Primer domingo después de Navidad
Nace un Salvador que es el verdadero Hijo
Tema del Día
Las lecturas de hoy centran nuestra atención en la Sagrada Familia y en cómo Dios se sirvió de ella para proporcionarle el Hijo que siempre había deseado. Desde que el primer hijo de Dios cayó en el pecado, cada uno de los hijos de Adán ha reproducido su fracaso. Cuando Dios declaró que la nación de Israel era su hijo primogénito, los llamó a ser fieles. Pero, como tantas familias humanas, no fueron más que una decepción. Pero la falta de fe de sus hijos no cambió el amor de Dios por ellos. Él haría lo que ellos no podían hacer. Enviaría a un Salvador que sería el Hijo que siempre quiso, para que nosotros pudiéramos ser sus hijos.
Oración del día
Dios todopoderoso, los inocentes mártires de Belén manifestaron tu alabanza no hablando, sino muriendo. Haz morir en nosotros todo lo que se opone a tu voluntad, para que nuestras vidas den testimonio de la fe que profesamos con nuestros labios; por tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén
Primera lectura: Isaías 63:7-9
Isaías ensalza la bondad del Señor recordando al pueblo de Dios todo lo que ha hecho por nosotros. Dios se había hecho un hijo en la nación de Israel, pero ésta se apartó de Dios una y otra vez. El Señor mantuvo su pacto, aunque su hijo se apartó de él. El Señor mostró compasión y misericordia a un pueblo que no lo merecía. ¿Qué otra cosa sino la bondad de Dios podría mirar a Israel y a nosotros y seguir diciendo: «¿Verdaderamente son mi pueblo, hijos que no me engañarán?» Eso sólo puede decirse gracias a la obra del único Hijo fiel y verdadero de Dios, Jesús.
7De las misericordias de Jehová haré memoria, de las alabanzas de Jehová, conforme a todo lo que Jehová nos ha dado, y de la grandeza de sus beneficios hacia la casa de Israel, que les ha hecho según sus misericordias, y según la multitud de sus piedades. 8Porque dijo: Ciertamente mi pueblo son, hijos que no mienten; y fue su Salvador. 9En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días de la antigüedad.
Salmo 2
La Iglesia canta el Salmo 2 en los servicios que subrayan la relación del Padre y el Hijo. El Hijo gobierna con la misma autoridad que el Padre, incluso cuando los funcionarios del gobierno intentan frustrar el gobierno de Dios. El Nuevo Testamento cita con frecuencia este salmo como aplicable a Cristo, el Hijo de David. Martín Lutero dijo: «El Salmo 2 es una profecía de cómo Cristo sufrirá y se convertirá en Rey y Señor de todo el mundo». Este salmo promete que los que crean en Cristo serán bendecidos. A través de Cristo, Dios nos libró del pecado, de la muerte y del infierno, y nos llevó a la vida eterna. Esta es la bendición por la que oramos en la Segunda Petición del Padre Nuestro, que venga su reino.»
1¿Por qué se amotinan las gentes,
Y los pueblos piensan cosas vanas?
2Se levantarán los reyes de la tierra,
Y príncipes consultarán unidos
Contra Jehová y contra su ungido, diciendo:
3Rompamos sus ligaduras,
Y echemos de nosotros sus cuerdas.
4El que mora en los cielos se reirá;
El Señor se burlará de ellos.
5Luego hablará a ellos en su furor,
Y los turbará con su ira.
6Pero yo he puesto mi rey
Sobre Sion, mi santo monte.
7Yo publicaré el decreto;
Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú;
Yo te engendré hoy.
8Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
Y como posesión tuya los confines de la tierra.
9Los quebrantarás con vara de hierro;
Como vasija de alfarero los desmenuzarás.
10Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes;
Admitid amonestación, jueces de la tierra.
11Servid a Jehová con temor,
Y alegraos con temblor.
12Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino;
Pues se inflama de pronto su ira.
