Tercer domingo en Cuaresma
Agua para los sedientos.
Tema del Día
Jesús vino a dar agua viva, agua que mana hasta la vida eterna. Vivir es lo que sucede cuando el Señor está en medio de su pueblo. Los israelitas lo pusieron en duda en Masá y Meribá, así que Dios lo demostró con agua que da vida que brota de los lugares más insospechados. Pablo se maravilla de la paz que se nos da cuando esa agua viva se derrama en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo. Él es agua para el sediento.
Oración del día
Oh Dios, cuya gloria es siempre tener misericordia, ten piedad de todos los que se han desviado de tus caminos, y haz que, con corazón arrepentido y fe firme, abracen y se aferren a la verdad inmutable de tu Palabra; por tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén
Primera lectura: Éxodo 17:1-7
¿Está el Señor entre nosotros o no? El pueblo de Israel cuestionó la presencia de Dios porque no tenían agua. Para un grupo tan grande de personas, rebaños y manadas en un país árido, el agua era un problema existencial, pero los israelitas tenían motivos para confiar en que Dios cuidaría de ellos. Acababa de rescatarlos del faraón y de hacerlos cruzar el mar en seco. Acababa de proporcionarles comidas milagrosas de maná y codorniz. Acababa de endulzar el agua amarga. Pero Israel no recordó los actos de gracia de Dios y, en cambio, quiso apedrear a su representante y preguntó: «¿Está o no está el Señor entre nosotros?»
1Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin por sus jornadas, conforme al mandamiento de Jehová, y acamparon en Refidim; y no había agua para que el pueblo bebiese. 2Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová? 3Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados? 4Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a un poco me apedrearán. 5Y Jehová dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara con que golpeaste el río, y ve. 6He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel. 7Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?
Salmo 95
La Iglesia canta el Salmo 95 en los servicios que alaban a Dios como fuente de agua de vida y roca de nuestra salvación eterna. El salmo une la adoración gozosa a Dios con la escucha penitente de su Palabra. Martín Lutero dijo: «El salmo 95 es una profecía de Cristo. La carta a los Hebreos cita una gran parte de él como profecía de la época del Nuevo Testamento y de la voz del Evangelio. Nos educa y nos atrae a Cristo y a la Palabra de Dios como culto propio. Cristo nos ha hecho y es nuestro pastor, y nosotros somos sus ovejas».
1 Venid, aclamemos alegremente a Jehová;
Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza;
Aclamémosle con cánticos.
3 Porque Jehová es Dios grande,
Y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra,
Y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo también el mar, pues él lo hizo;
Y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos;
Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios;
Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano.
Si oyereis hoy su voz,
8 No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba,
Como en el día de Masah en el desierto,
9 Donde me tentaron vuestros padres,
Me probaron, y vieron mis obras.
10 Cuarenta años estuve disgustado con la nación,
Y dije: Pueblo es que divaga de corazón,
Y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor
Que no entrarían en mi reposo.
Segunda lectura: Romanos 5:1-8
Para la gente que rodeaba a Jesús, la samaritana estaba equivocada en muchos aspectos. Era de la nacionalidad equivocada para que él se preocupara por ella. Era el género equivocado para que él le hablara. Era la clase de persona equivocada para estar cerca de lo divino. No tenía nada que ofrecer. Pablo quiere que nos veamos reflejados en ella, como personas que no tenían ningún mérito ante Dios. Pero entonces Dios hizo lo inexplicable: siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
1Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 2por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 3Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; 5y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
6Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. 7Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. 8Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Texto Sermón: Evangelio de Juan 4:5-26
Desafió las convenciones populares al viajar por Samaria. Desafió las convenciones religiosas pidiendo de beber a una samaritana. Por qué ¿Se molestaría Jesús siquiera con esta mujer? Era samaritana y adúltera habitual. Sin embargo, tenía que estar aquí (Juan 4:4), no por convención o expectativas, sino por su misión de salvar a todas las personas. Había venido a salvar al mundo, y eso significaba que también había venido por esta mujer. No porque hubiera llevado una vida santa, ¡ni mucho menos! Sólo por su gracia.
5Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. 6Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.
7Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. 8Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. 10Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. 11La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 12¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? 13Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
16Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. 17Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; 18porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. 19Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. 20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. 21Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. 25Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. 26Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.
