El sermón del Salvador: Tú eres… ¡así que sé!

Tema del Día

Jesús nos dice: Vosotros sois… así que sed. Vosotros sois la luz del mundo, así que sed luz para la tierra. Sois la sal de la tierra, sed sal para ella. Dios nos ha hecho luz; Dios nos ha hecho sal. Ahora nos llama a vivir como él nos ha hecho. Nuestra vocación de hijos de Dios significa que nuestras vidas reflejarán nuestra nueva condición, y el mundo que nos rodea será bendecido por nosotros.

Oración del día

Dios todopoderoso, que enviaste a tu Hijo unigénito como Palabra de vida para que nuestros ojos la vieran y nuestros oídos la escucharan. Ayúdanos a creer lo que las Escrituras proclaman sobre él y a hacer las cosas que son agradables a tus ojos; por tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre.

Primera Lectura: Éxodo 19:1-8a

En esta lectura Dios quería que su pueblo fuera diferente a las otras naciones y les animó recordándoles su liberación de Egipto y por esto Dijo: «Si ahora ustedes me son del todo obedientes, y cumplen mi pacto» (versículo 5). El resto de la historia de Israel narra el triste relato de su continua negativa a hacer una cosa u otra. Así que Dios volvió a elegir a un pueblo que sería lo que él había hecho de él.

1En el mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mismo día llegaron al desierto de Sinaí. 2Habían salido de Refidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y acamparon en el desierto; y acampó allí Israel delante del monte. 3Y Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel: 4Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. 5Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. 6Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

7Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado. 8Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos.

Salmo 112

La Iglesia canta el Salmo 112 en los servicios que animan a vivir con perspicacia basándose en el conocimiento de lo que Dios ha declarado que somos. Emparejado con el Salmo 111, es un acróstico corto y refleja el espíritu del Salmo 1. Martín Lutero dijo, «El Salmo 112 es un salmo de consuelo. Se alaba a las personas piadosas y temerosas de Dios por su buena vida y se les promete consuelo ante el mal. Se les anima especialmente a una sincera confianza y consuelo en la gracia de Dios».

Aleluya.

1 Bienaventurado el hombre que teme a Jehová,

Y en sus mandamientos se deleita en gran manera.

2 Su descendencia será poderosa en la tierra;

La generación de los rectos será bendita.

3 Bienes y riquezas hay en su casa,

Y su justicia permanece para siempre.

4 Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos;

Es clemente, misericordioso y justo.

5 El hombre de bien tiene misericordia, y presta;

Gobierna sus asuntos con juicio,

6 Por lo cual no resbalará jamás;

En memoria eterna será el justo.

7 No tendrá temor de malas noticias;

Su corazón está firme, confiado en Jehová.

8 Asegurado está su corazón; no temerá,

Hasta que vea en sus enemigos su deseo.

9 Reparte, da a los pobres;

Su justicia permanece para siempre;

Su poder será exaltado en gloria.

10 Lo verá el impío y se irritará;

Crujirá los dientes, y se consumirá.

El deseo de los impíos perecerá.

Segunda lectura: 1 Pedro 2:9-12

Para los incrédulos, Cristo es una roca en la que tropiezan y caen, pero tú no. Tú eres diferente. Tú eres el cumplimiento de las promesas de Dios. Eres un pueblo elegido, un sacerdocio real, un pueblo que pertenece a Dios. Vive como lo que Dios ha hecho a ti.

9Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

11Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, 12manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.

Evangelio: Mateo 5:13-20

Los cristianos bendecidos por Cristo están llamados a ser bendiciones para el mundo que nos rodea. Sus palabras nos recuerdan que no necesitamos descubrir cómo nos convertimos en sal y luz: la llamada de Jesús al discipulado ya lo ha hecho. Ahora simplemente nos llama a ser lo que somos.

13Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

14Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

17No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. 18Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. 19De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. 20Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

La Obra de Jesús: Para Nosotros y Por Nosotros

Hace 15 días dijimos que Jesús era la luz personal y mundial. Hoy también en nuestra lectura vemos el tema de la luz, pero esta vez nosotros somos la luz. Un poco extraño, ¿no? ¿Como puede ser que recibamos el mismo título que Jesús tiene? La lectura de hoy nos explica. Contiene una descripción bonita de la naturaleza y propósito de la iglesia. Aunque a primera vista parece que hay dos secciones apartes, tienen una conexión muy fuerte entre sí, y eso es la obra de Jesús.

