DOMINGO DE LA EPIFANÍA DE NUESTRO SEÑOR

Jesús aparece como el Salvador de las naciones.

Tema del Día

El Rey niño comienza a atraer hacia sí a todas las naciones y a revelar el misterio que había estado oculto: todos los pueblos serían herederos de la salvación. Los misteriosos Magos, cuya llegada conmocionó a Jerusalén, habían venido por la profecía, pero ellos mismos eran el cumplimiento de las promesas de Dios en el Antiguo Testamento de que la salvación no sería sólo para el pueblo de Israel, sino también para los gentiles.

Oración del día

Señor Dios, por la guía de una estrella, diste a conocer una vez a las naciones a tu Hijo unigénito. Guíanos también a nosotros, que ahora lo conocemos por la fe, para que lleguemos por fin al gozo perfecto de tu gloria celestial; por tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre.

Primera lectura: Isaías 60:1-6

Isaías habla de las promesas de Dios sobre la futura gloria de Israel, gloria que no se hizo realidad hasta que vino el Hijo del Hombre como Salvador de las naciones. La unión de Cristo y el verdadero Israel, la Iglesia, nos trae una gloria inimaginable. La luz del amor de Dios ha aparecido entre nosotros, y por eso Dios nos dice que nos levantemos y hagamos brillar la luz de la gloria de Dios en las tinieblas que nos rodean.

1Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. 3Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.

4Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos. 5Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti. 6Multitud de camellos te cubrirá; dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá; traerán oro e incienso, y publicarán alabanzas de Jehová.

Salmo 72

Reconociendo la referencia a los reyes que se inclinan y presentan regalos al gran Rey, la Iglesia canta el Salmo 72 en los servicios que celebran la Epifanía. Los tres últimos versículos son una doxología que concluye el Libro II del Salterio. Martín Lutero dijo: «El Salmo 72 es profecía. Vemos el glorioso y hermoso reino de Cristo en el mundo entero. En su reino sólo florecerán y reinarán la justicia, la libertad y las conciencias alegres, no el pecado ni las malas conciencias (como bajo la ley). Por supuesto, esto no sucede sin la cruz».

Para Salomón.

1 Oh Dios, da tus juicios al rey,

Y tu justicia al hijo del rey.

2 El juzgará a tu pueblo con justicia,

Y a tus afligidos con juicio.

3 Los montes llevarán paz al pueblo,

Y los collados justicia.

4 Juzgará a los afligidos del pueblo,

Salvará a los hijos del menesteroso,

Y aplastará al opresor.

5 Te temerán mientras duren el sol

Y la luna, de generación en generación.

6 Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada;

Como el rocío que destila sobre la tierra.

7 Florecerá en sus días justicia,

Y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna.

8 Dominará de mar a mar,

Y desde el río hasta los confines de la tierra.

9 Ante él se postrarán los moradores del desierto,

Y sus enemigos lamerán el polvo.

10 Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes;

Los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones.

11 Todos los reyes se postrarán delante de él;

Todas las naciones le servirán.

12 Porque él librará al menesteroso que clamare,

Y al afligido que no tuviere quien le socorra.

13 Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso,

Y salvará la vida de los pobres.

14 De engaño y de violencia redimirá sus almas,

Y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.

15 Vivirá, y se le dará del oro de Sabá,

Y se orará por él continuamente;

Todo el día se le bendecirá.

16 Será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los montes;

Su fruto hará ruido como el Líbano,

Y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra.

17 Será su nombre para siempre,

Se perpetuará su nombre mientras dure el sol.

Benditas serán en él todas las naciones;

Lo llamarán bienaventurado.

18 Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel,

El único que hace maravillas.

19 Bendito su nombre glorioso para siempre,

Y toda la tierra sea llena de su gloria.

Amén y Amén.

20Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí.