Jesús Nuestra Agua de Vida
Si tuviera que elegir una historia de la Biblia para mostrar la persona y el propósito de Jesús, primero diría que sea imposible elegir sola una, y después eligiera nuestra lectura del evangelio de hoy. La historia entera de salvación está presente en una instancia pequeña del ministerio de Jesús. Fue una conversación corta con una mujer desconocida, pero fue llena de las verdades sobre el Mesías de Dios. En solo veinte versículos aprendemos tantas cosas sobre Jesús, el descendiente de David, pero salvador del mundo.
La cosa es que esta conversación nunca debió haber pasado. El pozo de Jacob se ubicó firmemente en la tierra de los samaritanos, un lugar donde los judíos del día de Jesús evitaban lo más que era posible. La costumbre era tomar otras rutas que, aunque eran más largas, no pasaban por la tierra de los samaritanos. ¿Pero porque tanta fuerza para evitar las interacciones entre los dos grupos? Regresamos al antiguo testamento para entender. Setecientos años antes de Cristo, los asirios conquistaron las diez tribus del norte. Deportaron muchos de los judíos y trajeron gente de otros países para mezclar la población y evitar rebeliones. Con esta mezcla vino también una mezcla de religiones y dioses falsos. Resultó que cuando el remanente de Israel construyó el segundo templo de Dios en el tiempo de Sofonías, no dejaron que los samaritanos ayudaran con la construcción. Entonces, cuando Jesús llegó al pozo, rompía cientos de años de tradición de enemistad.
Iba a romperlos más. ¡No solo paseaba por la tierra, habló con un habitante samaritano! ¡No solo le habló, le pidió un favor! La reacción de los primeros lectores del evangelio de Juan sería similar a la de la mujer. “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?” Sus palabras nos muestran que tan contracultural era Jesús. Hablar con una samaritana, pedir a ella para compartir agua, ¡eso era un escándalo! Si, realmente era. Para empeorar la situación, Jesús eligió una mujer de mala reputación entre los samaritanos. Su vida personal ha sido una relación pecaminosa tras otra. Podemos adivinar que, por eso, era una marginada de la sociedad. Era tradición para grupos de mujeres ir a un pozo y llevar agua juntas. Esta mujer se quedó sola. No merecía el compañerismo de su pueblo, y ciertamente no merecía conocer al Salvador del mundo. Pero la gracia de Dios siempre ha sido un escándalo. Jesús trae la salvación a la gente que no la merece. Aunque pidió algo de la mujer, tuvo algo mucho más valioso para ofrecer.
“Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.” La mujer no conocía el evangelio. Faltaba algo en la vida mucho más importante que el agua o un buen esposo. Jesús, siempre el buen maestro, usa un captar muy poderoso, mostrando una necesidad espiritual con una necesidad física. La mujer vino para agua del pozo, pero necesitaba el agua de la vida eterna. Sin embargo, no lo entendía al principio. Dijo a Jesús que no tenía nada para sacar el agua. ¡Qué extraño que este hombre que acaba de pedir agua dice que puede dar agua viva! Posiblemente ahora en la conversación la mujer está pensando que Jesús es un poco loco. Las próximas palabras de Jesús no iban a ayudar en ese sentido.
“13Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” ¡Eso sería chévere! Agua que quita la sed para siempre es exactamente lo que quería una mujer quien le tocaba ir a un pozo cada día. Pero suena demasiado buena para ser la verdad. Podemos imaginar la mujer diciendo, “entonces, hombre extraño, dame esa agua para que no tenga que trabajar cada día, o si no, por favor dime cual droga consumes para tener estas ideas increíbles.” Afortunadamente, ella era demasiada educada para decir todo eso, pero yo se eso sería más o menos mi reacción a ese dicho. Y yo empezaría buscar excusas para salir de la conversación.
Pero la mujer no iba a tener un descanso de las palabras de Jesús; empezó un tema nuevo, probando la mujer con la ley. “Llama a tu marido.” “Señor, no tengo marido.” “Bien has dicho: No tengo marido; 18porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.” Ush. Y cambia drásticamente el tono de la conversación. Crédito a la mujer, se dio cuenta inmediatamente que Jesús no era un tipo loco en el desierto. Pero ahora tuvo otra razón para salir de la conversación: su pecado fue conocido. Aquí podemos ver que Jesús conoce los corazones de la gente, incluso sus secretos y pecados vergonzosos. Y es algo de miedo para nuestros hombres viejos. El pecado quiere esconderse. El pecado quiere dar excusas por su comportamiento. El pecado quiere responder con media-verdades y convulsiones. El pecado quiere cambiar el tema de la conversación. Eso intentó hacer la mujer, pero en vano. La condenación de la ley ya era presente.