¿Pero dónde vemos la obra de Jesús en los primeros versículos? La sección solo habla sobre nuestras obras buenas, y no hay mención de lo que hizo Jesús. Pues, si hay mención, en el contexto y también en las palabras. La lectura de hoy viene de lo que llamamos “el Sermon del Monte,” muy conocido por las muchas enseñanzas que Jesús comparte. Sin embargo, es imposible entender las enseñanzas de manera correcta sin entender cuál es la audiencia. Al principio del capítulo, leemos que Jesús empezó a hablar con sus discípulos. Estas palabras son para creyentes, los que ya tienen fe en Cristo como Mesias prometido. Para poner la idea en nuestro contexto, no son palabras para evangelizar a los perdidos, son palabras para fortalecer y enseñar a la iglesia. En nuestro vocabulario luterano confesional, hablan sobre la santificación, no de la justificación.

Por eso, importan los verbos que usa Jesús. Posiblemente ustedes recuerden de la escuela que hay presente, pasado, condicional, todo eso. Jesús dice, “sois.” Verbo presente que muestra una realidad actual. No dice que en el futuro si hacen estas cosas serán, no dice que es una posibilidad que podrían ser. No, los discípulos son la sal y la luz. Su estado como justificados, redimidos, y salvos ya es una realidad. Eso es la obra que hizo Jesús para nosotros. Entonces Jesús enseña cómo viven los justificados de Dios. La justificación no nos da la oportunidad de ignorar lo que dice Jesús, por lo contrario, los corazones de creyentes desesperadamente esperan en lo que enseña el buen maestro.

Y Jesús nos enseña que somos la sal del mundo. ¿Pero en qué sentido? Otra vez, el contexto nos ayuda. En la época de Jesús, la sal era más un conservante que una especie. No había neveras ni congeladores. Para prevenir que pudra la comida, la gente muchas veces usaba sal. Bueno, entonces sal es un conservante. ¿Qué significa eso para nosotros? Los cristianos, por sus vidas en santificación y buenas obras, ayudan a conservar este mundo podrido por el pecado, y más que eso, Dios preserva el mundo por el bien de sus hijos. Lo que me interese aquí es que la sal no reversa el proceso de descomposición, solo lo ralentiza. Los hijos no pueden hacer las cosas nuevas, solo el Padre puede hacerlo.

Y en el caso de nosotros y todos los creyentes, si lo hizo. Nos redimió por la sangre de Jesucristo. Como dice Ezequias, el Señor quitó nuestro corazón de piedra y puso un corazón de carne. Éramos muertos en nuestros pecados, pero por la gracia de Dios en su hijo Jesucristo tenemos la resurrección de los muertos. Por eso, somos la sal y la luz del mundo.

Llegamos a la pregunta del principio. ¿Como podemos ser nosotros también la luz del mundo si Jesús ya es? Precisamente porque Jesús ya es. Dijimos hace 15 días que la oscuridad representa maldad, ignorancia, e incredulidad. Gracias a la luz de Jesús, somos libres de esas dolencias. De hecho, por el Espíritu Santo, ahora podemos hacer el bien ante Dios, tener la sabiduría de la salvación, y confiar en las promesas de Dios. Todas estas cosas brillan fuertes en un mundo de oscuridad. Por eso, somos como una ciudad en un monte. La luz no puede existir sin cambiar la oscuridad. No hay sentido ni sabiduría en esconder una lámpara encendida. ¿Pero qué significa eso para nosotros prácticamente? El versículo 16 nos ayuda entender.

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Alumbramos nuestra luz cuando reflejamos el amor de Jesús por nuestras buenas obras. Seguimos en el tema de la santificación. Ya que somos libres de la oscuridad del pecado y de la muerte, gracias a la vida sin pecado y muerte inocente de Jesús, podemos hacer buenas obras en este mundo por el Espíritu Santo trabajando en nosotros. Pero recuerdan el propósito que Jesús da a las obras: para que glorifiquen al Padre. Nuestra relación con las buenas obras no es que ganan por nosotros la gloria del Padre; es que podemos mostrar a otros la gloria del Padre.

Tengo un ejemplo excelente de esa actitud. ¿Conocen la música del compositor Bach? Tiene unas obras increíbles, música compleja y emocional. Y era luterano. Al fin de cada uno de sus manuscritos, escribió las letras, “SDG.” Son latín, y significan “solo a Dios la gloria.” Este hombre tan talentoso usaba su don increíble para glorificar a su Padre celestial. De hecho, en algunos países como Japón, personas que aman a su música también leen la letra de sus composiciones, letra sobre Jesús y su amor, y se convierten en cristianos. Eso, mis amigos, es ser la luz del mundo.

