Primer domingo en Cuaresma

Un campeón para los derrotados.

Tema del Día

Dios había colocado a Adán en un mundo perfecto, un mundo de paz y prosperidad, un mundo en perfecta armonía con su Creador. Dios hizo a este hombre perfecto y le pidió que adorara al Señor su Dios y le sirviera sólo a él, pero Adán no lo hizo. Se adoró a sí mismo y comió del fruto prohibido, y al hacerlo, condenó al mundo a la oscuridad, la muerte y el pecado. Pero Dios los amaba. Así que hizo una promesa: Enviaré a mi campeón, mi Hijo. Lo que tú no pudiste hacer, él lo hará en tu lugar.

Oración del día

Dios y Padre poderoso, nuestro Señor Jesús caminó por el desierto para enfrentarse a las tentaciones del diablo, pero no sucumbió a las mentiras de Satanás ni vaciló en su resolución de salvar al mundo de la prisión del infierno. Refuerza nuestra fe con su poderosa victoria para que podamos luchar contra las fuerzas del mal con valentía y confianza; por tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre.

Primera lectura: Génesis 3:1-15

Antes del día en que Adán pecara, el destino del hombre había sido la vida eterna con Dios en la gloria, pero la muerte llegó corriendo al vacío dejado cuando desaparecieron la santidad y la paz. Todo cambió el día en que Adán cayó. Sin embargo, Dios miró a esos niños que había creado y, como el padre de un niño descarriado, los amó a pesar de ellos mismos. Dios los amaba a ellos y a nosotros, y quería que viviéramos de nuevo, que viviéramos como él había querido, con vida, luz y paz.

1Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? 2Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; 3pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. 4Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; 5sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. 6Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. 7Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.

8Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. 9Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? 10Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. 11Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? 12Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. 13Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. 14Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. 15Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

Salmo 46

La Iglesia canta el Salmo 46 en los servicios que celebran el poder del Señor frente a todo ataque maligno. Inspiró el himno «Castillo Fuerte» de Martín Lutero. Dijo: «Cantamos el Salmo 46 para alabar al único Dios verdadero por estar con nosotros. Él sostiene maravillosamente su Palabra y la cristiandad contra las mismas puertas del infierno, contra la furia de todo demonio, el mundo, la carne, el pecado y la muerte. Nuestro pequeño manantial es una fuente de agua viva que fluye libremente».

Al músico principal; de los hijos de Coré. Salmo sobre Alamot.

1 Dios es nuestro amparo y fortaleza,

Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,

Y se traspasen los montes al corazón del mar;

3 Aunque bramen y se turben sus aguas,

Y tiemblen los montes a causa de su braveza.

Selah

4 Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios,

El santuario de las moradas del Altísimo.

5 Dios está en medio de ella; no será conmovida.

Dios la ayudará al clarear la mañana.

6 Bramaron las naciones, titubearon los reinos;

Dio él su voz, se derritió la tierra.

7 Jehová de los ejércitos está con nosotros;

Nuestro refugio es el Dios de Jacob.

Selah

8 Venid, ved las obras de Jehová,

Que ha puesto asolamientos en la tierra.

9 Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra.

Que quiebra el arco, corta la lanza,

Y quema los carros en el fuego.

10 Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;

Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.

11 Jehová de los ejércitos está con nosotros;

Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah

Segunda Lectura Evangelio de Mateo 4:1-11

Nuestro campeón, el segundo Adán, va a la guerra para recuperar todo lo que el primer Adán había perdido. Resulta chocante leer que Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado, que fue voluntad de Dios que se enfrentara a esas tentaciones. Pero tenía que ser así, porque Adán y todos sus hijos habían sido tentados y habían fracasado. En su bautismo, Jesús se reveló al mundo como Mesías. Él sería la humanidad reducida a uno. Sería el campeón de la humanidad.

1Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.2Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 3Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. 4El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.  5Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, 6y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:

A sus ángeles mandará acerca de ti,

y,

En sus manos te sostendrán,

Para que no tropieces con tu pie en piedra.

7Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. 8Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. 11El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

Texto Sermón Romanos 5:12-19

Pablo ofrece un comentario neotestamentario de la primera lectura y muestra los efectos universales del fracaso del primer Adán y la victoria del segundo. Adán era hijo de Dios en carne humana, pero fracasó en su filiación. El pecado de Adán había sido que no quería ser limitado por Dios, sino que quería ser como Dios. Lo que consiguió fue todo lo contrario: más límites, no menos. Pero Dios envió a otro Hijo en carne humana para ser el Hijo que Adán no había sido. Obedeció donde Adán no lo hizo.

12Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. 13Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. 14No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.

15Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. 16Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. 17Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.

18Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. 19Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.

Jesús Nuestro Campeón

Buenos días a todos ustedes. El miércoles pasado fue Miércoles de Ceniza, y ahora estamos en la temporada de la Cuaresma. Históricamente, ha sido un tiempo para confesar nuestro pecado, y meditar en la vida perfecta y muerte inocente de Jesús. Hoy vamos a hacer eso.

Hace muchos años, hubo un hombre que iba a correr en un maratón. Su entrenador trabajaba con él para prepararlo totalmente para la competencia. Antes de la competencia, el entrenador dijo, “Yo te he mostrado muchas técnicas y estrategias que puedes usar. La única cosa que no puedes hacer es tomar la ruta que tiene la señal de calle con mi nombre; si haces eso, vas a caer y perder la carrera.” Entonces, el hombre empezó a correr su carrera. Iba bien por unas millas, pero otro competidor se acercó. Dijo el otro, “Mira, ¡muy pronto viene la ruta de su entrenador! ¡Si tomas esa, puedes ganar la carrera!” Pero el hombre dijo, “No la puedo tomar. Mi entrenador me dijo que iba a caer y perder en esa ruta.” El otro respondió, “¡No vas a caer! El entrenador suyo solo quiere que no tenga usted su éxito en la competencia. Pero ahora tienes la oportunidad de ser como él, ganador de todo, campeón.” Entonces el hombre vio a la ruta, que parecía más fácil para correr, y decidió no escuchar a la advertencia de su entrenador. Empezó a correr por la ruta. Muy pronto, se dio cuenta que lo que parecía tierra firma era arena que movió bajo sus pies, y rápidamente cambió a lodo, en cual el hombre tropezó y cayó. Y se dio cuenta que había fallado.

Después de un rato, su entrenador apareció en la ruta, caminando fácilmente sobre el mismo terreno que ha tropezado al hombre. El hombre por su vergüenza quería hundirse en el lodo. Su entrenador dijo, “No me escuchaste. Ya no puedes entrenar conmigo porque no eres digno de mi ruta, ni tampoco ninguno de tus hijos. Tienes que salir.” Y el hombre lloraba porque había perdido su relación buena con su maestro. Pero antes de que saliera, su entrenador lo dijo, “En un tiempo voy a enviar alguien que puede correr en su lugar. Va a vencer al competidor que te hizo caer, y te va a llevar hasta el fin de la carrera. Es mi campeón.” Entonces salió el entrenador, y el hombre nunca vio a su maestro de nuevo en su vida. Pero esperaba la promesa que lo había dado.

El hombre es Adán. Y cuando él cayo, la muerte entró en el mundo. No importa el estrato ni estatus de nuestras familias, todos nosotros tenemos una herencia en común, y esa es la muerte. Como dice Pablo al principio de nuestra lectura, “12Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” Nuestros corazones no les gusta este versículo. “No es justo,” decimos, “que tengo que pagar por una cosa que hicieron Adán y Eva.” Pero mira a la conclusión del versículo. Todos pecaron, incluso nosotros.

Dice 1 Juan 1:8, “8Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.” No importa que no éramos las primeras personas quienes pecaron. Eso no quita la culpabilidad, ni provee una excusa a Dios. La Biblia dice claramente que cada ser humano es nacido en pecado y peca más en la vida. Además, dice que la paga del pecado es la muerte. La separación eterna de Dios es nuestro estatus por naturaleza. No podemos hacer nada para escapar.

Pero hay alguien que si puede. Y es el segundo Adán que vemos en el desierto en nuestra lectura del evangelio de hoy. La semilla de Adán, la descendencia prometida y esperada por tantos años había llegado. Diferente a Adán, no iba a causar la separación entre hombres y Dios, iba a reconciliarlos. En Mateo 4, vemos como Jesús venció las tentaciones del diablo, muchos años después de que Adán perdió. El diablo lo tentó con comodidad terrenal, pero Jesús siempre tenía prioridades correctas. Torció las palabras de Dios para hacer caer a Jesús, pero Jesús respondió con las escrituras citadas en la manera correcta. Finalmente ofreció poder sobre todo el mundo, por el pequeño precio de postrarse y adorar al diablo. Pero Jesús firmemente lo rechazó con una cita del primer mandamiento: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.”