Segunda lectura: Efesios 3:2-12

El pueblo de Israel sabía que los gentiles tenían un lugar en el antiguo pacto. La ley había hecho provisiones para ellos. Los profetas habían hecho promesas sobre ellos. Sin embargo, el misterio radicaba en qué lugar ocuparían exactamente en la nueva alianza. Los judíos no comprendían que Dios quisiera que los gentiles tuvieran un lugar igual. La venida de los Magos marcó el comienzo de una oleada tras otra de gentiles que llegarían a la fe en Cristo. Dios quería que fueran socios iguales con los hijos del pacto.

2si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; 3que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, 4leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, 5misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, 7del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder.

8A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, 9y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; 10para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, 11conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, 12en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él; 13por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria.

Texto del Sermón: Evangelio de Mateo 2:1-12

Cuando el Hijo de Dios entró en nuestra raza, el mundo apenas pareció darse cuenta. Aunque el Mesías vivía en medio de ellos, los poderosos del templo y del palacio de Jerusalén no se dieron por enterados. Dios, sin embargo, se propuso mostrar la gloria de su Hijo nacido en la carne. Puso su señal en los cielos, y los Magos gentiles acudieron a reconocer el nacimiento del Rey de Israel, cumpliendo así la profecía de Isaías.

1Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, 2diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. 3Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. 4Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. 5Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:

   6 Y tú, Belén, de la tierra de Judá,

No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;

Porque de ti saldrá un guiador,

Que apacentará a mi pueblo Israel.

7Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; 8y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. 9Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. 10Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. 11Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. 12Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

DIOS REVELA SU SALVADOR

Tengo noticias que posiblemente serán tristes para algunos de ustedes. Se acabó la temporada de la Navidad. Pero no se preocupen, solo hablo del calendario eclesiástico. Pueden dejar sus decoraciones hasta marzo si quieren, pero en nuestro leccionario hoy empezamos una temporada nueva: Epifanía. Aunque esta palabra no es tan conocida como el término Navidad, todavía es muy importante en la historia de salvación. Epifanía significa “revelación” o “aparición,” y en este contexto es sobre la venida del Mesías, Jesús.

Posiblemente ustedes estén pensando, “¿Porque necesitaba Jesús una epifanía? ¿El coro de ángeles no era suficiente?” Parece que no. Sabemos que los pastores visitaron y adoraron al niño después de su nacimiento y llevaron las noticias a otros, y que los padres trajeron a Jesús al templo para su circuncisión y presentación. Allá encontraron a Simeón y Ana, quienes alabaron a Dios por su Mesías, pero parece que todavía la llegada del salvador era desconocida para la mayoría del pueblo. La venida de los magos causó una reacción de sorpresa en Jerusalén, y el propósito de su visita perturbó los poderes allá.

En esa historia entra Herodes. Probablemente recuerdan su papel en la tragedia en Belén. Y esta instancia no fue su primera acción de violencia política. Escucha la lista horrible de víctimas que él mató para preservar su poder: su cuñado (quien era sacerdote), su suegra, su esposa, y tres de sus propios hijos. Entonces, cuando oyó que un rey nuevo ha nacido cerca, se turbó mucho. Y cuando un hombre así está turbado, por supuesto su reino también estará. Desafortunadamente, aunque era horrible no era estúpido. Llamó una reunión con los líderes espirituales para confirmar la situación antes de poner su trampa usando los magos. “Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.” La respuesta fue simple para los maestros, con las palabras del profeta Miqueas para probarla: en Belén, unos ocho kilómetros fuera de Jerusalén. Y con esta información Herodes vio una oportunidad para quitar la amenaza a su reino.

Tomamos una pausa aquí para apreciar la ironía de la situación. Los líderes espirituales en Jerusalén no reconocían que el Mesías ha nacido bajo sus narices. Posiblemente han oído rumores y los ignoraban, o realmente no se dieron cuenta. Fue necesario para un grupo de sabios extranjeros mostrar que el cumplimiento de las escrituras en que supuestamente eran expertos ya ha pasado. Y posiblemente más sorprendente, no escuchamos de nadie que acompañó a los magos a Belén. Qué triste que los sacerdotes y maestros no tenían el mismo interés en Jesús que los magos, quienes no eran judíos ni líderes espirituales. Y la única persona en la historia que muestra interés es Herodes, quien manda a los magos con un propósito engañoso y violento. Desde el principio, el mundo odiaba al Mesías. Pero hay un tema en la historia que los magos nos ayudan a ver, y es que, a pesar del odio del mundo, Jesús vino como salvador para todos.

