Transfiguración de Nuestro Señor

Jesús aparece como el Hijo de Dios en la gloria.

«Señor, es bueno que estemos aquí». Pedro entendió mal. Su intento de prolongar la experiencia con gloria nació de la ignorancia, pero sus palabras —aunque no su significado— se aplican a la iglesia en este domingo. Es bueno que sigamos a Jesús a la montaña y veamos lo que ocurrió allí. Es bueno que escuchemos la voz del Padre que atronó la verdad de la identidad de Jesús al mundo. Es bueno para nosotros ver a Jesús revelado en toda su gloria, porque la próxima vez que adoremos, será en Cuaresma.

Primera lectura: Éxodo 24:9-18

¡Qué diferente era el monte Sinaí del monte de la Gloria! Cuando Dios descendió sobre la montaña, el pueblo tembló de terror y quiso alejarse de la presencia de Dios. Moisés les dijo: «No tengan miedo», y luego entró en una densa oscuridad para recibir la ley de Dios y el pacto de dos caras para Israel. Cuando bajó del monte y encontró a Israel danzando ante un becerro de oro, pudo ver cómo el hombre nunca sería capaz de cumplir esta ley. Sin embargo, en el Monte de la Gloria, en medio de una nube brillante, Moisés vio la nueva alianza de Dios en la persona de Jesucristo.

9Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; 10y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. 11Mas no extendió su mano sobre los príncipes de los hijos de Israel; y vieron a Dios, y comieron y bebieron.

12Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles. 13Y se levantó Moisés con Josué su servidor, y Moisés subió al monte de Dios. 14Y dijo a los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros; y he aquí Aarón y Hur están con vosotros; el que tuviere asuntos, acuda a ellos.

15Entonces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el monte. 16Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. 17Y la apariencia de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel. 18Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.

Salmo 2

La Iglesia canta el Salmo 2 en los servicios que subrayan la relación del Padre y el Hijo. El Hijo gobierna con la misma autoridad que el Padre, incluso cuando los funcionarios del gobierno intentan frustrar el gobierno de Dios. El Nuevo Testamento cita con frecuencia este salmo como aplicable a Cristo, el Hijo de David. Martín Lutero dijo: «El Salmo 2 es una profecía de cómo Cristo sufrirá y se convertirá en Rey y Señor de todo el mundo. Este salmo promete que los que creen en Cristo serán bendecidos. Por medio de Cristo, Dios nos ha liberado del pecado, de la muerte y del infierno, y nos ha llevado a la vida eterna. Esta es la bendición por la que oramos en la Segunda Petición del Padre Nuestro, que venga su reino».

   1 ¿Por qué se amotinan las gentes,

Y los pueblos piensan cosas vanas?

   2 Se levantarán los reyes de la tierra,

Y príncipes consultarán unidos

Contra Jehová y contra su ungido, diciendo:

   3 Rompamos sus ligaduras,

Y echemos de nosotros sus cuerdas.

   4 El que mora en los cielos se reirá;

El Señor se burlará de ellos.

   5 Luego hablará a ellos en su furor,

Y los turbará con su ira.

   6 Pero yo he puesto mi rey

Sobre Sion, mi santo monte.

   7 Yo publicaré el decreto;

Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú;

Yo te engendré hoy.

   8 Pídeme, y te daré por herencia las naciones,

Y como posesión tuya los confines de la tierra.

   9 Los quebrantarás con vara de hierro;

Como vasija de alfarero los desmenuzarás.

  10 Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes;

Admitid amonestación, jueces de la tierra.

  11 Servid a Jehová con temor,

Y alegraos con temblor.

  12 Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino;

Pues se inflama de pronto su ira.

Bienaventurados todos los que en él confían.

Segunda lectura: 2 Pedro 1:16-21

«Fuimos testigos oculares de su majestad». Sólo quedaban dos de los testigos oculares, pues Herodes había matado a Jacobo años antes. Pero para Pedro y Juan, aquel día en el monte sagrado siguió marcando su vida. La lectura del primer capítulo del Evangelio de Juan o estas palabras de Pedro no dejan lugar a dudas de que estos hombres que habían visto la gloria de Cristo daban testimonio de que el hombre Jesús de Nazaret era el Hijo de Dios.

16Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. 17Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. 18Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo. 19Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; 20entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 21porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

Evangelio: Mateo 17:1-9

Seis días antes, Pedro tuvo su momento de gran triunfo y gran fracaso. Después de presenciar el ministerio y los milagros de Jesús, su boca confesó lo que creía su corazón: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Pero su gran fracaso de fe vino inmediatamente después, cuando no quiso saber nada de un Cristo crucificado. Seis días después, Dios le dio la prueba de lo que su fe confesaba y la esperanza frente a lo que su corazón temía.

1Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; 2y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. 3Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. 4Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. 5Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. 6Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. 7Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. 8Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.

9Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.

EL SEÑOR NOS GUIA A VIVIR POR FE

La segunda carta de Pablo a los Corintios muestra su corazón creyente y pastoral hacia ellos. Sabemos lo que escribió en su primera carta cargado de amor, pero también con fuertes exhortaciones porque esta congregación estaba confundida y se estaba inclinando a ser de todo, menos una congregación cristiana, perdieron el foco de vivir en comunidad teniendo diferentes problemas entre ellos y por ende perdieron la ruta de vivir como cristianos. Esta congregación de Corintios nos recuerda al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, la infidelidad de sus reyes, profetas, sacerdotes al llevar al pueblo por las tinieblas de la idolatría que al final los reinos del norte y del sur quedaron destruidos como naciones. Estos dos ejemplos nos señalan a cada uno de nosotros lo que en oportunidades somos, un pueblo perdido en las tinieblas de este mundo.  Si vemos estos tres ejemplos, los Corintios, Israel y nosotros tenemos un común denominador “hemos visto la Gloria de Dios”. Es por esto que, en la segunda carta, Pablo escribió, inspirado por el Espíritu Santo estas palabras: porque por fe andamos, no por vista (2 Corintios 5:7) y el Espíritu Santo quiere que este día que celebramos la Transfiguración de nuestro Señor podamos dejarnos guiar por su amor.

Pedro, Jacobo y Juan fueron escogidos por Jesús para que fueran testigos de una visión, ellos tuvieron la oportunidad de ver con sus propios ojos todo lo que Dios estaba haciendo por ellos y por toda la humanidad. Israel frente al monte Sinaí también tuvo el privilegio de ver la Gloria de Jehová.  Pero ¿qué hizo Pedro y el pueblo de Israel después de ver esta Gloria? dieron prioridad a su carne pecaminosa y no quisieron disfrutar de este acontecimiento en sus vidas, Israel capítulos más adelante adoró al becerro de oro, Pedro quiso hacer tres enramadas supuestamente para recordar ese evento, cada miembro de la congregación de los Corintios amó su propio yo. Estos tres ejemplos tienen algo en común, no quisieron andar por fe.

Pedro en su segunda carta escribió lo siguiente: Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro (2 Pedro 1:19). Nosotros mostramos quienes somos en nuestra relación con la Palabra de Dios. Pero parece que ella no nos alumbra porque por naturaleza somos como Pedro, Israel y los Corintios, en el resumen de la segunda tabla de la ley: Ama a tu prójimo, como a ti mismo, estas palabras primero señala a cada uno de nosotros, porque fallamos en el amor hacia nosotros al descuidar el cuidado de nuestra vida espiritual. El congregarnos no es de mucha prioridad, tomar la cena dignamente es una opción que podemos tomar, la ansiedad y el estrés de este mundo nos lleva a desconfiar hacia nuestro Dios y esto afecta nuestra relación con los demás, el prójimo. Dios dice que en el matrimonio somos una sola carne, pero este mandato va más allá de la fidelidad dentro del matrimonio porque la manera que tratamos a nuestra esposa o esposo vemos que tanto nos alumbra la Palabra de Dios, discusiones eternas, pleitos sin sentidos y separaciones es lo más constante que podemos ver hoy en día en los matrimonios cristianos. Pero también cuando abrimos nuestra boca para hablar mal de prójimo, tomar las palabras y acciones de otros siempre en mal sentido o no querer compartir o ayudar a los hermanos en la fe solo muestra nuestro poco amor hacia ellos. Pero también es una evidencia del freno que ponemos al Espíritu Santo el cual usa la Palabra de Dios que realmente es nuestra guía en este mundo. Ha llegado momentos en nuestras vidas que no apreciamos la vida de los demás, ni la nuestra, no solo con comportamientos agresivos y destructivos, sino que no nos gusta obedecer y es por esto que tenemos tantos problemas en nuestras vidas. Mis hermanos, hoy es un día para que reconozcamos que hemos pecado en contra de nuestro Dios y su Palabra, porque hemos mostrado comportamientos como si no tuviéramos fe y es por esto que merecemos la muerte eterna.

