Último domingo del año eclesiástico
La Escritura produce certeza para la espera.
Tema del Día
¿Cómo permanece preparada y vigilante la Iglesia de Cristo a pesar de esta certeza? Nuestro Salvador nos remite a sus Escrituras. Las promesas que Jesús hizo antes de su partida, promesas que nos llenan de esperanza mientras esperamos y velamos, no fueron meramente habladas. El Salvador que hizo estas promesas se aseguró de que quedaran escritas. Mientras esperamos que Él cumpla esas promesas, dirige nuestra atención a las Escrituras para que no nos impacientemos o nos volvamos indiferentes.
Oración del Día
Dios eterno, Padre misericordioso, que has constituido a tu Hijo juez de vivos y muertos. Permítenos esperar el día de su regreso con los ojos fijos en el reino preparado para los tuyos desde la fundación del mundo; por tu Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén
Primera lectura: Habacuc 1:1-3; 2:1-4
Como nosotros, Habacuc esperaba que el Señor actuara. Como nosotros, Habacuc se preguntaba cuánto tardaría (Habacuc 1:2). Cuando Habacuc vio la injusticia desenfrenada presente entre el propio pueblo de Dios, parecía como si el Señor hiciera oídos sordos a sus llamadas de ayuda. Las preguntas de Habacuc se vieron agravadas por la respuesta inicial del Señor de que el juicio llegaría pronto en la forma de los babilonios.
1
1La profecía que vio el profeta Habacuc. 2¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? 3¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan.
2
1Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja. 2Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. 3Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.4He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.
Salmo 130
La Iglesia canta el Salmo 130 en los servicios que hacen hincapié en el arrepentimiento y el perdón a través de la fe en Jesús. Es el 11º de los 15 cantos de ascensión (Salmos 120-134), y el 6º de los 7 salmos penitenciales (Salmos 6, 32, 38, 51, 102, 130, 143). Martín Lutero dijo: «El Salmo 130 es un salmo de oración. El salmista confiesa que nadie es justo ante Dios, y que nadie puede llegar a ser justo por sus propias obras y justicia. Las personas sólo pueden llegar a ser justas a través de la gracia y el perdón de los pecados, que Dios ha prometido. El salmista profetiza a Cristo en el versículo 8, y todo el salmo se basa en esta promesa».
Cántico gradual.
1De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo.
2Señor, oye mi voz;
Estén atentos tus oídos
A la voz de mi súplica.
3JAH, si mirares a los pecados,
¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse?
4Pero en ti hay perdón,
Para que seas reverenciado.
5Esperé yo a Jehová, esperó mi alma;
En su palabra he esperado.
6Mi alma espera a Jehová
Más que los centinelas a la mañana,
Más que los vigilantes a la mañana.
7Espere Israel a Jehová,
Porque en Jehová hay misericordia,
Y abundante redención con él;
8Y él redimirá a Israel
De todos sus pecados.
Segunda Lectura: Evangelio de Lucas 12:35-40
Las palabras de Jesús sobre su regreso guardan cierta similitud con su parábola más familiar de las diez vírgenes. Jesús nos pide que nos imaginemos a los criados esperando a que su señor vuelva del banquete de bodas. Como las diez vírgenes, estos criados tienen que estar preparados. Tienen que mantener encendidas sus lámparas, tarde lo que tarde el señor.
35Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; 36y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. 37Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. 38Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos. 39Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. 40Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá.
Texto Sermón: Apocalipsis 22:6-13
Debido a que la experiencia de Juan y sus compañeros cristianos parecía ser cualquier cosa menos victoriosa, la visión que Dios le dio a Juan no era para que la viera él solo. Al igual que hizo con Habacuc, Dios hizo que Juan escribiera su visión. Mientras la iglesia de Cristo esperaba su regreso, debían conservar y no sellar las palabras proféticas que Juan había escrito.
6Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.
7¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.
8Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. 9Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.
10Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. 11El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.
12He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. 13Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.
Promesas cumplidas: Jesús vino, y Jesús vendrá.
Hay algo que pasa en el transporte público que es un poco gracioso, pero también triste. Vamos a ver si ustedes han experimentado esto. Unas veces, he estado en camino en un bus, y hay alguien hablando en el celular. Obvio, solo puedo oír la mitad de la conversación, pero eso es suficiente para saber cuándo la otra persona pregunta a lo que está en el bus, “¿Dónde estás?” Y algunas de las respuestas que he oído son ridículas. “Ah bueno, casi llegamos al centro, te veo muy pronto.” De hecho, estábamos en camino yendo en la dirección opuesta. “Ah lo siento, estoy muy lejos entonces no puedo ir a la ciudad.” Estábamos allá en la misma ciudad. “Si si, estoy aquí en Reduit (una ciudad en Santa Lucia) entonces puedo ir muy pronto.” Estábamos por el otro lado de la isla. ¿Han oído cosas así? O la promesa, “llego pronto,” ¿solo para esperar por mucho tiempo? Posiblemente ustedes conocen a alguien quien siempre “está a punto de llegar” pero tarda mucho. Y mi pregunto es si algunas veces tenemos la tendencia de ver a Jesús como alguien así.