Bienaventurados todos los que en él confían.
Segunda lectura: Gálatas 4:4-7
Llegó el momento de que Dios cumpliera todas las promesas proféticas para sus hijos. Encargó a su propio Hijo que se convirtiera en el Dios-hombre que se sometió a la ley para que los que estaban bajo la maldición del pecado pudieran ser comprados de nuevo. Vino para ser el hijo que Adán no fue y el hijo que Israel no pudo ser. Vino para ser la humanidad reducida a uno, el verdadero Hijo que Dios quería. El resultado de la encarnación del Hijo de Dios significa que los hijos de la ira podían convertirse en hijos de Dios.
4Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, 5para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. 6Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! 7Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.
Texto Sermón Evangelio de Mateo 2:13-23
En el nacimiento de Cristo, los ángeles anunciaron una buena noticia y una gran alegría destinada a todo el mundo, pero no todos lo vieron así: Herodes reaccionó ante el nacimiento de Jesús con miedo, oposición y violencia. José y María podrían haber pensado que el mundo había cambiado con el nacimiento del nuevo Rey de Israel. Había sido bendecido por los profetas, adorado por los Reyes Magos y recibidos regalos reales que cambiaron el estatus económico de su familia. Pero entonces llegó la angélica advertencia, sin ofrecer ninguna explicación de por qué sucederían cosas malas, sólo que eran inminentes. ¡Corred!
13Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. 14Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, 15y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.
16Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos. 17Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo:
18 Voz fue oída en Ramá,
Grande lamentación, lloro y gemido;
Raquel que llora a sus hijos,
Y no quiso ser consolada, porque perecieron.
19Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, 20diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño. 21Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel. 22Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea, 23y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.
HERMANOS DISFRUTEMOS LOS BUENOS RECUERDOS DE LA NAVIDAD
¿De qué nos recuerda la palabra, “Navidad”? ¿luces colgadas en el centro, brillando arriba del rio de Medellín? ¿pólvora interrumpiendo la noche con ruido y color? ¿natilla hecha a mano en casa con familia, alcohol y fiestas? Posiblemente nos recuerda de actividades en la iglesia, de canciones sobre el nuevo Rey en el pesebre, y de celebraciones de las buenas nuevas para todo el pueblo. Generalmente, pensamos en cosas buenas y felices. La palabra “tragedia” normalmente no viene a mente cuando pensamos en la Navidad. Pero la primera Navidad estuvo atada con una tragedia. El anuncio de las buenas nuevas rápidamente llevo un lamentable recuerdo de la necesidad de estas nuevas.
Nuestra lectura viene algún tiempo después del nacimiento de Jesús. Los magos tuvieron un viaje largo entonces no estuvieron presentes en el pesebre con los pastores, aunque muchas personas tienen decoraciones así. En el contexto de nuestra historia, ya han traído sus regalos al niño y han salido. Pero el punto clave es que no regresaron a Herodes para decir donde estaba la familia. Habían recibido una revelación que no debían hablar con Herodes, y salieron en otra ruta. Nuestra lectura empieza probablemente directamente después de su salida.
“He aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo.” ¡Que latigazo para los padres nuevos, José y María! En un momento tenían visitantes impresionantes y poderosos quienes trajeron regalos magníficos, en otro momento tenían que huir para sus vidas. Estaban muy cerca al palacio de Herodes, entonces no tomaría mucho tiempo para él darse cuenta de la decisión de los magos. Por eso, es probable que el ángel habló a José la misma noche que salieron los magos, y la familia huyo esa madrugada para evitar detección de los vecinos. En un ejemplo de la providencia de Dios, podrían usar sus regalos caros para viajar y empezar una vida nueva en Egipto. Eso probablemente no fue el uso que los padres ni los magos imaginaban, ¿pero cuál mejor uso hay de los recursos que salvar la vida de su niño?
