Tercer domingo de Pascua

Vive para devolverme la esperanza.

Tema del Día

Desde la caída en el pecado, la esperanza del pueblo de Dios estaba ligada al Mesías, que aplastaría a la serpiente, pero al hacerlo sería herido en el talón. El plan de redención siempre incluía sangre. La esperanza cierta de la vida eterna con Dios se funda en la muerte sacrificial y la resurrección victoriosa de Cristo. Dios había prometido esta antigua esperanza a nuestros primeros padres en el jardín, en la aurora de los tiempos. Dios había llevado esta antigua esperanza en su Palabra a través de los tiempos.

Oración del día

Oh Dios, por la humillación de tu Hijo, levantaste a este mundo caído de la desesperación de la muerte. Por su resurrección a la vida, concede a tu pueblo fiel la alegría del corazón y la esperanza de las alegrías eternas; por tu Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén

Primera Lectura: 1 Pedro 1:17-21

Esta es la segunda de una serie de seis lecturas de 1 Pedro. La primera epístola de Pedro es una carta de esperanza en medio del sufrimiento. Escribe a creyentes elegidos por Dios, pero perseguidos por su fe. Las pruebas y el dolor intentan ahogar nuestra esperanza, pero ¡qué vacía sería la vida si siguiéramos el camino del mundo! No tendríamos más que una vida corta en este mundo de dolor, sin esperanza de un futuro mejor. Nuestra esperanza se restaura cuando recordamos que fuimos redimidos por la sangre de Cristo y que un día nos reuniremos con nuestro glorioso Salvador en nuestro hogar celestial. Hasta ese día, vivimos en este mundo como extraños que se centran en volver a casa.

17Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; 18sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, 21y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.

Salmo 116

La Iglesia canta el Salmo 116 en los oficios que celebran que el Señor nos libra de la muerte. El significado original de «copa de salvación» es discutido, pero como el salmo se cantaba comúnmente en la Pascua, llegó a asociarse con la Santa Cena. Martín Lutero dijo: «El Salmo 116 es un salmo de agradecimiento. El salmista está alegre, dando gracias a Dios por haber escuchado su oración y por haberle rescatado de las agonías de la muerte y de las angustias del infierno. Los enemigos siguen amenazándonos y quieren que bebamos de la copa de su ira. Pero nosotros tomamos el cáliz de la gracia y la salvación, y mediante la predicación derramamos ese cáliz sobre cualquiera que quiera beber con nosotros y obtener su consuelo de la palabra de la gracia. »

1 Amo a Jehová, pues ha oído

Mi voz y mis súplicas;

2 Porque ha inclinado a mí su oído;

Por tanto, le invocaré en todos mis días.

3 Me rodearon ligaduras de muerte,

Me encontraron las angustias del Seol;

Angustia y dolor había yo hallado.

4 Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo:

Oh Jehová, libra ahora mi alma.

5 Clemente es Jehová, y justo;

Sí, misericordioso es nuestro Dios.

6 Jehová guarda a los sencillos;

Estaba yo postrado, y me salvó.

7 Vuelve, oh alma mía, a tu reposo,

Porque Jehová te ha hecho bien.

8 Pues tú has librado mi alma de la muerte,

Mis ojos de lágrimas,

Y mis pies de resbalar.

9 Andaré delante de Jehová

En la tierra de los vivientes.

10 Creí; por tanto hablé,

Estando afligido en gran manera.

11 Y dije en mi apresuramiento:

Todo hombre es mentiroso.

12 ¿Qué pagaré a Jehová

Por todos sus beneficios para conmigo?

13 Tomaré la copa de la salvación,

E invocaré el nombre de Jehová.

14 Ahora pagaré mis votos a Jehová

Delante de todo su pueblo.

15 Estimada es a los ojos de Jehová

La muerte de sus santos.

16 Oh Jehová, ciertamente yo soy tu siervo,

Siervo tuyo soy, hijo de tu sierva;

Tú has roto mis prisiones.

17 Te ofreceré sacrificio de alabanza,

E invocaré el nombre de Jehová.

18 A Jehová pagaré ahora mis votos

Delante de todo su pueblo,

19 En los atrios de la casa de Jehová,

En medio de ti, oh Jerusalén.

Aleluya.