No es decir que pensamos, “Jesús es mentiroso.” Los enemigos de la iglesia dicen eso, pero creo que nuestros sentimientos son más sutiles. Escuchamos a Jesús decir, “Vengo pronto,” pero las palabras no nos impactan ni afectan nuestro comportamiento. Es como una verdad efímera sin consecuencias que podemos ver en la vida diaria. Esa actitud es la que el diablo quiere que tengamos. Hay muchas enseñanzas falsas y malas interpretaciones del libro de Apocalipsis, y no tenemos tiempo para discutir todos hoy. Mi oración para hoy es que aprendamos leer y ver al libro no como visiones inaplicables ni escenarios que no impactan nuestra vida hoy en día, sino una carta escrita directamente a nosotros, llevando el mensaje de victoria total sobre las fuerzas de este mundo.
Repaso rápido sobre Apocalipsis: el discípulo Juan lo escribió cuando estaba en exilio en la isla de Patmos. Contiene una introducción, siete visiones, y una conclusión. Nuestra lectura de hoy viene de la conclusión. Fue escrito para una iglesia joven que estaba experimentando persecuciones horribles. Entonces en el contexto, no era un libro escrito para causar miedo a los cristianos; fue escrito para decir que Dios veía al sufrimiento de su pueblo y aunque parecía que las fuerzas del mundo iban ganando, el destino del mundo todavía estaba en las manos de Dios.
Apocalipsis no está escrito por el propósito de atemorizarnos. Es para mostrar nuestra victoria. Verdad que contiene imágenes fuertes y preocupantes, pero esas imágenes existen para mostrar dos realidades: la vida aquí en la tierra será difícil para los creyentes, especialmente cerca del último día, pero Jesús ya ha ganado la batalla. El resultado de la cruz es que no importa cual bestia ataca a la iglesia, ella va a ganar. Si tuviera que elegir unas palabras de Jesús para resumir el libro de Apocalipsis, yo diría Juan 16:33, “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” El titulo para el libro que usaba un viejo profesor del seminario luterano era, “La canción distante del triunfo.” Sabemos que la canción es de triunfo, pero la dificultad es no sabemos la distancia entre nosotros y esta canción.
Y en mi opinión, de eso viene unas dificultades para nosotros del texto de hoy. El Apocalipsis fue escrito hace casi dos mil años. ¿Porque tiene la promesa de “pronto?” Miramos a la lectura del evangelio para más información. Nadie sabe la hora del regreso. Por eso, dice Jesús, es tan importante estar como siervos con lámparas encendidas. La promesa de “vengo pronto” sirve para recordarnos que viene el juicio y la salvación en el último día, y para animarnos a predicar el evangelio antes de que llegue ese día. Hay una urgencia en nuestras vidas, y eso viene de las promesas de Dios. Dice el comentario de la Biblia popular, “Estas palabras [“vengo pronto”] siempre tienen un doble filo, una advertencia para el impenitente y un consuelo para el cristiano fiel.”
Pero la tentación para la humanidad desde el primer pecado es dudar la benevolencia y promesas de Dios. La serpiente empezó su tentación, “¿Conque Dios os ha dicho…?” Y la tentación de tener esa actitud sobre la palabra de Dios todavía existe para nosotros. Nuestra lectura de Apocalipsis empieza con la oración, “Estas palabras son fieles y verdaderas.” Yo confieso que no siempre he vivido según esa oración. Posiblemente ustedes pueden confesar eso también. ¿Qué podemos hacer? Volver a las mismas promesas que unas veces hemos dado por olvidado.
Viendo toda esta discusión tenemos las palabras de San Pedro: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” El propósito de las promesas y también del tiempo que toma para cumplirlas es la salvación. Y muchas veces las promesas toman rutas inesperadas. Cuando Dios prometió a Abraham que de él vendría una gran nación, parecía que era imposible por su edad. Pero Isaac nació. Una generación después, cuando Jacob tuvo que huir de su hermano, pareció que no podía tener una familia. Pero tenía muchos hijos. José tenía sueños de grandeza, pero fue vendido en esclavitud. Parecía que iba a morir sin hacer nada, pero Dios usó su posición para salvar a la misma familia que lo había esclavizado. Moisés perdió su posición del poder y moraba en el desierto en exilio, pero Dios lo usó para salvar a su pueblo. El antiguo testamento está lleno de promesas dadas y promesas cumplidas en maneras y calendarios inesperados.
