Natividad de Nuestro Señor- Navidad

Ha nacido un Salvador para habitar entre nosotros.

Tema del Día:

Los cultos de Navidad ocupan un lugar especial en el corazón del pueblo de Dios. Porque toda la historia condujo a lo que ocurrió en este día. No nos reunimos para recrear el momento. Nos reunimos porque el momento no necesita ser recreado. León Magno comentó la perspectiva desde la que celebramos esta fiesta: «’Debemos’ -dijo- ‘pensar en el nacimiento del Señor, en el que el Verbo se hizo carne, no como un acontecimiento pasado que recordamos, sino como una realidad presente que contemplamos’». No es que haya nacido un Salvador. Es que ha nacido un Salvador. Hoy la fiesta despliega las implicaciones de la encarnación.

Oración del día

Blanco Dios todopoderoso, concédenos que el nacimiento de tu Hijo único en la carne nos libere de nuestra antigua esclavitud bajo el yugo del pecado; por tu Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén

Primera lectura: Isaías 52:7-10

El retorno de Israel del cautiverio prefigura la obra del Verbo hecho carne que redimió a la humanidad del pecado. La profecía muestra a los centinelas de Jerusalén de pie en las murallas de la ciudad. De repente, ven a unos mensajeros que descienden de los montes que rodean Sión. Los centinelas gritan de alegría porque los mensajeros traen noticias de paz, bondad y rescate: ¡Tu Dios reina! Dios tiene el control y gobierna para su pueblo.

7¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina! 8¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sion. 9Cantad alabanzas, alegraos juntamente, soledades de Jerusalén; porque Jehová ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido. 10Jehová desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro.

Salmo 98

La Iglesia canta el Salmo 98 en los servicios en los que alaba a Dios por traer justicia y salvación a las personas de todo el mundo. Tradicionalmente se canta el día de Navidad. Martín Lutero dijo: «Como el Salmo 97, el Salmo 98 es una profecía del reino de Cristo que se extiende por todo el mundo. Invita a todos a alegrarse y a alabar a Dios por su salvación. Lo hacemos predicando y dando gracias por la redención que se nos ha dado por medio de Cristo. Él nos ha redimido del pecado y de la muerte por sí mismo, sin mérito nuestro».

Salmo.

1Cantad a Jehová cántico nuevo,

Porque ha hecho maravillas;

Su diestra lo ha salvado, y su santo brazo.

2Jehová ha hecho notoria su salvación;

A vista de las naciones ha descubierto su justicia.

3Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel;

Todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.

4Cantad alegres a Jehová, toda la tierra;

Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos.

5Cantad salmos a Jehová con arpa;

Con arpa y voz de cántico.

6Aclamad con trompetas y sonidos de bocina,

Delante del rey Jehová.

7Brame el mar y su plenitud,

El mundo y los que en él habitan;

8Los ríos batan las manos,

Los montes todos hagan regocijo

9Delante de Jehová, porque vino a juzgar la tierra.

Juzgará al mundo con justicia,

Y a los pueblos con rectitud.

Segunda lectura: Hebreos 1:1-9

En Jesucristo se cumplieron todas las promesas que Dios había hecho. En esta era de promesas cumplidas, la interacción de Dios con la humanidad cambió fundamentalmente. En el pasado, Dios enviaba ángeles y profetas como mensajeros a su pueblo. Pero en estos últimos días, Dios envió a Aquel que hizo el universo y lo sostiene con el aliento de su boca.

1Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.

5Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:

Mi Hijo eres tú,

Yo te he engendrado hoy,

y otra vez:

Yo seré a él Padre,

Y él me será a mí hijo?

6Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice:

Adórenle todos los ángeles de Dios.

7Ciertamente de los ángeles dice:

El que hace a sus ángeles espíritus,

Y a sus ministros llama de fuego.

8Mas del Hijo dice:

Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;

Cetro de equidad es el cetro de tu reino.

9Has amado la justicia, y aborrecido la maldad,

Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo,

Con óleo de alegría más que a tus compañeros.