Con un solo pedido, Jesús descubrió el pecado que ha definido su vida. Ahora, ¿que sería el pedido de Jesús para nosotros al pozo? Posiblemente para algunos, es el mismo como la mujer, “ve y llamar a tu marido.” Pero probablemente es diferente. “Ve y llamar tu banco.” “Ve y llamar tu proveedor de internet.” “Ve y llamar al jefe tuyo.” Y cuando escuchamos estas cosas, empezamos a buscar maneras de evitar vergüenza en nuestras respuestas. Una fila de excusas para nuestro comportamiento y media-verdades sobre la situación fluyen del viejo hombre que no quiere para nada confesar sus faltas. Eso no sirve ante un Dios santo, quien conoce toda la verdad. Durante la Cuaresma, y siempre, es bueno para nosotros meditar en nuestras vidas y confesar nuestros pecados. El hombre viejo no quiere escuchar juicio. Queremos evitar el tema. Pero la carga de la ley nos aplasta. La condenación que nuestras acciones merecen nos asombra.
Pero Jesús no la deja a la mujer en las tinieblas, ni nosotros tampoco. “22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” Nos estamos acercando a la revelación clave de la conversación. Jesús revelaba más y más, pero la mujer todavía le faltaba información. Entonces dijo, “Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.” Y la respuesta increíble: “Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.”
¿Como? ¿El Mesías? ¿Aquí? ¿Este hombre que no sabía cómo funcionan los pozos? ¡Y está hablando con una pecadora rechazada por la sociedad! Hay muchas cosas en esta historia que parecían incorrectas en la cultura de Jesús. La ubicación. La audiencia. Pero Jesús no vino para seguir las reglas de la sociedad. Vino para buscar y salvar a los perdidos, y eso es exactamente lo que hizo en esta historia. La mujer no buscaba su salvador ese día. Ella no ha vivido una vida que merecía una clase personal con el Mesías de Dios. A pesar de todo eso, Jesús poco a poco, con amor, mostrándole primero su pecado y después su salvador, la guio a la verdad. La mujer que la sociedad no consideraba digna de ser parte de su grupo fue aceptada por Dios. Por el evangelio, el Espíritu Santo obró en su corazón para cambiar una pecadora sin arrepentimiento en alguien con una vida nueva, lavada en el agua de la vida eterna.
El modelo que vemos aquí no es único. Por toda la Biblia, Dios buscó y salvó a muchas personas que no eran dignas de su amor. De hecho, cada persona que Dios rescató no era digna, porque todos han pecado. Todos merecen la separación de Dios, la muerte eterna. Es solo por la gracia del plan de salvación que pueden acercar a su Padre celestial. ¿Qué es este plan? Enviar a su hijo para vivir perfectamente y morir como sacrificio, para pagar la deuda que nunca podríamos. Todos nosotros tenemos nuestros “cinco maridos” de la vida, pecados vergonzosos que con una sola pregunta Jesús puede traer a la luz. Pero en la historia, Jesús no vio eso como razón para castigar a la mujer; vio eso como oportunidad para compartir el evangelio. Es el mismo para nosotros también. Dios si conoce nuestros corazones. Pero Dios todavía nos ofrece el agua de la vida, la que nos da salvación por la gracia de Dios.
No vemos la respuesta de la mujer en nuestra lectura de hoy. Pero ella salió del pozo y predicó a todo su pueblo sobre lo que ha visto. Imagínate, una pecadora bien conocida predicando las buenas nuevas sin vergüenza. Es un ejemplo increíble del cambio que trae el evangelio. Todo ha sido cambiado para ella. Sabía que era amada, era incluida, y era salva. Nosotros también somos. Y nosotros también tenemos oportunidades para decir, “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?” No siempre será fácil. De hecho, podríamos sufrir exclusión de la sociedad no por pecado sino por el evangelio. Pero la vida cristiana siempre valdrá la pena. Porque al fin, seremos ciudadanos de la ciudad que tiene el rio del agua de vida, donde alabaremos al Yo Soy en espíritu y en verdad. Amén
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