Hablando de los magos, una pregunta interesante es como ellos sabían sobre la profecía del rey de los judíos. Para responder, necesitamos mirar más que quinientos años atrás de nuestra historia, el exilio en Babilonia. Hubo un judío, del nombre Daniel, que por la gracia de Dios recibió una posición de poder en el gobierno. Posiblemente ustedes lo conocen por su pernoctada con los leones. Según la Biblia, era “jefe sobre todos los magos, astrólogos, caldeos y adivino.” Parece que, durante su tiempo en esta posición, Daniel compartió la promesa de un salvador del pueblo judío para las naciones, y la tradición duró cientos de años en las salas de sabios en Babilonia hasta cuando vieron una estrella extraña y magnifica brillando sobre la tierra. Unos han sugerido que Números 24:17 era la profecía que oyeron. Dice, “Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no de cerca. Una estrella saldrá de Jacob; un rey surgirá de Israel.” Puede ser. O puede ser que Daniel recibiera una profecía más específica, pero no lo escribió en su libro, solo compartió con su boca. De todos modos, los sabios en Babilonia recordaron por cientos de años y se lanzó a la acción al momento de ver la estrella. Tenían un viaje largo, entonces no llegaron inmediatamente después del nacimiento de Jesús. Pero valió la pena para ellos para la oportunidad ver y adorar al niño rey.

Lo que me asombra es como Dios usa circunstancias malas como oportunidades de mostrar su gracia. El exilio en Babilonia fue un castigo al pueblo de Israel por rechazar constantemente a Dios y su palabra. Pero Dios no dejó que pereciera todo el pueblo. Preservó un remanente para volver, aunque no merecían otra oportunidad. Aún durante su exilio, Dios trabajaba por su pueblo para traer su palabra a otros y mostrar su poder. Pensamos en Daniel, y los tres hombres en el horno. Muchas veces en el antiguo testamento y en toda la historia de la iglesia cristiana, exilio produce evangelismo. Y en nuestra historia de hoy vemos los frutos inesperados de un tiempo oscuro que Dios usó para bien. Los israelitas probablemente nunca podrían imaginar que las primeras personas poderosas que iban a visitar su Mesías vendrían de su gran enemigo. Y probablemente se enojarían un poco. Pero la gracia de Dios no es justa. Eso es el punto; no recibimos lo que merecemos. La estrella que vieron los magos fue una prueba brillante de la gracia que Dios muestra a todas las naciones.

Hablamos un poco de la estrella. Personas han estudiado los movimientos de las estrellas y planetas para explicar el fenómeno, pero en la historia es obvio que sea algo milagroso de Dios. Aparece en un tiempo específico y se movió para mostrar una ubicación especifica. Aparentemente no era visible durante la visita de los magos en Jerusalén, pero apareció después para guiarlos al niño. Fue un milagro de Dios.

¿Recuerdan ustedes la reacción de los magos al ver la estrella? “Regocijaron con muy grande gozo.” En contraste con la perturbación o apatía de los líderes de Jerusalén, los extranjeros regocijaron en los milagros y las promesas de Dios. Es difícil para mí leer la historia sin preguntarme, ¿Cuál reacción seria la nuestra? ¿De los sumo sacerdotes o de los magos? Y tenemos que confesar, no es de los magos. No siempre buscamos primeramente a Dios y su reino. Cuando damos las ofrendas, muchas veces no traemos las primicias, sino lo que queda después de nuestros deseos. Y no ponemos suficiente peso en las palabras de Dios, porque es más cómodo vivir buscando lo que es fácil, sin celo por el servicio de Dios. Dudamos que Dios cumpla sus promesas. ¿Si yo fuera de Jerusalén y escuchara las noticias de un rey, iría a Belén? Si soy totalmente honesto, la respuesta es probablemente no. La gente no buscaba un salvador, y eso es precisamente porque lo necesitaban.