En situaciones similares, cuando Adan cayó, Jesús obedeció a Dios. Podemos ver el contraste muy claro en las dos lecturas de hoy, y en su carta a los Romanos Pablo desarrolla lo que significa para nosotros. Es la tradición en la iglesia luterana confesional tener lecturas del antiguo testamento, una epístola, un evangelio, y un salmo. Las lecturas no son aleatorias, sino escogidas sobre un tema. Un gran tema de hoy es el contraste. Contraste entre el primer Adán y el segundo Adán, Jesús. Contraste entre la desobediencia de Adán y todos nosotros, y la obediencia de Jesús. Mientras Adan quiso ser como Dios y por eso perdió su relación perfecta con Dios, Jesús, “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Así dice Filipenses 2. Nuestro campeón ganó la victoria sobre la muerte.

Jesús nació bajo la ley, como dice Gálatas, y obedeció la ley de Dios perfectamente por toda su vida. Se hizo obediente aun a la muerte, la consecuencia más grave del pecado, aunque era inocente. Dice 2 Corintios 5, “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” Este es el don increíble que Jesús nos da, y que Pablo explica en nuestra lectura de hoy. “Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación.” Para justificación. Decimos esta palabra muchas veces como luteranos

confesionales, pero es posible que no entendamos exactamente lo que significa. Es un término legal usado para declarar a alguien no culpable. En un tribunal normal, cuando no hay evidencia para condenar a alguien, podemos decir que es justificado, no culpable. La cosa asombrosa para nosotros es que realmente somos culpables y merecemos el castigo. Por eso, Pablo usa muchas veces en esta sección la palabra, “don.” El escenario es que en el tribunal el juez ve todo lo que hemos hecho, y todos saben que vamos a recibir la sentencia. Pero antes de la condenación, Jesús aparece y dice, “Yo llevé la carga de esta condenación. Este hombre ya no tiene que pagar. Este hombre es justificado.” La justificación para nosotros es la declaración de Dios que no vamos a pagar nuestra deuda, no vamos a experimentar el castigo, y somos libres. ¿Como es posible esto? Por la vida perfecta y muerte inocente de Jesús. Además, porque la justificación es una declaración de Dios, no hay nada que debemos ni podemos añadir. No cooperamos en el veredicto. No queda nada para nosotros cumplir. Es puro don de la gracia de Dios. En las palabras de Jesús, “consumado es.”

No he terminado mi historia del hombre en la carrera. El hombre no podía escapar del lodo y la arena de la ruta que ha tomado en su orgullo. Pasaron los años, y murió. Sus hijos también intentaban escapar de la trampa que su padre les ha dejado, pero nunca podían hacerlo. Por generaciones, todos que intentaron lograr cumplir la ruta cayeron. Hasta el día cuando llegó un desconocido, quien dijo al descendiente del hombre, “Sígueme en el camino.” El desconocido pisaba la ruta sin problemas, y ni el lodo ni la arena lo hizo caer. Pero el descendiente no pudo caminar en la misma manera y cayó de nuevo, como todos sus ancestros. Entonces volvió el desconocido y recogió al descendiente y con una fuerza más que uno esperaba de un hombre, lo puso en los hombros y siguió en el camino. Por fin, el descendiente cumplió la ruta en los hombros del desconocido, y allá vio el entrenador de su primer ancestro, con él mismo y muchos de sus amigos y conocidos. Y al llegar, el entrenador dijo, “Bienvenido a casa, mi hijo.” Y el descendiente y el desconocido dijeron, “Gracias, Padre,” juntos, porque eso fue la verdad para los dos. El Hijo ha llevado a muchos para ser hijos. Y el descendiente preguntó al entrenador, “Señor, ¿cómo puede ser que hay tantas personas aquí con usted?” Ninguno de mis ancestros pudo cumplir la ruta suya.” Y el entrenador respondió, “Porque, así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.” Los que no podían lograr la victoria han recibido la victoria del campeón de Dios, Jesús.

Hermanos y hermanas, esta historia nos muestra las realidades que enfrentamos durante la Cuaresma. No pudimos llegar al destino, pero Jesús se humilló a sí mismo para servir a nosotros y llevarnos a la salvación. Entonces, ¿qué es nuestra respuesta? Agradecimiento a Dios por su don increíble. Y este don no lo dejamos en secreto, sino compartimos lo que

Jesús hizo por nosotros. Hay muchos que están perdidos en el camino, intentando de usar su propia fuerza para escapar, o realmente ignorantes de su situación: que necesitan el mensaje del evangelio. Necesitan escuchar esta historia. Todos tienen en común la herencia de la muerte. Pero está disponible a todas personas el don de la justificación que Jesús les ofrece. Esta semana, recordamos que no importa las dificultades en el camino de la vida, nuestra victoria ya es una certeza gracias a nuestro campeón, Jesús. Amén

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