Cuarto domingo de Pascua
Vive para ser mi Buen Pastor.
Tema del Día
Hoy la Iglesia celebra el Domingo del Buen Pastor, y hoy vemos cómo es la vida al cuidado de Jesús, nuestro Pastor. Él viene a darnos vida. Las lecturas de hoy nos muestran a qué tipo de vida se refiere Jesús cuando promete que entraremos y saldremos y encontraremos pastos (Evangelio). Describen lo que significa tener vida en plenitud.
Oración del día
Señor Jesucristo, tú eres el Buen Pastor, que diste tu vida por las ovejas. Condúcenos ahora a las aguas tranquilas de tu Palabra vivificadora para que podamos permanecer en la casa de tu Padre para siempre; porque tú vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén
Primera lectura: Hechos 2:42-47
Esta breve lectura tiene lugar cronológicamente después del sermón de Pentecostés de Pedro y de la incorporación de tres mil miembros a la iglesia de Jerusalén. Ya no se trataba de un pequeño cuerpo de creyentes, sino que se habían convertido en una gran congregación. Lucas describe la vida congregacional en la iglesia-madre de Jerusalén, y es una imagen de cómo es la vida bajo el cuidado de nuestro Buen Pastor.
42Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
43Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. 44Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; 45y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. 46Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
Evangelio: Juan 10:1-10
El «Yo soy» de Jesús pone de relieve la exclusividad del mensaje cristiano. Cristo es el Salvador, ¡no hay otro! Jesús es la puerta de las ovejas, ¡y no hay otro! Cuando un hombre se acerca a las ovejas, sólo hay que ver cómo entra en el corral. ¿Usa la puerta (es decir, confiesa a Cristo como Salvador)? Los verdaderos pastores usan la puerta, predican a Cristo y aman a las ovejas. Los falsos pastores rechazan la puerta, rechazan a Cristo y destruyen el rebaño.
1De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. 2Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. 3A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. 4Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. 6Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
7Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. 8Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. 9Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. 10El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Segunda lectura: 1 Pedro 2:19-25
La vida bajo el cuidado de nuestro Pastor puede significar persecución y sufrimiento. La iglesia de Jerusalén —Pedro incluido— se vería sacudida por el martirio de Esteban y sería perseguida bajo Saulo. La Iglesia de Asia Menor, a la que Pedro escribió, se enfrentaba a pruebas dolorosas. Sin embargo, Pedro nos recuerda que ni siquiera el sufrimiento y la tragedia pueden apartarnos del cuidado de nuestro Buen Pastor.
19Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. 20Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. 21Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; 22el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; 23quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; 24quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. 25Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.
Texto del Sermón: Salmo 23
La Iglesia canta el Salmo 23 en los servicios que honran a Jesús como Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Se canta con frecuencia en los funerales, recordando la presencia del Señor cuando los cristianos atraviesan el valle de sombra de muerte. Martín Lutero dijo: «El Salmo 23 es un salmo de agradecimiento, en el que un corazón cristiano alaba y da gracias a Dios por enseñarle y guiarle por caminos rectos. Los cristianos reconocen que son ovejas, y que su verdadero Pastor, Jesús, las consuela y protege en toda necesidad por medio de su santa Palabra. Con esa Palabra, el Buen Pastor nos apacienta en hierba fresca y en aguas frescas, mientras que la mesa, la copa y el aceite son referencias del Antiguo Testamento al culto divino».
Salmo de David.
1 Jehová es mi pastor; nada me faltará.
2 En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
3 Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
4 Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
5 Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová moraré por largos días.
EL PASTOR Y EL CORDERO
Por miles de años, estas palabras han dado consuelo, alegría, confianza, y esperanza al pueblo de Dios. El salmo 23 es el salmo más conocido, y unos de los versículos más conocidos en toda la Biblia. Y con razón. Bonitas las palabras, vívidas las imágenes, y llena de esperanza la composición. El peligro para nosotros es cuando hay una sección bien conocida, podemos estar contentos con un entendimiento superficial, o dejamos crecer una apatía hacia el mensaje. Cuando algo es familiar significa que no hay más para aprender. ¡Que no seamos así con la palabra de Dios! Nuestra misión hoy es profundizar el conocimiento y aprecio para este salmo tan amado. El salmo 23 tiene conexiones profundas con toda la historia de Israel en el Antiguo Testamento, y con la obra de Jesucristo en el Nuevo.
