Cuarto domingo después de Epifanía
El sermón del Salvador: ¡Confía en la fuerza de Dios!
Tema del Día: Después de que Jesús llamara a sus discípulos y las multitudes comenzaran a seguirle, se dispuso a enseñarles lo que significaba ser sus discípulos. Las lecturas de hoy centran nuestra atención en la mansedumbre y la humildad que trae consigo el arrepentimiento. No tenemos fuerza ni sabiduría propias, pero no las necesitamos, porque la fuerza de Dios basta para dar el reino de los cielos a los pobres de espíritu y la tierra como herencia a los mansos.
Oración del Día: Dios todopoderoso y eterno, mira con misericordia nuestras debilidades, y en todos nuestros peligros y necesidades extiende la diestra de tu majestad para ayudarnos y defendernos; por tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén
Primera lectura: Sofonías 2:3; 3:11-13
Durante casi cien años, la voz profética de Dios había permanecido en silencio. Por eso resulta tan sorprendente el comienzo de la profecía de Sofonías. Dios anuncia un juicio inminente desde sus primeras palabras: «Barreré todo de la faz de la tierra, declara el Señor. Barreré al hombre y a la bestia; barreré las aves del cielo y los peces del mar, y los ídolos que hacen tropezar a los impíos. Cuando destruya a toda la humanidad sobre la faz de la tierra’, declara el Señor, ‘extenderé mi mano contra Judá y contra todos los que habitan en Jerusalén’ » (Sofonías 1:2-4). El día de ira que se avecinaba traería estragos nunca vistos desde el diluvio.
3Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizá seréis guardados en el día del enojo de Jehová.
3
11En aquel día no serás avergonzada por ninguna de tus obras con que te rebelaste contra mí; porque entonces quitaré de en medio de ti a los que se alegran en tu soberbia, y nunca más te ensoberbecerás en mi santo monte. 12Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, el cual confiará en el nombre de Jehová. 13El remanente de Israel no hará injusticia ni dirá mentira, ni en boca de ellos se hallará lengua engañosa; porque ellos serán apacentados, y dormirán, y no habrá quien los atemorice.
Salmo 1
La Iglesia canta el Salmo 1 en los servicios que subrayan los beneficios de la meditación de la ley del Señor. La Palabra de Dios nos hace florecer y dar buenos frutos, especialmente el amor a Dios que desemboca en el amor a los seres humanos. El padre de la Iglesia Jerónimo llamó a este salmo «la entrada principal a la mansión del Salterio». Martín Lutero dijo: «El primer salmo es un salmo de consuelo. Nos exhorta a escuchar y aprender con gusto la Palabra de Dios para nuestro propio consuelo. El Salmo 1 coincide con la segunda y tercera petición del Padrenuestro, pues en él oramos por el reino de Dios y la voluntad de Dios, que son transmitidos por la Palabra. El fundamento y la idea principal de este primer salmo es el Tercer Mandamiento, pues alaba la instrucción en la Palabra de Dios, que debemos oír, aprender y leer con gusto».
1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.
3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.
4 No así los malos,
Que son como el tamo que arrebata el viento.
5 Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio,
Ni los pecadores en la congregación de los justos.
6 Porque Jehová conoce el camino de los justos;
Mas la senda de los malos perecerá.
Segunda lectura: 1 Corintios 1:26-31
Pablo señala a los corintios como ejemplo de la fuerza de Dios que se perfecciona en la debilidad. La mayoría de ellos no procedían de la alta sociedad o de las filas de los sabios. Sin embargo, Dios los eligió. La lista de Pablo de los elegidos de Dios encaja bien con la descripción que hace Jesús de los bienaventurados en el Evangelio. Dios elige a los perdedores de este mundo, no a los vencedores; elige a los débiles, no a los fuertes, para que no haya dudas sobre la naturaleza de su gracia unilateral.
26Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29a fin de que nadie se jacte en su presencia. 30Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; 31para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.
