Cuarto domingo en Cuaresma
Vista para los ciegos.
Tema del Día
Jesús dijo: «Yo soy la luz del mundo». La afirmación «Yo soy» de Jesús reivindicó la identidad divina para sí mismo y para su obra como Mesías. El Antiguo Testamento dice que el Señor es luz (Salmo 27:1) y luz de las naciones (Isaías 42:6). La Luz del mundo brilla para dar vista a los ciegos y juicio a los cegados. La fe significa ver a Jesús como Salvador.
Oración del día
Oh Señor Jesucristo, con tu poder omnipotente abriste los ojos de los ciegos y te mostraste a ellos. Aparta nuestros ojos de las cosas sin valor, y llévanos a amarte sinceramente; porque tú vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén
Primera lectura: Isaías 42:14-21
En el Evangelio vemos dos clases de ceguera. Uno no puede ver el Camino a la salvación, pero cree; el otro ve el Camino, pero lo rechaza. Aquí, el Señor hace promesas a ambos grupos. A sus hijos ciegos e indefensos, que no encuentran salida, les promete una liberación y un rescate seguros. Dios mismo les pondrá a salvo y convertirá sus tinieblas en luz. Pero a los que rechazan al Dios verdadero y miran a los ídolos, Dios les promete el juicio. Como a los fariseos del Evangelio, Dios les promete que, aunque vean, permanecerán espiritualmente ciegos; aunque oigan, permanecerán espiritualmente sordos.
14Desde el siglo he callado, he guardado silencio, y me he detenido; daré voces como la que está de parto; asolaré y devoraré juntamente. 15Convertiré en soledad montes y collados, haré secar toda su hierba; los ríos tornaré en islas, y secaré los estanques. 16Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé. 17Serán vueltos atrás y en extremo confundidos los que confían en ídolos, y dicen a las imágenes de fundición: Vosotros sois nuestros dioses.
18Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver. 19¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié? ¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová, 20que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye? 21Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla.
Salmo 27
La Iglesia canta el Salmo 27 en los servicios que subrayan la victoria de la luz del Señor sobre las tinieblas y la incredulidad, los falsos dioses y la falsa doctrina. El salmista hace muchas afirmaciones confiadas de fe durante los días de angustia. Martín Lutero dijo: «El Salmo 27 es un salmo de acción de gracias, aunque no lo veas al principio. Está destinado a confortarte cuando te encuentres con falsos maestros, a los que llama falsos testigos, gente que blasfema sin tener vergüenza de ello. Porque sólo los creyentes buenos y necios darían testimonio de las promesas de Dios con la debida certeza y frescura, y a diario vemos que cuanto más buenas e indoctas son las personas, más hermosamente necias y frescas son para enseñar y predicar a todo el mundo.»
Salmo de David.
1 Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?
Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?
2 Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos,
Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.
3 Aunque un ejército acampe contra mí,
No temerá mi corazón;
Aunque contra mí se levante guerra,
Yo estaré confiado.
4 Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré;
Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida,
Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.
5 Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal;
Me ocultará en lo reservado de su morada;
Sobre una roca me pondrá en alto.
6 Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean,
Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo;
Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.
7 Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo;
Ten misericordia de mí, y respóndeme.
8 Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro.
Tu rostro buscaré, oh Jehová;
9 No escondas tu rostro de mí.
No apartes con ira a tu siervo;
Mi ayuda has sido.
No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación.
10 Aunque mi padre y mi madre me dejaran,
Con todo, Jehová me recogerá.
11 Enséñame, oh Jehová, tu camino,
Y guíame por senda de rectitud
A causa de mis enemigos.
12 No me entregues a la voluntad de mis enemigos;
Porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad.
13 Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová
En la tierra de los vivientes.
14 Aguarda a Jehová;
Esfuérzate, y aliéntese tu corazón;
Sí, espera a Jehová.
Segunda Lectura: Evangelio de Juan 9:1-7,13-17,34-39
¿Somos diferentes cuando el sufrimiento llega a nuestra vida? Buscamos la causalidad: esta dificultad o tragedia ha sucedido a causa de algún pecado pasado, de alguna fechoría. O le preguntamos a Dios por qué nos ocurre esto a nosotros, ya que no hemos hecho nada para merecer el sufrimiento que viene. La respuesta de Jesús a sus discípulos lo niega todo.
1Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. 4Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. 5Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. 6Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 7y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.
13Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14Y era día de reposo* cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. 15Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. 16Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo.* Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. 17Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.
34Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.
35Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. 39Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.
Texto Sermón: Efesios 5:8-14
Fíjate en lo que dice Pablo. No dice que antes estábamos en la oscuridad y ahora estamos en la luz. No, antes éramos tinieblas y ahora somos luz. Nuestra conversión significó una transformación total de lo que somos, y por lo tanto llevará a una transformación total de lo que hacemos. Ya no producimos frutos de oscuridad, vivimos en la luz y hacemos brillar la luz en los rincones oscurecidos por el pecado de nuestro mundo. Con versos de un antiguo himno cristiano, Pablo comparte la llamada que Cristo nos hace y la promesa que nos hace. Ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz. La diferencia entre las tinieblas y la luz es diametral. La diferencia entre creyentes e incrédulos debería serlo igualmente. Son tan diferentes como la guardería y el depósito de cadáveres.
8Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz 9(porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), 10comprobando lo que es agradable al Señor. 11Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; 12porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. 13Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo. 14Por lo cual dice:
Despiértate, tú que duermes,
Y levántate de los muertos,
Y te alumbrará Cristo.
Somos la luz, gracias a Jesús.
Hay una canción muy famosa de la película Enredados que se llama “Por fin ya veo la luz.” Por toda su vida, la protagonista ha querido ver las linternas flotantes de una fiesta, pero no tuvo la oportunidad por la opresión de su madre. Finalmente escapó para verlas con la ayuda de un criminal, con quien eventualmente se enamoró. Al fin de la película cuando por fin ven las luces, cantan esa canción para recordar un evento clave en sus vidas. Desde ese punto, iban a vivir según la revelación tan importante que han tenido.
Pablo nos ofrece una revelación en la lectura de Efesios que es aún más espectacular. Nuestra canción no seria, “por fin ya veo la luz,” sino “por fin ya yo soy la luz.” Dice el versículo 8, “8Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor.” Puede ser que esa declaración nos asusta un poco porque Jesús mismo dice que es la luz en los evangelios. Pero también sus seguidores tienen la bendición increíble de ser la luz, como dice en Mateo 5:14, “Vosotros sois la luz del mundo.” Y ahora Pablo repite esa verdad. Miren como para nosotros los creyentes es un cambio total en nuestro estado y composición. No solo estábamos en la oscuridad y no solo ahora vemos la luz. Éramos tinieblas. Somos la luz. Esta declaración habla sobre y nos asegura de nuestra justificación, nuestra salvación y estatus perfecto ante nuestro Padre celestial. ¿Cómo es posible esto? Pablo explica al principio de este capítulo de Efesios, “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.” Cristo se entregó a si mismo por nosotros, el sacrificio perfecto para quitar los pecados, y ahora somos la luz.
Esta nueva realidad para una creyente forma la base para las enseñanzas que vienen después. En la confianza firme de nuestra salvación por Jesús, andamos como hijos de la luz. Una vida de santificación, caminando los caminos de Dios, es el resultado natural de nuestra justificación. Es importante notar que no podemos voltear la orden. Siempre primero viene la salvación, y después la habilidad y el deseo de hacer buenas obras según la voluntad de Dios. Algo de contexto sobre el libro de Efesios para ayudarnos entender: no hay una falsa enseñanza que Pablo está luchando ni pecados y divisiones grandes en la iglesia que necesita condenar. En Gálatas, los judaizantes estaban quitando el puro evangelio y poniendo la salvación de los miembros en peligro por menospreciar la obra de Jesús. En Corintios, había tantos problemas en el comportamiento de la iglesia que le toca a Pablo enfrentarlos por la salud de la congregación. Pero la carta a los Efesios es para una iglesia más madura, entonces Pablo puede desarrollar que es vivir como iglesia bajo su cabeza, Cristo, ya que somos la luz.
Dice Pablo, “andad como hijos de luz 9(porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), 10comprobando lo que es agradable al Señor.” La vida de un cristiano es buscar oportunidades para mostrar bondad, proveer justicia, y decir la verdad. En esta sección, y por toda la Biblia, hay un vínculo fuerte entre la luz y la verdad. Engaño es más fácil en las tinieblas, y la luz muestra que mentiras son mentiras. Como dice el versículo, nuestra habilidad de buscar estas cosas es un don del Espíritu Santo. Cuando éramos tinieblas, no pudimos saber y ciertamente no pudimos hacer lo que es agradable al Señor. Pero ahora que somos luz, vemos estas cosas como buenas según la voluntad de Dios. El Espíritu Santo nos ayuda a decir con todo el corazón, “Si Señor, ¡todas estas cosas son buenas y yo las buscare por todos mis años!” En Gálatas, Pablo provee una lista más larga de los frutos del Espíritu. Son “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23mansedumbre, templanza.” Disfrutamos estas bendiciones del Espíritu porque gracias a Jesús, somos la luz.
Desafortunadamente, como todos nosotros sabemos, hay otro lado en nuestras vidas de santificación, y por eso Pablo incluyó esta advertencia: “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; 12porque vergonzoso es aún hablar de lo que ellos hacen en secreto.” ¿Porque es necesario decir eso a personas que ya son creyentes? Porque la tentación de las tinieblas todavía atrae a nuestros hombres viejos. La palabra que usa Pablo para describir esas obras es “infructuosas,” es decir, el opuesto de las acciones que vienen del Espíritu. Otra vez, hay una lista más larga en Gálatas 5. “19Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas.” Es una lista de cosas perversas, pero todavía perseguidas por nuestra naturaleza pecaminosa. Ninguna persona aquí está libre de todas las obras en esta lista, incluso yo.