Y así escapó la familia de Jesús. Pero así también llegó la tragedia de la Navidad. “Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.” Un líder tan egoísta, inseguro, y de tanto miedo de perder su poder que en sus ojos era mejor matar a niños inocentes. Esto no pasó en el día de la Navidad, pero para estas familias que perdieron un hijo, la relación entre la visita de los magos y la muerte inocente siempre las atormentarían. Esta historia también nos recuerda de la gran tragedia del aborto que es tan común hoy en día. Según estimaciones históricas, Herodes mató a entre 8 y 20 niños, porque Belén era un pueblo pequeño. Cientos de miles de niños mueren del aborto cada año en el mundo. Puede ser que miremos a Belén como tragedia, pero nos damos cuenta de algo similar que pasa alrededor de nosotros. Es un tema complicado y polémico, pero últimamente es pecado y viene de falta de confianza en Dios. Dice un comentario, “El egoísmo puede hacer que el asesinato parezca una buena obra.” Verdad para Herodes, y para otros también.
Al principio, dije que la palabra, “tragedia” normalmente no viene a la mente para nosotros cuando hablamos de la Navidad. Pero eso no es totalmente la verdad. Porque para nosotros en este mundo, tristeza y dolor están presentes aun en las luces de la Navidad. De hecho, para muchos, nos sentimos el dolor de tragedia más en la temporada de fiestas. Posiblemente hay un nuevo espacio en la mesa familiar este año. Tal vez la invitación que ha recibido por años no llegó este año. Puede ser que los hijos están lejos, fisicamente o por problemas en la familia. O hay menos regalos que en el pasado. Muéstrame un cristiano, y puedo mostrarle algo que le da tristeza en esta temporada.
Además, en tiempos de mucha alegría y mucha tristeza vienen las tentaciones del diablo, y la Navidad es una oportunidad para los dos. Por un lado, podemos disfrutar demasiado. En nuestra libertad cristiana, podemos tomar alcohol, pero abusarlo o emborracharnos siempre es pecado, y más pecados vienen de eso. Podemos tomar decisiones malas con nuestros cuerpos, o ser malos mayordomos de nuestro dinero. Hay la tentación de buscar primeramente nuestro placer y no el reino de Dios. Por otro lado, hay la tentación de codiciar las cosas que otros tienen, de estar descontentos con lo que tenemos. Sentimos lástima por nosotros mismos. O dejamos que las tragedias de la vida nos quiten la alegría perdurable de Dios. Por cualquier razón, es un peligro para nosotros en este tiempo dejar que la alegría o la tragedia nos separe de Dios. Los que eligen algo en frente de Dios rompen el primer mandamiento, y merecen el castigo de la muerte eterna, que es separación de Dios y sus bendiciones. Por culpa de nuestros pecados, debemos estar separados de Dios.
Pero no estamos separados. Esta es la alegría de la Navidad. ¿Ustedes conocen la canción “¿O ven, o ven Emanuel”? El nombre Emanuel, que Isaías dio al Mesías, en hebreo significa “Dios con nosotros.” Él bebe humilde que necesitaba huir por su vida era Dios mismo. Tan fuerte es el amor de Dios que condescendió para experimentar el sufrimiento de este mundo. Jesús renunció al uso de su sabiduría y poder y se humilló como ser humano. Y desde el principio, el mundo lo odiaba, el mismo mundo que ha venido para salvar. La Navidad nos trae alegría no solo porque nació un bebe de una virgen, sino porque sabemos las cosas que ese bebe iba a hacer. Miles de años de profecía cuales cumplimiento empezó allá en el pesebre últimamente fueron cumplidos en la cruz. Él bebe en el pesebre iba a morir, pero no bajo de la ira de Herodes, sino bajo la ira de Dios. La ira que nosotros merecemos.