Texto del Sermón: Evangelio de Juan 1:1-14

la encarnación de Cristo superó a la Tienda del Encuentro, al templo, a Moisés y a todo lo demás. Cuando Jesús nació, Dios se hizo carne y acampó entre nosotros. Aquí estaba el verdadero templo; aquí estaba la verdadera y definitiva revelación de Dios a los hombres; aquí estaba el lugar donde encontrar a Dios.

1En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2Este era en el principio con Dios. 3Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

6Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. 7Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 8No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

9Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

14Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

AMADOS DE DIOS, CELEBREMOS NUESTRA FE

¡Ven a la iglesia conmigo!, esta es una invitación que con frecuencia hacemos, pero es respondida por pocos. Si pensamos en la cantidad de personas que invitamos a la iglesia, tal vez una o dos, vinieron una vez, pero los otros nos prometen que alguna vez vendrán. Pero ¿por qué muchas personas no prestan atención a nuestra invitación? La respuesta es que no sabemos compartir nuestra fe con otros, creemos que es una palabra mágica el término “iglesia”, pero en realidad es una palabra que aleja a muchos porque ven a la iglesia del Señor confundida, vacía y sin una fe viva y real. Para darnos cuenta de este problema necesitamos ver cuál es el método que usamos para compartir nuestra fe. Hoy estamos frente a una de las enseñanzas más prodigiosas que Dios nos ha revelado, la encarnación del mismo Dios. ¿Cómo explicamos esto a otros? ¿Qué palabras podemos usar para que las personas puedan ver la necesidad de tener una relación con Dios y congregarse frecuentemente? Es aquí donde encontramos nuestro principal problema, la falta de estudio de la Biblia nos impide poder contar a otros lo que es nuestra fe y como la encarnación de Dios es importante para cada uno de nosotros.

El Espíritu Santo usa al apóstol Juan para que nosotros podamos explicar a otros que es la encarnación de Jesús y cómo afecta positivamente nuestra fe para contar a otros lo que creemos. Como estudiosos de la Biblia sabemos lo que el apóstol Pablo enseña en Romanos 8:5 Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Este versículo nos pone frente a un espejo a cada uno de nosotros. ¿nos controla nuestra carne o el Espíritu Santo? Si nuestro matrimonio es un caos, donde la separación, los gritos y la infidelidad son notables para todos los que están alrededor. Si cada vez que abrimos nuestra boca somos hirientes, mentirosos y solo queremos mostrar que somos mejores que otros. Si vivimos en la anarquía demostrando que no nos sometemos a otros solo porque nos creemos rebeldes y así nos comportamos como hijos, en el mundo secular y hasta en la iglesia. Si cuando estamos con otros solo ven en nosotros desconfianza y miedo es porque vivimos según la carne y esto nos imposibilita poder contar nuestra fe a otros porque ellos solo ven en nosotros tinieblas y esto muestra que merecemos la muerte eterna por ir en contra de Dios y su Palabra.

Pero Dios es tan misericordioso que nos escogió a cada uno de nosotros que amamos la carne para habitar en nosotros y transformar nuestras vidas por el poder del Evangelio. El apóstol usa la expresión: habitó entre nosotros. Como estudiosos de la Biblia aprendemos que esto es un término que se usa para hablar de una carpa o un tabernáculo y por esto vamos al Antiguo Testamento y recordamos el mandato de Dios a Moisés de construir un Tabernáculo para que acompañara al pueblo en el desierto. “Me erigirán [los israelitas] un santuario, y habitaré en medio de ellos” (Éxodo 25:8).  Al hacer este paralelismo entre el apóstol Juan y Moisés, entre el Antiguo y Nuevo testamento podemos apreciar la encarnación de Jesús, el Verbo hecho Carne. Por consiguiente, cuando Jesús nació, el Señor vino a morar en persona entre nosotros. Él era Emanuel, que significa: Dios con nosotros, y “vimos su gloria”. ¿Dónde vemos la Gloria de Dios en nosotros? Pablo nos da la respuesta a esta pregunta: 10Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.  (Romanos 8:10-11). En el perdón de nuestros pecados vemos la Gloria de Dios entre nosotros porque no solo vemos un pesebre como recordatorio del nacimiento de Jesús, sino que vemos como el Verbo, la Palabra se hizo Carne para vivir con y dentro de nosotros. El apóstol Juan nos presenta la vida perfecta de Jesús 4En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. La perfección en la vida de Jesús hace que sea la Luz que resplandece en la oscuridad del pecado. Hoy el Padre en los cielos nos ve santos y justos por la vida de Jesús, Él no solo vivió perfectamente, sino que fue a la cruz para vencer la oscuridad del pecado en nosotros y hoy cada uno de nosotros podemos dar gracias por nuestra fe que nos hace creer en la encarnación de Dios. Se hizo hombre para nuestro bienestar en este mundo y en la eternidad. Se hizo hombre para traernos la verdadera Paz que es eterna y nos fortalece en este mundo lleno de tanta oscuridad.