Evangelio: Mateo 5:1-12
En las Bienaventuranzas, nuestro Salvador pone el mundo patas arriba. Llama bienaventuradas a las personas que este mundo nunca lo haría. Llama bienaventurados a los que el mundo usaría como felpudos. El mundo alaba a los descarados, a los fuertes y a los autosuficientes. Jesús llama bienaventurados a los que otros ven como débiles o simples. Para vivir en esta clase de bienaventuranza se requiere una profunda confianza en la fuerza del Señor y en su poder.
1Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. 2Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:
3Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
5Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
7Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
9Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
11Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
NUESTRO DIOS NOS HIZO BIENAVENTURADOS POR EL PODER DEL EVANGELIO
Hace pocos días me contacto un arzobispo de una iglesia luterana para invitarme, junto con ustedes para trabajar juntos en ayudar a las personas materialmente, es el enfoque del evangelio social. Primero le pregunté que me compartiera su confesión de fe y solo me dijo que creen en lo que la Biblia dice y después me compartió un listado de cosas que ellos creen, pero sin explicación. Dentro de ese listado nunca mencionó la justificación, nunca mencionó la doctrina fundamental de la Escritura y esto me hizo pensar que muchos hoy en día no saben que es ser un cristiano. Pero que apropiado este sermón del monte en este tiempo de la Epifanía porque este mensaje de Jesús no nos enseña que haya tipos de cristianos, tampoco nos enseña lo que tenemos que hacer para ser cristianos, pero sí nos enseña Jesús cual es el efecto de vivir siendo un cristiano.
El Salmo 1 es un buen punto de inicio para la meditación del sermón del monte que inicia con las bienaventuranzas, declaración de bendiciones. Este salmo habla del varón que no anduvo en consejo de malos, ni en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores, sino que dedica su tiempo y tiene la delicia de estar con la Palabra de Dios. Este varón que habla los primeros versos de este salmo nos representa a cada uno de nosotros, los creyentes. Por esto esté salmo, junto con el texto de Mateo nos enseña que la vida del creyente consiste en: resistir al pecado, amar la Palabra de Dios, y producir los frutos de la fe. Pero lo difícil de todo esto es como el viejo hombre pone tropiezo en la mirada de lo que es un cristiano guiado por el Espíritu Santo y es por esto que no somos capaces de ver todo el plato lleno, sino una esquina con un poco de comida. Nuestra carne pecaminosa nos lleva frecuentemente a caer en pecado, nuestros ojos que solo pueden ver con adulterio y avaricia a los demás; nuestra boca que solo puede hablar palabras ofensivas, chismes y mentiras; nuestra mente con nuestros malos pensamientos donde hemos querido ser los peores asesinos de este mundo y nuestras manos y pies que solo corren para el conflicto, las peleas y adorar a hombres haciéndolos nuestros dioses. Todos estos ejemplos solo muestran mis hermanos que somos como el otro varón del salmo 1 que anda entre los malos y es por esto que merecemos perecer en el infierno eterno por amar más este mundo que a Dios. Pero esto no muestra que el Espíritu Santo es débil o no puede controlarnos, esto es la explicación de lo que Pablo escribió a los romanos: Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. (Romanos 7:18) mientras estemos en este mundo, nuestro viejo hombre será un tropiezo en nuestras vidas poniendo freno al Espíritu Santo y es por esto que no vemos el plato lleno.
Pero este tiempo de Epifanía nos ha traído un regalo inmerecido: Los magos de oriente son la prueba que Jesús es el Salvador de todo el mundo, judíos y gentiles, Juan el Bautista señaló a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y el apóstol Juan nos manifestó que este Verbo habitó entre nosotros y todo esto para que el Espíritu Santo haga de cada uno de nosotros bienaventurados porque nos ha conectado con Jesús, su vida perfecta y su sufrimiento, muerte y resurrección. Jesús nunca fue pobre de espíritu, ni lloró por su pecado porque es Dios mismo y es por esto que nunca peco porque en su carne hay ausencia del pecado, la perfección de Él que podemos ver en los evangelios con pensamientos perfectos, palabras verdaderas y acciones guiadas por el verdadero amor lo hizo para que cada uno de nosotros recibiéramos el perdón de nuestros pecados y seamos hijos de Dios. Su sacrificio y muerte en la cruz que sufrió por la persecución de sus enemigos, pero con el amor hacia el Padre Celestial y a nosotros lo hizo con un propósito increíble: y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. (2 Corintios 5:15). Pero detrás de toda esta maravillosa escena está el Espíritu Santo con el poder del Evangelio no solo nos dio el perdón de los pecados, sino que también nos dio Fe en la obra de Jesús y esta confianza en Jesús produce que seamos bienaventurados y la obra grande del Espíritu Santo en todo esto es mantenernos vivos espiritualmente mientras estamos en este mundo.