El tiempo de Epifanía que termino y la Cuaresma que va a empezar tienen un punto en común, mostrar la Gloria de Dios en Jesucristo. Esta visión que vieron los tres apóstoles tuvo el propósito de mostrar la divinidad de Jesús: 2y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Los hijos de Aarón, él mismo, Moisés y los setenta ancianos también vieron la Gloria de Dios: y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. (Éxodo 24:10). Pero nosotros también vemos la Gloria de Dios cada vez que leemos o escuchamos el Evangelio como en este momento, porque el Espíritu Santo nos ha hecho andar por fe, estamos viendo con nuestros ojos espirituales a nuestro Divino Salvador. Jesús mostró su resplandor propio, revelador de su naturaleza divina que la usó en este mundo para no pecar, para poder cumplir estas palabras que dijo el Padre: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Jesús es el ejemplo perfecto de como amar al prójimo como así mismo, porque el único motivo de venir a este mundo fue el de obedecer y complacer al Padre perfectamente por nosotros.

Pero al ver en esta visión a dos profetas tan importantes como Moisés y Elías tiene mucho significado no solo para ese momento, sino también para cada uno de nosotros, porque estos dos profetas dieron un testimonio muy claro a cerca del Mesías. La presencia de estos dos profetas era para hablar del tema de la muerte de Jesús, Lucas muestra esto en su evangelio, pero también estaban animando a nuestro Señor quien sabía que como Hijo del hombre, en su naturaleza humana iba a sufrir todo el castigo de parte de nuestro Dios, al ser humillado, castigado y crucificado vivió ese castigo que cada uno de nosotros merecemos, pero esto lo hizo como una evidencia del cumplimiento de este mandamiento: amar al prójimo como así mismo, Jesús no se amó a sí mismo, se entregó en nuestro lugar para recibir el castigo en nuestro lugar y así ser librados del infierno eterno. Hermanos, ¿Esto no es la Gloria de Dios? Sí lo es, y cada vez que leamos en las Escrituras el Santo Evangelio, cada vez que tomamos la Santa Cena estamos frente a la Gloria de Dios.

Pero esta Gloria de Dios no se debe quedar solo en las páginas de la Biblia que muestran esta verdad. Nosotros andamos por fe y no por vista, esto quiere decir que aunque no vimos estas visiones que tuvieron nuestros hermanos antiguos, aunque no vimos a Cristo con nuestros ojos, aunque no estuvimos en su muerte, sepultura y resurrección para nosotros es más que suficiente lo que dice la Escritura y esto nos lleva a mostrar por el Espíritu Santo que  La Gloria de Dios influye mucho en la vida de cada uno de nosotros, es por esto que el Espíritu Santo juega un papel muy importante en nuestras vidas porque hace que conectados con el evangelio mostremos el amor al prójimo, así como nos amamos nosotros mismos. Para cada uno de nosotros es muy importante las personas que están a nuestro alrededor porque es la oportunidad de mostrar como la Gloria de Dios nos guía. Estos tres apóstoles obedecieron el mandato de Jesús de no decir nada de esto hasta que Él resucitara y la Biblia señala esto con Pedro al escribir en su segunda carta como fue testigo de esta maravillosa visión. El Apóstol Juan no escribió en su evangelio nada de la transfiguración, pero todos sus escritos hablan de la Divinidad de Jesús y sabemos que Jacobo murió en manos de Herodes, pero lo más seguro es que sí hablo de este evento que marcó sus vidas. Pero nosotros hoy somos testigos de todo esto y no tenemos una condición para no hablar. Hablar de Jesús es nuestra realidad en nuestras vidas, vivir con Jesús es la prioridad de nuestra existencia y esto lo demostramos en el matrimonio, la relación con nuestros padres y el prójimo cuando los tratamos con amor ágape y respeto. Cuando usamos nuestras palabras hacia el prójimo lo hacemos para demostrar respeto a ellos y esto abre una puerta para poder hablar de Cristo y nuestro problema con el pecado. También la Gloria de nuestro Dios nos da claridad de nuestra relación como hermanos en la fe, no queremos hacer divisiones, no tropiezo para nadie y por esto nuestro amor entre hermanos lo mostramos cuando tenemos empatía el uno con el otro, no somos mejores que otros, pero sí nos necesitamos para compartir y vivir la fe. Son con estos hermanos que cada uno de nosotros andamos por la fe que nos lleva a compartir el reino de los cielos y es por esto que cada vez que nos congregamos disfrutamos juntos de la Gloria de Dios escuchando el Evangelio, tomando la Santa Cena y animándonos unos a otros porque todos nosotros andamos por fe y no por vista. Amén.

× ¿Cómo podemos ayudarte?