Es por esto que antes de invitar a alguien a venir a la iglesia necesitamos ser como Juan el Bautista, él fue un profeta especial y mostró en su vida que la prioridad era hablar del Mesías. 6Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. 7Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 8No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.  Tres veces aparece el termino testimonio en estos tres versículos. Este termino significa ser una prueba o testigo de algo que es verdadero, lo verdadero es la Luz, Dios hecho hombre en la persona de Jesús es verdadero y que Él vive en nosotros también es verdadero y es por esto que nuestra fe es verdadera y también mostramos en nuestra vida como la fe afecta positivamente nuestro diario vivir. Todos nosotros conocemos el alcance de nuestro viejo hombre, pero también confiamos que el Evangelio es poderoso y hace predominar nuestro nuevo hombre y es ahí la clave para hablar a otros de Jesús, no es una vida perfecta, no es comportarnos como hipócritas mostrando lo que no somos, no es mostrar una vida de humo. Mostrar a otros que tenemos la misma necesidad de ellos a causa de nuestro pecado, que vivimos las mismas consecuencias de los actos pecaminoso es la manera de mostrar la Gloria de Dios en nuestras vidas. Hoy es el momento de pedir perdón y vivir en el perdón. Cuando los esposos aprecian el perdón de Cristo en sus vidas, mostrarán a sus vecinos y amigos que el matrimonio es un testimonio vivo de la obra de Cristo. Recordemos que la Biblia nos muestra la relación de Cristo y su Iglesia en terminos de matrimonio y su verdadero amor hacia ella. Pero también como hijos vamos aprender a obedecer y respetar a nuestros padres, cuando se tiene esta actitud cristiana mostramos ser testigos del Evangelio y esto afectará a otros que necesitan hoy de la Palabra de Dios. Cuando el Evangelio nos vuelve prudentes en nuestra manera de pensar, hablar y obrar, otros encontrarán en nosotros sabiduria y esta sabiduria es contar nuestra fe a otros, esta sabiduria es mostrar que fuimos librados de la oscuridad de la incredulidad y el infierno y, hoy somos testimonios del Evangelio mostrando amor ágape no solo entre nosotros sino también con el prójimo.

Dios nos usa a cada uno de nosotros para que hablemos que Él es el creador de todo. Pero muchos hoy en día van a rechazar este mensaje de Salvación, así como el evangelista Juan lo dijo: 10En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. En la Palabra vemos la evidencia de todos los que rechazaron a Jesús como su Señor y Salvador. Pero nosotros hoy damos gracias por el regalo que Dios nos dio a cada uno de nosotros porque 12Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. La manera de contar a otros acerca de Jesús es con toda la confianza que somos hijos de Dios, fuimos engendrados por el poder del Evangelio y el Santo Bautismo. La manera que podemos enseñar a otros a cerca de nuestra fe es contar la historia de como Dios se hizo hombre por amor a cada uno de nosotros y este mismo amor lo vamos a practicar con todo aquel que está en nuestro alrededor hasta que seamos llamados a nuestro hogar celestial. Amén

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