La Biblia menciona la palabra “ovejas” más que cuatrocientos veces, y no solamente porque eran animales populares para criar en esa época. Esa familiaridad entró en las descripciones e imágenes de la cultura e idioma. Era común considerar a reyes como pastores de sus pueblos. La similitud entre un pastor cuidando ovejas y un rey gobernando su pueblo se ve fácilmente. Entonces podemos ver el principio del salmo como una confesión de fe. El rey David, quien escribió el salmo, está diciendo que Jehová, el Dios de Abraham, Isaac, y Jacob, es su rey y líder. El titulo no es de si mismo, no es de un dios falso; Jehová es su pastor. Orar el versículo uno del salmo es honrar el primer mandamiento. Es reconocer que Jehová es nuestro Dios quien nos cuida, protege, y guía.
Estas realidades se sintieron en una manera muy tangible para el pueblo de Israel. David, como cada buen israelita, conocía la historia de su pueblo, y las maneras en que Dios lo ha cuidado. El versículo dos del salmo nos recuerda mucho de los años vagando en el desierto. Era Dios quien literalmente guiaba su pueblo con fuego y humo, proveyendo mana y agua milagrosa para sostenernos. Y como un pastor protege sus ovejas de amenazas, los israelitas vieron su poder contra Egipto, Amalec y los cananeos. La descripción de lo que hace el Señor no solo aplica a la vida del salmista, sino de la historia entera de su pueblo.
Lo que hace el Señor, el Pastor, es clave en este salmo. Jehová es el sujeto de la acción del verbo la gran mayoría del tiempo. Somos los recipientes de sus acciones. “nada me faltará…me hará descansar…me pastoreará. Confortará mi alma…me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí…Unges mi cabeza; mi copa está rebosando…me seguirán. Este es el amor del pacto de Dios, dando y dando, aunque no lo merecemos. En el salmo, solo hay tres cosas que nosotros hacemos: caminar en el valle de sombra de muerte, no temeremos, y viviremos en la casa de Dios por largos días. Y aun en estas situaciones, las dos bendiciones vienen de las promesas de Dios. La única cosa que hacemos por nuestra naturaleza y habilidad es estar en el valle de sombra de muerte. La gracia de Dios no solo se ve en versículos como Juan 3:16. La gracia de Dios es el fondo de toda la historia, la fuente de sus acciones para con su pueblo, la razón de la confianza de sus seguidores. Jehová es nuestro pastor.
Excepto cuando no es. Mientras confesar eso es honrar el primer mandamiento, lo rompemos también. Pecamos con idolatría. Decimos que Jehová es nuestro pastor, nuestro líder, nuestro guía, pero nuestros pensamientos y acciones unas veces muestran algo diferente. “¡Mi dinero es mi pastor!” declaramos cuando ponemos trabajo como más importante que la Palabra, cuando confiamos en los números en nuestras cuentas bancarias para guiarnos a comodidad y paz. “¡Mi placer es mi pastor!” gritamos cuando somos personas diferentes los domingos y el resto de la semana, y pensamos en lo que queremos y no la orientación de las escrituras. “¡Mi reputación es mi pastor!” contamos cuando callamos en oportunidades de evangelismo y seguimos las sendas más fáciles del pecado en vez de justicia. A la raíz de todo eso es la naturaleza pecaminosa que siempre quiere decir, “Yo soy mi propio pastor. Yo soy la persona más importante y en carga de mi vida.” Esa actitud no solo es necia, es pecaminosa y nos separa de nuestro Señor. Por romper el primer mandamiento, merecemos la muerte eterna. La realidad sin nuestro Buen Pastor es que el valle de sombra de muerte gana. Las ovejas perdidas y solas allá no tienen esperanza.
Y ahora llegamos al segundo papel que las ovejas tenían en esa historia y cultura. Sacrificios. Los rebaños de ovejas no solo representaban la relación entre un grupo y su líder, proveyeron sacrificios. En la primer Pascua, la sangre de un cordero salvó a los hogares de los israelitas. Corderos y cabras eran sacrificios en los festivos de los judíos. Tomaron la culpabilidad del pueblo. Su sangre cubrió las manchas del pecado. Los corderos murieron para que la gente podía vivir. ¿Suena familiar? Estamos acercando a la clave, el hilo de salvación que conecta todas las escrituras. Estamos hablando de Jesucristo.