Y más de eso, pensamos en la promesa del salvador y como fue profetizada desde el principio en Genesis 3, por Abraham y su bendición para todas las naciones, por David y su descendencia mil años antes de Cristo, por Isaías setecientos años antes de Cristo, por Joel, Oseas, y Miqueas en sus profecías. Miles de años de esperar, muchas instancias cuando parecía que no era posible para la promesa del Mesías ser cumplido, pero Dios la logró. Y hay algo en común en todas las historias que forman parte de la epopeya de salvación. Dios vino. Dios vino a buscar a sus primeras personas después de su caída en pecado. Dios vino a Abraham cuando estaba viviendo en una tierra diferente para empezar su viaje largo a convertirse en una gran nación. Dios vino a Jacob con sus escaleras cuando estaba perdido en el desierto. Dios vino a Moisés en la zarza para guiar a su pueblo. La palabra de Dios vino a muchos profetas para anunciar el juicio y la salvación de Dios. Y últimamente Dios vino al mundo, el hombre Jesús, la Palabra encarnada. La descripción de las palabras de la revelación de Juan, fieles y verdaderas también es aplicada a Jesús mismo dos veces en Apocalipsis. Jesús es la Palabra fiel y verdadera, la prueba definitiva de las promesas de nuestro Dios. A pesar de nuestros pecados, nuestras dudas, Dios vino. Vino a buscar y a salvar a mí y a ti.
Dice Lucas 19:10, “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Dice Romanos 5:8, “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Hay algo en la historia del evangelio de hoy que es un reverso de expectaciones. Cuando vino el dueño de la casa, él servía a los sirvientes. Que milagro es, mis amigos, que nuestro Dios viene para buscar y servir a nosotros. Jesús el buen pastor ha salvado a todas sus ovejas, las cuida en esta vida, y las pondrá a su diestra en el último día para delicias eternas. Estas palabras son fieles y verdaderas.
Hay unas palabras más de nuestra lectura que necesitamos discutir hoy. Dice los versículos diez y once, “Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. 11 El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.” ¿Porque no debemos sellar las palabras? Porque el tiempo está cerca. ¿Y qué significa eso? Que el tiempo de gracia que cada persona tiene va a terminar. Después de la muerte o la venida de Jesús, cualquiera venga primera, no habrá más oportunidades para predicar el evangelio. Será juicio. Dios va a juzgar a todos los injustos y los inmundos. Todos los que tenían otros dioses ante él, que sea el dinero, la comodidad, o el poder. Todos los que han despreciado su palabra sin el honor que merece. Todos que han odiado a otro en el corazón o codiciado algo. Si, debiéramos ser recipientes del castigo de Dios por lo que hemos hecho. Pero no seremos, porque nuestros pecados han sido lavados por la sangre de Jesús. Y esa promesa de perdón está disponible a todos los que creen en Jesús, pero el tiempo es corto. Por eso, no debemos callarnos sino sean atrevidos en nuestro testimonio sobre Jesús. Como dice en el sermón del monte, no ponemos nuestra luz debajo de un almud. En estos ultimas días, es nuestra responsabilidad gozosa predicar el evangelio.
Pero que significa la otra parte de los versículos: ¿que el injusto sea injusto todavía? ¿Es una aprobación de Dios a favor del malo? Por supuesto no, es una realidad sobre la vida aquí en la tierra. El punto es muy similar a la parábola del trigo y la cizaña. Lo bueno y lo malo van a existir juntos hasta el fin del mundo, pero eso no significa que no hará castigo. Dice el padre en la historia, “Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.” Y eso es que dice nuestro Padre celestial también. El versículo 12 en nuestra lectura dice, “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” Para la cizaña, los pecadores, el fuego del infierno. Para el trigo, los creyentes, la paz y seguridad eternal en el granero de Dios, el cielo. ¿Pero este versículo enseña salvación por las obras? No, porque el versículo 14 dice, “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.” La única persona que puede lavar las manchas del pecado es Jesús, y tenemos acreditados a nosotros su vida perfecta. Por eso, el día de juicio no es miedoso para nosotros. Somos limpios en la sangre del Cordero de Dios.
Hay mucho sobre el futuro que es inseguro. No sabemos cómo o cuando van a pasar todas las profecías en Apocalipsis. Pero hay muchas cosas que si sabemos. El último día para nosotros es algo de regocijar. Las visiones en Apocalipsis nos muestran la gran canción del triunfo. Tenemos la vida eterna porque fuimos encontrado y salvado por nuestro buen pastor. El mismo Dios quien vino a los padres de la fe vino a este mundo para cumplir su promesa en la obra que nosotros mismos nunca podríamos hacer. Dios siempre cumple sus promesas. Jesús vino. Jesús vendrá. Escuchen ahora las últimas palabras de la Biblia. “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. 21 la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.”
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