El niño con el nombre Emanuel también era conocido como el Cordero de Dios, el sacrificio por los pecados de todo el mundo, que quita del mundo el pecado. Pecado de egoísmo, de codiciar, de la irresponsabilidad, de malas decisiones, del aborto, de falta de confianza. Todos lavados en la sangre del Cordero. Su nacimiento, vida, muerte, y resurrección cambian todo por nosotros.
Ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. En esta temporada de la Navidad, las tentaciones de todos tipos nos atacan. Caemos en pecados de alegría y pecados de tristeza. Pero cuando miramos al pesebre, podemos recordar las promesas de perdón que nuestro Dios nos ha dado. Dios está aquí con nosotros, nos ama, y nos ha perdonado de todos los pecados por la muerte y resurrección de su hijo. Las buenas nuevas de salvación que los ángeles trajeron a los pastores son para todas personas, incluso para ti y para mí.
Pero como saben demasiado bien las madres en Belén, todavía vivimos en este mundo retorcido por los efectos del pecado. ¿Qué hacemos en los tiempos de tragedia y tribulación? Recordamos mi dicho favorito de José, el esposo de María y el siervo de Dios que cuidaba de Jesús. Suena así… Ahora que pienso, José no dice nada en esta historia. De hecho, no tenemos escrita ninguna palabra de José en todos los evangelios. Es un hombre de muy pocas palabras. Pero es un hombre de acciones de fe y confianza en Dios.
Nuestra introducción a José en la Biblia es que iba a ser esposo de María. Cuando María quedó embarazada, José quiso divorciarla en secreto, pero un ángel lo trajo la información que él bebe era de Dios y será el Mesías. Sin contemplación ni queja, José cambio sus planes para seguir la voluntad de Dios. Ayudaba a María hasta el nacimiento de su hijo. Pero eso solo fue el principio de sus acciones de fe. En nuestra lectura el ángel lo dice, “Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga.” No escuchamos nada de José, solo hizo estas cosas según el mandato del ángel. “Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, 15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes.” En la traducción, los cuarto verbos son un poco diferentes, como “levantar” y “despertar” pero en griego son las mismas palabras. El ángel dice cuatro mandatos y José los hace exactamente. La misma cosa pasa después de la muerte de Herodes. José confiaba en el plan de Dios. Es un héroe verdadero de la fe. Y su fe y obediencia nos proveen un ejemplo de la vida cristiana en este mundo.
José no sabía cuánto tiempo necesitaba morar en Egipto, porque el ángel solo dijo hasta que yo te diga. Acaban de recibir regalos que podrían cambiar la vida, pero inmediatamente necesitaban gastarlos para escapar de su país. ¿Qué tipo de rey necesita escapar de su propio país? Un rey que iba a representar Israel y cumplir la profecía de Dios, “De Egipto llamé a mi Hijo.” En el momento, José no podría saber cuál era el plan, pero todavía confiaba en su Dios, en la misma manera que Abraham, Moisés, David, y otros padres de la fe.
Cuando miramos al año que viene, no sabemos los desafíos y bendiciones que vienen. Un poco como José, nosotros también estamos esperando un mensajero que va a contarnos que es tiempo para regresar a casa, pero no Israel, nuestra casa eternal en el cielo. Entonces vivimos mostrando la misma fe de José, con confianza en las promesas de Dios porque él las cumple. Tres veces en nuestra sección corta de hoy escuchamos la palabra “cumplir.” Y muchas veces cada día de nuestras vidas Dios cumple sus promesas. Verdad que no tenemos la visión de ver el plan. Pero tenemos la confianza que Dios proveerá en tiempos de desafío, y que Dios nos ha rescatado de nuestros enemigos más grandes, el pecado, el diablo, y la muerte. Es natural sentirnos un poco triste por cualquiera razón que sea cuando celebramos la Navidad. Y en estos momentos recordamos que nuestro Dios cumple sus promesas y que las buenas nuevas para todos aplican a nosotros, paz, alegría, y libertad para siempre son nuestras gracias al bebe en el pesebre. Amén
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