Me imagino que muchos están pensando, “Pero no soy tan talentoso, no puedo tocar el órgano, no tengo estas habilidades.” Y es verdad, nadie aquí es como Bach. Pero todos aquí tienen dones. Hay cosas que hacemos bien en el trabajo, en los deportes, en la escuela, y todo eso podemos hacer por la gloria de Dios. Pero no solo mostramos la luz de Cristo en situaciones en las que destacamos. Mas probable, tenemos oportunidades alumbrar en eventos oscuros. En nuestro comportamiento durante un conflicto en el trabajo. En nuestra actitud en desafíos de la salud. En el perdón que damos a gente que no

lo merece. Muchas veces, en las situaciones que no queremos experimentar, tenemos oportunidades increíbles para mostrar la luz de Cristo al mundo. Tenemos el Espíritu Santo trabajando en nosotros. Jesús obra por nosotros.

Ahora que vemos la obra de Jesús en nosotros como sal y luz, llegamos a la segunda parte de la lectura de hoy. Jesús dice, “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.” Esta declaración combate varias acusaciones de sus enemigos. Habla contra los que decían que Jesús venia para empezar una religión nueva. Habla contra los que decían que Jesús no respetaba la palabra de Dios. Y habla contra ellos que dicen que Jesús solo era un maestro. El cumplimiento de la ley era el trabajo del Mesias, no para reemplazar el Dios de Abraham, Isaac, y Jacob, sino para realizar su pacto. Las enseñanzas que Jesús compartió en el Sermon del monte no eran inventadas, sino una exposición fiel de los mandamientos en la ley y los profetas, dirección buena y agradable a Dios para sus hijos seguir. De hecho, serían consecuencias para los que reclaman ser cristianos, pero no siguen las enseñanzas de Jesús.

Dice Jesús, “De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.” Una realidad práctica de iglesia invisible es que no todos enseñan cada parte de la Biblia perfectamente. Veremos personas en el cielo que malentendían partes de las escrituras, o que ensenaban cosas incorrectas. Obviamente, el punto de Jesús aquí no es decir que la falsa enseñanza está bien; exactamente el opuesto. Estudiamos las escrituras y meditamos en la palabra para evitar errores de enseñanza lo más que podemos. Y por supuesto, si alguien confiese herejía contra Jesús, no es parte de la iglesia cristiana. Pero miren como en las dos situaciones que describe Jesús, todavía están en el reino, por la gracia de Dios. Ser pequeño en el reino de Dios todavía es una bendición increíble, especialmente a pesar del pecado. Es importante recordar que Dios no está buscando oportunidades para echar cualquiera persona fuera de su reino. Si eso fuera el caso, no tendríamos esperanza. La meta de Dios es el opuesto: acercar las más personas posibles a su trono.

Sin embargo, el ultimo versículo de nuestra lectura parece un poco problemático en ese sentido. Jesús dice, “Porque os digo que, si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.” Ahora, nosotros tenemos una perspectiva en los fariseos muy diferente que la gente en esa época. Para nosotros, son ejemplos de hipócritas que no amaban a Dios. Pero en la cultura de Jesús, ellos eran considerados los más santos en el mundo. El propósito de la declaración de Jesús es hacer pensar la gente. “Entonces que puedo hacer? ¡Nunca tendré justicia mejor que

ellos!” La respuesta es que no hay nada que podrían hacer. El nivel de justicia que Dios requiere está fuera de posibilidad para los seres humanos.

Mi preocupación es que el dicho de Jesús no tuvo el mismo impacto para nosotros. Posiblemente pensamos, “Por supuesto mi justicia sobrepasa los fariseos, ellos eran horribles.” ¡Cuidado! La comparación con otros es una trampa. Lo que importa es la comparación con los estándares de Dios. Ay, esa es una situación diferente. Muchas veces no somos la sal del mundo. Contribuimos a la descomposición por nuestras acciones egoístas. Destruimos a otros con las palabras en vez de construirlos. Escondemos nuestra luz por vergüenza o miedo. Malgastamos nuestros dones por pereza. En tiempos de dificultad, nos comportamos como el resto del mundo, o aún peor. Cada día, dejamos pasar oportunidades para ser la luz y la sal. Merecemos la oscuridad y descomposición eternal en el infierno. ¿Saben toda nuestra familia que somos cristianos? ¿Sería una sorpresa a nuestros compañeros de trabajo escuchar que vamos a la iglesia? No somos dignos de ser representantes de Jesús.

Pero todavía somos. El punto del evangelio es que tenemos las cosas de que no somos dignos. Tenemos el perdón de los pecados, y tenemos la vida eterna. Llevamos la oportunidad para ser luz y sal aun cuando no hemos aprovechado esas bendiciones en el pasado. Todo eso tenemos no por nuestra justicia, sino por la justicia de Jesús que Dios nos imparte. Recordamos la declaración de Jesús al principio de la lectura. Somos la sal del mundo. Somos la luz del mundo. Dios lo dice, entonces así es. Somos, así que seamos. Caminamos en santificación, Dios obrando en el mundo por nosotros, en la confianza que ya tenemos gloria en el cielo por la obra de Jesús para nosotros. Amén

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