Sabemos tan fuerte pueden ser las tentaciones de las tinieblas. Para toda gente, pero especialmente para los cristianos, el deseo de esconder sus faltas es muy grave. El viejo hombre desea seguir sus propios caminos sin la interrupción de la ley y luz de Dios. Pero en vez de liberarnos de los efectos del pecado, hace el opuesto. Nos deja en sus consecuencias de sufrimiento espiritual, y nos deja merecidos de la muerte eterna. Como dice David, “Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día.” El arrepentimiento es algo que viene del Espíritu Santo. El hombre viejo nunca dice a Dios, “Yo era incorrecto, tu Señor tienes la razón.” Cada domingo cuando confesamos nuestros pecados juntos, y recibimos la absolución de ellos, estamos andando como luz según el poder del Espíritu Santo. Mi oración para nosotros es que nunca olvidemos que es una bendición increíble confesar nuestros pecados con la confianza de perdón, gracias a la obra de Jesucristo quien nos hizo luz.
Queda una parte de la exhortación de Pablo para discutir. “Vergonzoso es aún hablar de lo que ellos hacen en secreto.” Los pecados de otros pueden fascinarnos, una atracción siniestra a la oscuridad. O, por otro lado, nos gusta discutir las faltas de otros para sentirnos mejores. La tentación de chismear sobre hechos de la oscuridad viene en todas nuestras vidas. “¿Oíste lo que hizo ella la semana pasada?” “Dicen que él salió del trabajo por esta cosa.” “Parce, no vas a creer lo que vi sobre ella en las redes sociales.” ¿Suena familiar? Me imagino que sí. Es muy fácil caer en este pecado porque “son solas palabras.” Pero estas conversaciones no vienen de los frutos del Espíritu. Nuestra reacción al pecado como cristianos es evitarlo en todas las maneras que podemos. Discutir el pecado de otros no solo es chismear, es dejar entrar las cosas del enemigo en nuestras palabras y pensamientos. Importa mucho el contenido que consumamos en el internet, libros, y aun conversaciones. Como dice Pablo a los Filipenses, “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” No dejamos que las obras de las tinieblas tienen ninguna parte en nuestras vidas ya que somos la luz.
Una excepción importante es la disciplina cristiana, que sea en una iglesia, escuela, o familia. El pasaje no nos enseña ignorar pecados en nuestras congregaciones. Tenemos otras secciones de las escrituras que nos enseñan que la disciplina es necesaria en nuestras vidas de santificación, y como hacerla. Chismear no es parte del proceso. Las discusiones en esa instancia pasan para el beneficio del pecador, no para el entretenimiento de los demás. Es para mostrarle su pecado, y traerle a la luz.
Así dice la cita con que termina Pablo esta sección: “Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo.” Es una invitación increíble a cristianos que han caído en pecado y también a los que todavía no conocen su Salvador. Es una invitación disfrutar la bendición que es el arrepentimiento y el consuelo y la esperanza que trae. No sabemos con certeza la fuente. No es del antiguo testamento. La forma y el contenido nos lleva a adivinar que puede ser parte de uno de los himnos cristianos más antiguos. Es una imagen muy fuerte del poder de Cristo. Normalmente, llamar a un muerto para levantarse sería algo loco, pero eso es el llamado del evangelio a los muertos en espíritu, hecho posible por él quien se levantó de la muerte física. La obra de Jesucristo, su vida perfecta bajo la ley, su obediencia total, su muerte inocente y su resurrección milagrosa nos dan la confianza de confesar este dicho con Pablo. Podemos decir con certeza que Cristo nos ha alumbrado, y alumbrará a todos que creen en él. Con esta cita, Pablo cierra su círculo de enseñanza en la sección sobre nosotros la luz.
¿Porque digo es un círculo? Porque contiene toda la historia de nuestra salvación. Empieza con una declaración de un cambio de estado. Por Cristo, nosotros quienes éramos oscuridad, éramos, no estábamos en la oscuridad, ya somos la luz. Esta realidad forma el contexto por todo el consejo y enseñanza que Pablo nos da. Porque somos la luz, buscamos oportunidades para desarrollar y mostrar los frutos del espíritu. Porque somos la luz, estudiamos la palabra para ver la voluntad de Dios y decimos “si, Señor, ¡lo que tú me dices es bueno!” Porque somos la luz, evitamos con toda nuestra fuerza las obras de la oscuridad, en nuestro comportamiento, pensamientos, y el contenido que consumamos. Ni siquiera discutimos las cosas vergonzosas. Porque somos la luz, cantamos el himno antiguo con alegría: “Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo.” Ahora estamos en la Cuaresma, meditando en nuestro pecado y castigo que merecemos, pero la Pascua viene después de Cuaresma, y esperamos en la luz de la resurrección. Para cerrar el círculo, porque Cristo nos alumbró, somos la luz.
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