Si, vemos a Jesucristo en los salmos. De hecho, hace pocas semanas escuchamos las palabras, “Dios mío, Dios mío, ¿porque me has desamparado?” Eso viene del salmo…22. Inmediatamente antes que el salmo 23 de consuelo y esperanza para las ovejas, leemos el escenario del Cordero crucificado. El contraste es fuerte, hasta el punto de confusión para algunos. Pero recordamos que la gracia de Dios se ve por toda la Biblia, y que el hilo de Cristo pasa por todo el tapiz de la historia de salvación. Entonces leemos Apocalipsis 7:17: “Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.” El Cordero los pastoreará. A la primera vista, es una oración sin sentido. Corderos no tiene posiciones de liderazgo en una grey. Pero mirando con nuestra perspectiva más ancha para ver la historia, es una oración increíble y llena de gracia.
Jesucristo es a la misma vez el Buen Pastor de las ovejas y el Cordero sacrificado. Como dice Jesús en nuestra lectura hoy, “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.” La única entrada en esos pastos eternos, o la casa de Dios, usando el lenguaje del salmo 23, es Jesucristo. Los que siguen otros pastores no pueden entrar. El rey David cuando escribió las palabras del salmo 23 no conocía el nombre, “Jesús.” Pero confía en las promesas de Dios y podía orar el salmo seguro que las bendiciones prometidas eran suyas. Nosotros tenemos la bendición de ver más completo el plan de Dios, las maneras en que ha dirigido la historia del mundo para cumplir sus promesas. Jesucristo vino para ser perfecto, pero morir inocentemente, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Solo podemos ir al Padre gracias a él. Y mientras es el ultimo sacrificio, es a la vez nuestro Buen Pastor quien nos guía hasta pastos perfectos, la vida eterna. El Buen Pastor conocía el sufrimiento que es vivir en este mundo, aun caminando hasta el fin del valle de sombra de muerte. Pero volvió de allá, y gracias a su sacrificio y resurrección, la muerte para nosotros es la puerta a través de que entramos a la vida. Recordamos los verbos del salmo 23, que recibimos las acciones de Dios. Como dice Pedro, éramos ovejas descarriadas, pero hemos vuelto por la obra del Pastor de nuestras almas.
Jesucristo es nuestro Buen Pastor. Es el Cordero que murió para que pudiéramos vivir. El cuarto domingo de la Pascua tradicionalmente es el Domingo del Buen Pastor. Celebramos ese aspecto de la obra de Jesucristo, meditamos en el nuevo pacto que no es en la sangre de corderos como al principio, sino en la sangre del Cordero de Dios. La promesa de Jesucristo desde Abraham no solo era para los judíos – el misterio y milagro es que es para todos. Jehová es nuestro pastor. Es tu pastor. Es mi pastor. Porque conocemos el Cordero, las palabras de este salmo nos da un consuelo aún más profundo. Nuestro Buen Pastor nos dará lo que necesitamos en este mundo. Ha enviado su Espíritu Santo en nuestros corazones para darnos los frutos de fe, para fortalecernos en las sendas de justicia. Ya no somos ovejas descarriadas, tenemos seguridad, una senda, y salvación segura. Ni siquiera la muerte temeremos. ¿Por qué? Porque tú eres conmigo, Jehová. La presencia y promesas de nuestro Dios nos dan una paz que sobrepasa todo entendimiento.
Mientras el mundo busca felicidad en otras cosas, el bien y la misericordia de Dios nos persiguen. Si, en este mundo andamos en el valle de sombra de muerte. Experimentamos los ataques de los que quieren entrar el redil para hurtar, matar, y destruir. Tenemos problemas con familia, experimentamos el desempleo, perdimos seres queridos. Pero nuestro Buen Pastor está con nosotros siempre. Y un día, nosotros mismos vamos a llegar hasta el fin de este valle. Pero cuando venga ese momento, cuando el mundo piensa que hemos perdido, eso es cuando entramos en la casa de Dios para siempre. El Buen Pastor vino a este mundo para que tengamos vida, y vida en abundancia. Conforta nuestras almas. Nuestras copas están rebosando de su gracia, tanto ahora como en el futuro. Él es Pastor y Cordero, Alfa y Omega, Rey y Sacrificio. No temeremos mal alguno, porque él ha vencido este mundo.
Himnos
335 Como Ovejas celebramos
135 De la iglesia el Fundamento
116 Tu Palabra Oh Padre Santo
183 Gloria al Señor del Cielo
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