Segunda Lectura: Evangelio de Lucas 24:13-35

Para estos dos discípulos en el camino, fue un día de gran perplejidad, tristeza y desilusión. Salieron de la Ciudad Santa habiendo oído el relato de las mujeres y de Pedro y Juan, pero su comprensión del plan de salvación de Dios era deficiente. No esperaban una resurrección. Juan pone el dedo en el problema de los discípulos: «Hasta entonces no habían entendido la Escritura, que dice que Jesús tenía que resucitar.» (Juan 20:9). Su vista, su lógica, sus emociones y sus expectativas los habían llevado a abandonar lo que las Escrituras lo habían predicho.

13Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada [Emaús], que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. 14E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. 15Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. 16Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. 17Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? 18Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? 19Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; 20y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. 21Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. 22Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; 23y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. 24Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron. 25Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! 26¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? 27Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

28Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. 29Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. 30Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. 31Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. 32Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? 33Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, 34que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. 35Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.

Texto Sermón: Hechos 2:14a, 32-41

Esta lectura continúa el sermón de Pentecostés de Pedro con la culminación de su mensaje al pueblo de Israel. Habían perdido la antigua esperanza largamente prometida y, en cambio, depositaban su esperanza en el cumplimiento puntilloso de las ordenanzas humanas. El sermón de Pedro su falsa esperanza en pedazos. ¿Podría haber una mejor predicación de la ley específica que las palabras de Pedro aquí? ¿Podría haber una mejor predicación del evangelio específico como la de Pedro que restaura su esperanza a través del dulce mensaje de Cristo crucificado y resucitado por los pecadores?

14Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo:

32A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. 34Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:

Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi diestra,

  35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

36Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

37Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? 38Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. 40Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. 41Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

A ESTE JESÚS RESUCITÓ DIOS

El versículo 40 de nuestro texto para este día habla de la generación perversa, no solo hace referencia a los incrédulos en ese momento de Pentecostés, sino que habla de todos los incrédulos que hay en el mundo entero. Nosotros sabemos que es vivir en incredulidad, no creer en Jesús como el Señor y Cristo. Cada uno de nosotros entendemos hoy las palabras del salmo para hoy, (116:3) Me rodearon ligaduras de muerte, Me encontraron las angustias del Seol; Angustia y dolor había yo hallado. Esto fue lo que nos hizo sentir la predicación de la Ley, nos mostró la muerte espiritual en la que vivíamos, la muerte eterna que merecemos por nuestros pecados y por esto pensar en el Seol, la muerte física por la cual pasaremos.  Pero al pasar por la muerte física llegaríamos al infierno por nuestra incredulidad. Este verso del Salmo muestra que al estar muertos espiritualmente no podemos hacer nada por nosotros mismos para tener vida eterna. Pero hoy en día somos tan orgullosos que aún Dios queriéndonos sacar de la generación perversa solo decimos que aceptamos o recibimos a Cristo en nuestras vidas como si tuviéramos el control de Dios. Hoy el mundo cristiano es un fracaso porque cree que puede controlar a Dios por medio de diezmos, oraciones, sacrificios, peregrinaciones y hasta creen que pueden entender la mente del Señor sabiendo el futuro. Tristemente esto nos lleva a reconocer que el cristianismo hoy en día es tan perverso como los mismos incrédulos porque solo se deja llevar del orgullo pecaminoso lo cual nos hace merecedores de la muerte eterna por quitar toda la Gloria a Dios y dar toda la gloria al hombre.

En esta sección que estamos meditando en este tercer domingo de pascua está llena de doctrinas fundamentales, las cuales el Espíritu Santo nos ha llevado a confesar para que podamos ser salvos. El Sacrificio, muerte y resurrección de Jesús y, su exaltación. Pero también vemos la Trinidad en estos versículos y esto nos enseña dos cosas, la primera, si no creemos en estas doctrinas o tenemos muchas confusiones con estas, nuestra salvación está en peligro porque estamos pasando por encima de lo que nos enseña la Palabra de Dios usando nuestras propias interpretaciones y segundo podemos ver todo el amor de Dios en estos versículos porque muestra todo lo que hizo por nosotros al sacarnos de la generación perversa, de los incrédulos. Nosotros siempre que estamos orando o meditando en la Palabra de Dios necesitamos reconocer que somos siervos inútiles y por lo tanto merecemos morir eternamente por no agradecer las bendiciones de nuestro Dios, puesto que no le tememos como debería ser.

