Ascensión de Nuestro Señor

Vive para gobernar todas las cosas en favor de la Iglesia.

Tema del Día

Aunque este día marca la conclusión de la misión terrenal de Jesús, no significa el final de su obra. Encomendó a su Iglesia que fuera testigo de su resurrección y embajadora de su gracia en todo el mundo. Sin embargo, les recordó que su confianza y consuelo vendrían del hecho de que toda autoridad en el cielo y en la tierra le había sido dada a él. Somos enviados a su misión sabiendo que él empleará su poder y autoridad ilimitados en favor de la Iglesia.

Oración del Día

Señor Jesús, Rey de gloria, en este día subiste a lo alto de los cielos, y a la diestra de Dios gobiernas las naciones. No nos dejes solos, te rogamos, sino concédenos el Espíritu de la verdad para que, por tu mandato y por tu poder, seamos tus testigos en todo el mundo; porque tú vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén

Primera Lectura: Hechos 1:1-11

Las semanas posteriores a la Pascua habían estado llenas de una alegría sin aliento ante la presencia de su Salvador vivo. Durante 40 días, los discípulos escucharon a Cristo hablar del reino de Dios. Toda esa charla sobre el reino les abrió el apetito de poder y autoridad. Habían visto sufrir a su Salvador; ahora estaban dispuestos a verlo vencer.

1En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, 2hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; 3a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. 4Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. 5Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

6Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? 7Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; 8pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. 9Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.

Salmo del Día: 47

La Iglesia canta el Salmo 47 en los servicios que conmemoran la ascensión de Nuestro Señor Jesús al cielo. El salmo subraya la totalidad del imperio de Dios. Martín Lutero dijo: «El Salmo 47 es una profecía de Cristo. En él se predijo cómo ascendería y se convertiría en rey sobre todo el mundo, no con golpes de espada, sino simplemente con gritos, cánticos y toques de trompeta, es decir, con la alegre predicación del Evangelio».

Al músico principal. Salmo de los hijos de Coré.

1 Pueblos todos, batid las manos;

Aclamad a Dios con voz de júbilo.

2 Porque Jehová el Altísimo es temible;

Rey grande sobre toda la tierra.

3 El someterá a los pueblos debajo de nosotros,

Y a las naciones debajo de nuestros pies.

4 El nos elegirá nuestras heredades;

La hermosura de Jacob, al cual amó.

Selah

5 Subió Dios con júbilo,

Jehová con sonido de trompeta.

6 Cantad a Dios, cantad;

Cantad a nuestro Rey, cantad;

7 Porque Dios es el Rey de toda la tierra;

Cantad con inteligencia.

8 Reinó Dios sobre las naciones;

Se sentó Dios sobre su santo trono.

9 Los príncipes de los pueblos se reunieron

Como pueblo del Dios de Abraham;

10 Porque de Dios son los escudos de la tierra;

El es muy exaltado.

Segunda Lectura: Efesios 1:15-23

Los discípulos posteriores a la Ascensión ya no tenían a su maestro con ellos recorriendo los caminos de Israel como antes. Nosotros, los discípulos del final de los tiempos, tampoco tenemos la presencia visible de Jesús con nosotros. Sin embargo, no hay tristeza por la ascensión, porque la Iglesia sabe exactamente dónde está Cristo. Ha tomado su poder y ha comenzado a reinar con un poder y una presencia que no conocen límites y una gloria que no conoce fronteras.

15Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, 16no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 17para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, 19y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, 20la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, 21sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; 22y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23la cuál es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

Texto Sermón: Lucas 24:44-53

La fiesta de la Ascensión marca la coronación de nuestro Profeta-Sacerdote como Rey. Hoy vemos su entronización en gloria y poder para gobernar todas las cosas en favor de la Iglesia. Incluso en esta fecha tan tardía, los discípulos no lograron comprender la misión de Jesús. Así que Cristo abrió las Escrituras para mostrarles una vez más que éste era el Cristo profetizado.

44Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; 46y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. 48Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

50Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. 51Y aconteció que, bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. 52Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; 53y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.

La ascensión asegura la promesa del regreso de Cristo en gloria

En el evangelio de Juan 18:37-38 encontramos el interrogatorio de Pilato a Jesús: “¿Luego, eres tú rey?” Jesús respondió: “Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.” Y justo después, Pilato le pregunta: “¿Qué es la verdad?” Esta es la pregunta que muchos tienen hoy en día a partir de sus creencias. El modernismo y el posmodernismo sostienen este principio: no hay verdad absoluta, cada persona tiene su propia verdad. Muchos son guiados por estas ideas y por ello encontramos afirmaciones que dicen que la Biblia no es la Palabra de Dios, sino que contiene la Palabra de Dios, pues aseguran que fue escrita por hombres. También escuchamos que la Biblia es un libro obsoleto que ya no es útil hoy en día porque solo relata hechos del pasado. Finalmente, hemos oído que muchos no creen en la Biblia como Palabra de Dios porque afirman que fue la iglesia católica romana quien organizó estos libros y los manipuló, y aún más, que en el Vaticano tienen muchos escritos ocultos. Hoy es un día no solo para dar gracias a Jesús por todo lo que hizo por nosotros, sino también para que dejemos que sea el Espíritu Santo quien reafirme nuestra fe confesando que la Biblia es la Palabra de Dios. Nosotros sabemos que es la Verdad, la Escritura, pero es la Verdad Absoluta; no hay otras verdades para nosotros. Por esto usamos únicamente los 66 libros que hay en la Escritura: 39 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento. Pecamos contra el tercer mandamiento cuando creemos o usamos los 7 libros apócrifos que no son inspirados por Dios para extraer doctrina. Generalmente estos están en las versiones Biblia de Jerusalén, Biblia Latinoamericana, Dios Habla Hoy (edición con deuterocanónicos), Biblia Nácar-Colunga. Pero también la iglesia ortodoxa tiene problemas con estos libros porque los acepta como inspirados por Dios.

