿Pero que es el punto de todo eso? ¿Porque este evento en el monte del Calvario es tan importante que vale la pena tener tantos caminos en la Biblia llevándonos allá? Encontramos la respuesta en las últimas palabras de Jesús en la cruz. 30Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.” Consumado es. Ese dicho no solo hablaba sobre la vida de Jesús. Hablaba sobre la lucha contra el pecado y la condenación hasta la muerte. El poder del pecado y de la muerte han sido vencidos. Ya no hay condenación para los que están en Jesucristo. La sangre del cordero de Dios ha quitado el pecado del mundo. Leemos un poco más de Hebreos: “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.” Durante esta Semana Santa el autor de eterna salvación escribió los capítulos más importantes. ¿Porque tenemos tantos caminos hasta el Calvario? Porque es la culminación del plan de salvación de Dios, el punto en que Jesús podría decir, “Consumado es.” Cuando Jesús murió, quitó el poder de la muerte sobre nosotros. Nos liberó de la esclavitud al pecado. Nos mostró porque por toda la Biblia hay conexiones a este momento.
Entonces, ¿qué es nuestra respuesta a las noticias? Puede ser compleja. Por un lado, en este Viernes Santo, sentimos tristeza muy grande. Fue por mi culpa Jesús sufrió y murió. Fue mis pecados que le pegaron a la cruz, no solo las claves. Injusticia en este mundo causa enojo para nosotros, pero este tribunal y condenación del único hombre totalmente inocente nos hace sentirlo aún más fuerte. Y también la vergüenza. No queremos ver al hombre que murió por nosotros.
Pero podemos, y debemos. Porque para nosotros, la cruz no representa una pérdida, sino la victoria. En el gran intercambio, Jesús quita nuestros pecados y nos da su santidad, su relación perfecta ante Dios. Intercede por nosotros como Sumo Sacerdote eternal. En este monte de Gólgota, cuando los enemigos vieron lo que pensaban era la derrota de un hereje, vemos la realidad con la perspectiva que viene del Espíritu Santo en nuestros corazones. Por su llaga fuimos sanados. Alcanzamos misericordia y hallamos gracia en él. Vemos la cruz como la intersección central en la ciudad de Dios, de que vienen las bendiciones del perdón, paz, y la vida eterna. Es posible que todavía no sabemos cómo nos sentimos sobre este Viernes Santo. Existe una realidad de tensión fuerte entre el horror de la muerte y la alegría de la salvación. Vamos a llevar esta tensión mientras estemos en este mundo de pecado, pero viviendo bajo la gracia de Jesucristo. Pero hay un camino más que esperamos para conectarse a la cruz, y esa es la segunda venida del Mesías. En ese momento, y no habrá tensión ni confusión, sino paz y perfección para siempre. Amén
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