El Espíritu Santo en este tiempo de Pascua quiere centrarnos en quien es Jesús, el Señor y el Cristo y es por esto que nuestro tema de hoy es muy claro: A ESTE JESÚS RESUCITÓ DIOS, este es el centro del mensaje de los apóstoles y necesita ser el centro de nuestra predicación de la iglesia hoy en día. Paremos de hablar de nuestras obras o lo que podemos ser y hablemos solo de Jesús como el Señor y Cristo. Desde el Antiguo Testamento Dios había marcado como sería la redención del mundo y por esto había tantos sacrificios de sangre en su adoración, todo esto apuntaba a lo que Jesús iba hacer en la Cruz por toda la humanidad, Pedro lo dijo en este magistral sermón: 36Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Jesús fue crucificado como plan de Dios con un solo propósito que Pedro no solo lo dijo en este sermón sino que también en su primera carta lo escribió: 18sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, 21y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios. (1 Pedro 1:18-21). Con la sangre de Cristo fuimos rescatados de nuestra incredulidad, fuimos sacados de la generación perversa y ahora somos hijos de Dios. Pedro también menciona que Jesús siendo el cordero sin mancha señala su perfección, Él por amor a nosotros vivió una vida perfecta, nunca cambio el mensaje de la Palabra que el Padre le había encomendado y nunca hizo parte de la generación perversa, al contrario, vivió entre ellos para mostrarles su pecado y traerlos a la fe en Él y todo esto lo hizo para que nosotros fuéramos perdonados y vivamos en la verdadera Paz que ganó por nosotros.

Pero ahora, ¿Cómo nos beneficiamos de la obra de Cristo? Una vez más, nosotros no tenemos participación en esto y es el momento que el mundo cristiano deje el orgullo de vanagloriase que pueden manipular a Dios y solo señalar a los medios de Gracia, que Dios nos ha dado para que nosotros no solamente tengamos el perdón de los pecados, sino también la fe en Cristo Jesús y la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. Pedro llamó al arrepentimiento en su sermón, esto es la predicación de la ley, les mostró que ellos eran culpables de la muerte de Jesús porque le asesinaron, ellos desecharon la Gracia de Dios. Pero ese día de Pentecostés llego la Gracia, el Bautismo en el nombre de Jesús, que es un medio de Gracia, donde se une el Agua, no importa la manera de usarla, junto con el nombre del Dios Trino, el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, este es el Bautismo en el nombre de Jesús, unir el agua al nombre del Dios Tino y seremos salvos. ¡Gracias a Dios por nuestros padres que nos llevaron al bautismo siendo niños! Y ¡Gracias a Dios que nos ha dado el privilegio de llevar a nuestros hijos al Bautismo! Para que tengan fe en Cristo y perdón de pecados. El mundo cristiano necesita parar la mentira que hay varios bautismos, o el bautismo es un paso de obediencia, o solo se puede bautizar los que tienen conocimiento de pecado y puedan tener razón para confesar a Jesús como su Señor y Salvador. ¡Que mediocridad del cristianismo! ¡que falsedad al predicar la Palabra! Este mensaje no salva. Lo que salva no es lo que el hombre pueda hacer para Dios, lo que realmente salva es todo lo que Dios hizo por nosotros al enviar a Jesús a este mundo y con su doble sustitución nos redimió y ahora Él está exaltado por la diestra de Dios (Hechos 2:33). Y en su estado de Exaltación 50 días después de su resurrección cumplió la promesa de enviar al Espíritu Santo y lo que hizo ese día de Pentecostés fue una gran cosecha espiritual por medio del Bautismo, tres mil personas fueron convertidas y como el Evangelio que es otro medio de Gracia siguió su camino hasta el día de hoy, donde nosotros vivimos esta promesa que Dios nos dio a nosotros, a nuestros hijos, a los que están lejos que el Señor los llamaré para que seamos su iglesia.

Hoy en este tercer domingo de Pascua, nosotros la iglesia de Dios vivimos en sus promesas. David no tuvo que ir al cielo para recibir este mensaje, nosotros tampoco necesitamos hacerlo, pero para conocer las promesas de Dios necesitamos tener un contacto diario e íntimo con la Palabra de Dios, ella está llena de tantas historias y verdades que solo muestran nuestro pecado y todo lo que Cristo hizo por nosotros en su obra de Redención y es por esto que nosotros como su iglesia necesitamos seguir usando las marcas de la iglesia, los medios de Gracia, la predicación del Evangelio, el Bautismo y la Santa Cena para que siga corriendo este mensaje hasta la segunda venida de Cristo: A ESTE JESÚS RESUCITÓ DIOS. Amén.

Himnos

290 En tú nombre aquí reunidos

82 A Cristo Proclamad

47 Cristo Vida del viviente

185 Naciones todas Alabad

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