Si no tenemos claro cuáles son los libros inspirados y si no vemos la Escritura como la única verdad, pecamos contra el tercer mandamiento, cuya raíz es nuestra falta de confianza en Dios. Hoy el mismo Jesús, como nuestro sustituto, quien por amor a nosotros usó la Palabra de Dios perfectamente, dijo: “Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.” Las palabras de Jesús no solo muestran cómo cumplió el tercer mandamiento por nosotros, sino también que lo que hablaron Moisés, los profetas y los salmos —la división del Antiguo Testamento acerca de Él— es verdad. Moisés dijo que este era el profeta que debían escuchar: “Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis.” (Deuteronomio 18:15). En los Salmos, mayormente escritos por el rey David, se afirma: “Jehová es mi pastor, nada me faltará” (Salmo 23), y en el Salmo 22: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” El evangelista Juan en el capítulo 10 registra las palabras de Jesús: “Yo soy el Buen Pastor.” Mateo en el capítulo 27 cita las palabras de Jesús del Salmo 22 en la cruz. También el profeta Isaías, no solo en el capítulo 7 habló del nacimiento virginal del Mesías, sino que en el capítulo 53 predijo las palabras de Jesús: “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día.” Esto nos conecta con la muerte de Cristo, quien fue a la cruz a recibir el castigo que merecíamos. El Padre dejó solo al Hijo en la cruz y Él recibió todo el castigo en nuestro lugar. ¡Gracias a Dios por rescatarnos del pecado y de la muerte eterna!

Jesús proclamó esta verdad antes de volver al cielo en cuerpo y alma en su ascensión. Pero el Espíritu Santo hizo algo fenomenal en los apóstoles y en nosotros hoy: “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.” Qué bueno es confesar que Cristo es el centro de la Escritura y que la verdad que preguntó Pilato se resume en las palabras de Jesús: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14:6). Este entendimiento es la fe, la confianza en que la Palabra de Dios es la única verdad absoluta, y lo confesamos para que nos santifique en su verdad, porque su palabra es verdad (Juan 17:17). Todo esto nos ayuda a tener un carácter cristiano maduro, pues el Espíritu Santo nos guía por este camino de verdad, amando a Dios, al prójimo y a nosotros mismos. Este amor se demuestra en nuestra relación con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos cuando enfocamos nuestra vida en hablar de Jesús. En las palabras de Jesús vemos que también son para nosotros como hijos de la Verdad: “Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.” El próximo domingo celebramos Pentecostés y vemos el cumplimiento de estas palabras y la obediencia de los apóstoles al quedarse en Jerusalén para ser testigos de Jesús, usando las llaves, abriendo el cielo a los arrepentidos en su nombre y empleando los medios de gracia para dar el perdón de los pecados. Ese día fueron bautizadas tres mil personas que creyeron en Cristo Jesús por el poder de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo hace que no nos avergoncemos de esta verdad, la Palabra de Dios, y nos da la seguridad de que tenemos el respaldo de Jesús, pues este pasaje termina con su despedida y ascensión al cielo: “Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que, bendiciéndolos, se separó de ellos y fue llevado arriba al cielo. Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.” Jesús bendijo a sus apóstoles, a su iglesia, y nosotros que somos parte de ella también recibimos esa bendición. Desde ese día la vida de ellos cambió y se dedicaron a adorar a Dios no solo en el templo, sino en sus vidas, hablando de Jesús como testigos en cualquier lugar. Nosotros empezamos en casa, bautizando a nuestros niños para que tengan fe en Jesús y el perdón de todos sus pecados, incluido el original. También en casa es importante hacer devocionales diarios y orar; es la manera en que Dios nos mantiene en sus caminos, pues ya no nos juzga por nuestros pecados, sino que nos trata con amor. Esto nos lleva a ser sembradores de la Palabra de Dios, llevando este mensaje a otros. La ascensión de Jesús nos da la seguridad de hablar a otros acerca de la obra de redención que hizo por nosotros y que nuestra vida sea reflejo claro de la verdad de la Palabra, que hace que nuestras vidas sean verdaderas. Pedro nos enseña cómo debe ser nuestra vida guiada por la verdad: “Sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.” (1 Pedro 3:8-9). La ascensión de Jesús es muy importante para nuestra vida de creyentes porque la promesa conectada con esta verdad es que Jesús volverá en cuerpo y alma en su estado de exaltación para juzgar a vivos y muertos, y nosotros seremos llevados al cielo en cuerpo y alma para adorar al Dios Trino por toda la eternidad. Esto nos anima a seguir congregándonos, leyendo y meditando la Palabra de Dios, continuar con la oración diaria y ser como las vírgenes prudentes que tenían el aceite listo esperando al esposo. Hoy, por la obra del Espíritu Santo, somos esas vírgenes que miran al cielo porque somos templo del Espíritu Santo, quien nos mantiene llenos de la Verdad única que asegura que vivimos en la verdadera paz con el Padre Celestial. Amén.

Himnos

82 A Cristo Proclamad

38 Jesús Divino

147 Oh mi Dios, mi Rey Eterno

183 Gloria al Señor del Cielo

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