El mundo necesita un salvador quien vino para buscar y salvar a los perdidos. Y aunque parecía extraño, el niño Jesús era esta persona. Los regalos de los magos nos muestran aspectos varios de la vida de Jesús. Oro es un regalo para reyes y personas poderosas, y aunque el reino de Jesús no era lo que querían los judíos de la época, es un reino poderoso que impacta a todo el mundo. El incienso era usado en alabanza, su humo como representación de las oraciones del pueblo. Jesús iba a cerrar la distancia entre nosotros y Dios, para que ya no fuera necesario tener sacerdotes para interceder, porque ahora él es nuestro sumo sacerdote. Y el ultimo regalo, la mirra, presagia la manera en que Jesús iba a cumplir la salvación. Es una fragancia cara típicamente usada para lavar y sepultar los muertos. El rey del mundo ha llegado, pero su reino no era un reino típico. Sin embargo, era el reino que el mundo necesitaba.

Los hombres sabios no sabían todos estos detalles cuando trajeron sus regalos. Solo confían en las promesas de Dios. No sabían, solo confían. Su comportamiento es un ejemplo para nosotros en nuestras vidas. Gracias a Dios, tenemos mucho más de la historia de salvación que los magos. Pero todavía tenemos las tentaciones de apatía como los líderes, o ira contra el mensaje como Herodes, o el egoísmo de no compartirla. Cuando veo los ejemplos de los pastores y magos, estoy avergonzado por mi reacción a los milagros y promesas de Dios. ¡Gracias a Dios que estas cosas no son las que definan mi relación con Dios! No, es el milagro más increíble de Dios que él nos ha llamado hijos a pesar de nuestro pecado. En Epifanía no solo nos regocijamos que Dios ha revelado su salvador, nos regocijamos que el salvador vino para todas las naciones, incluso nosotros. Como dice en nuestra lectura en Efesios, “los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y coparticipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio.” Somos coparticipes de la promesa. El principio del evangelio de Mateo muestra claramente que Jesús no solo vino para los judíos, sino para buscar a todos los perdidos, no importa de donde eran. Hoy escuchamos Isaías dice, “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.” La estrella del oriente guio a los magos hasta la luz de las naciones, el salvador para todos.

Pero como vimos en nuestra lectura, no todos lo reciben con alegría. Como Herodes, para muchas personas, el mensaje del Mesías no es de gozo, sino de una amenaza y vergüenza. El pensamiento que el Mesías iba a tener un reino espiritual y no físico dio vergüenza a unos judíos. La ley de Dios es una amenaza a la vida pecaminosa, a la creencia que puedo hacer lo que quiero si no daño a nadie. La verdad que los seres humanos necesitan un salvador es una amenaza a la idea que generalmente somos buenas personas. El mundo lucha contra Jesús y su mensaje. Y lucha contra nosotros también. Pero el mundo lucha en vano, porque Jesús ya ganó. El pecado y la muerte nos amenaza, pero Jesús quitó su poder. En la Epifanía vemos el niño como prueba ultima que Dios cumple sus promesas. Dice Pablo en Romanos 8, “38Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Epifanía revela el amor de Dios para todas las naciones, para todas las personas, para ti, y para mí. Vendrán para nosotros tiempos de exilio, tiempos de desafío. Pero creemos que el autor de la vida también es autor de nuestras vidas y es capaz de escribir una historia más bella que hubiéramos pensado que era posible. Nuestro Dios cambia extranjeros en hijos, cambia exilio en evangelismo, y cambia nosotros los perdidos en coherederos de la vida eterna. Amén

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