Volvemos a la explicación: Un cristiano resiste al pecado, ama la Palabra de Dios, y produce los frutos de la fe. Somos pobres de espíritu, porque cada día con nuestra oración reconocemos nuestro pecado y nuestra culpabilidad delante de Dios de merecer la muerte eterna por nuestra infidelidad a Él al no cumplir los diez mandamientos. Pero el regalo del reino de los cielos nos ha hecho ricos delante de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús porque también en la oración y adoración diaria damos gracias a nuestro Dios por el regalo del Evangelio en nuestras vidas. Somos bienaventurados no porque seamos sentimentales y mantengamos nuestras lágrimas listas en todo momento, este lloro está relacionado con lo que hace el pecado en nuestras vidas y sus consecuencias que las vivimos a diario, las tribulaciones nos muestran lo dañino que es el pecado y esto nos trae lágrimas, las cuales nosotros derramamos por ofender a nuestro Dios, este mundo en verdad es hostil para nosotros como creyentes y es por esto que moriremos a causa de ser pecadores, pero tenemos la bendición de la consolación de nuestro Dios en medio de nuestras tribulaciones nos da consuelo, fortaleza y vida eterna por los méritos de Jesús y estas dos bienaventuranzas nos llevan a resistir al pecado.
Amar la Palabra de Dios lo vemos en la bienaventuranza cuando Jesús hablo de los mansos, porque el Espíritu Santo ha puesto en nosotros el ser amables y apacibles. Mostramos quien guía nuestra vida cuando dejamos la venganza en manos de Dios, cuando aprendemos a poner la otra mejilla al no insistir en nuestros derechos y soportamos el maltrato sin tomar represarías y todo esto porque sabemos que nuestra vida no es en este mundo, nos espera el cielo y cuando Jesús venga por segunda vez estaremos en cuerpo y alma con nuestro Dios por toda la eternidad. Sólo el contacto con la Palabra de Dios guiados por el Santificador produce en nosotros hambre y sed de justicia porque sabemos satisfacer nuestra hambre y sed espiritual con Jesús pan de vida y nuestra fuente de agua viva, somos fieles a los medios de gracia al escuchar la predicación de la Palabra y acudir fielmente al sacramento de la Santa Cena y diariamente reconocemos las bendiciones de nuestro bautismo.
Finalmente nos falta hablar de producir los frutos de fe como ser misericordiosos, de limpio corazón, pacificadores, nuestra actitud en la persecución. El Paracleto hace que mostremos misericordia hacia el prójimo en sus necesidades espirituales y materiales, que siempre tengamos una actitud cristiana de servirles con un corazón limpio sin mentir, sin ser egoístas y cumpliendo lo que prometemos. En un mundo lleno de tantos conflictos y rumores de guerra, nuestro Dios nos puso en medio para ser pacificadores, no seamos extremistas y no caigamos en los extremos en nuestras posiciones frente a las cosas de este mundo, pero nuestro Dios si quiere que defendamos la verdad de su Palabra cada vez que sea mal predicada y podamos presentar defensa aunque esto nos traiga persecución , nos difamen y nos persigan porque confesamos y creemos que vivimos en este mundo esperando que nuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que nosotros y por ellos tenemos hoy la Palabra de Dios porque fueron instrumentos de Dios para predicarla y ahora cada uno de nosotros somos estos instrumentos. Hermanos en este tiempo de Epifanía nuestro Dios quiere que nos sintamos alegres por pertenecer a Cristo porque esto es vivir con la verdadera libertad, su deseo es que compartamos esta alegría con otros usando la Palabra de Dios y en su gran amor nos está esperando en nuestra morada celestial dada por Cristo. Amén
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