Quinto domingo en Cuaresma

Vida para los muertos.

Tema del Día

En nuestro camino cuaresmal hacia el Calvario, la Iglesia ve cómo el Salvador se enfrenta cara a cara con la muerte y la derrota por completo. Porque lo hizo, el Hijo de Dios puede ofrecernos la resurrección, la joya de la corona del cristianismo. «Creo en la resurrección de la carne». Es un don que se ofrece gratuitamente a todo hombre, mujer y niño. Pero, ¿reconocerán su valor? Para muchos, parece una declaración sin valor. Para nosotros, es una joya de valor incalculable concedida sin coste alguno.

Oración del Día

Dios y Padre eterno, ayúdanos a recordar a Jesús, que obedeció tu voluntad y cargó con la cruz por nuestra salvación, para que por su angustia, dolor y muerte podamos recibir el perdón de los pecados, la victoria sobre la tumba, y por fin heredar la vida eterna; por tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén

Primera lectura: 2 Reyes 4:17-37

La historia es desgarradora: una mujer estéril da a luz a un hijo prometido. Después de tanto esperar y orar por un hijo, por fin tuvo un hijo. Todas sus esperanzas y su amor se habían envuelto en este niño, hasta el día en que empezó a dolerle la cabeza. Murió en el regazo de su madre mientras ella lo acunaba. ¿Te imaginas las lágrimas? Pero Dios quiere que sepamos que, incluso ante una muerte tan desgarradora como ésta, promete que quien crea en él vivirá, aunque muera. Por eso deja que Eliseo pague un anticipo de la herencia que espera a los coherederos de Cristo, para que sepamos y creamos que Jesús un día nos resucitará de la muerte a la vida.

17Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.

18Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su padre, que estaba con los segadores; 19y dijo a su padre: ¡Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su madre. 20Y habiéndole él tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió. 21Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón de Dios, y cerrando la puerta, se salió. 22Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y regrese. 23El dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo. * Y ella respondió: Paz. 24Después hizo enalbardar el asna, y dijo al criado: Guía y anda; y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo dijere. 25Partió, pues, y vino al varón de Dios, al monte Carmelo. Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita. 26Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y le digas: ¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo: Bien. 27Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado. 28Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no te burlases de mí? 29Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi báculo en tu mano, y ve; si alguno te encontrare, no lo saludes, y si alguno te saludare, no le respondas; y pondrás mi báculo sobre el rostro del niño. 30Y dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. 31El entonces se levantó y la siguió. Y Giezi había ido delante de ellos, y había puesto el báculo sobre el rostro del niño; pero no tenía voz ni sentido, y así se había vuelto para encontrar a Eliseo, y se lo declaró, diciendo: El niño no despierta.

32Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama. 33Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová. 34Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en calor. 35Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos. 36Entonces llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo. 37Y así que ella entró, se echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y después tomó a su hijo, y salió.

Salmo 130

La Iglesia canta el Salmo 130 en los servicios que hacen hincapié en el arrepentimiento y el perdón a través de la fe en Jesús. Es el 11º de los 15 cantos de ascensión (Salmos 120-134) y el 6º de los 7 salmos penitenciales (Salmos 6, 32, 38,51, 102, 130, 143). Martín Lutero dijo: «El Salmo 130 es un salmo de oración. El salmista confiesa que nadie es justo ante Dios, y que nadie puede llegar a ser justo por sus propias obras y justicia. Las personas sólo pueden llegar a ser justas a través de la gracia y el perdón de los pecados, que Dios ha prometido. El salmista profetiza a Cristo en el versículo 8, y todo el salmo se basa en esta promesa».

Cántico gradual.

1 De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo.

2 Señor, oye mi voz;

Estén atentos tus oídos

A la voz de mi súplica.

3 JAH, si mirares a los pecados,

¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse?

4 Pero en ti hay perdón,

Para que seas reverenciado.

5 Esperé yo a Jehová, esperó mi alma;

En su palabra he esperado.

6 Mi alma espera a Jehová

Más que los centinelas a la mañana,

Más que los vigilantes a la mañana.

7 Espere Israel a Jehová,

Porque en Jehová hay misericordia,

Y abundante redención con él;

8 Y él redimirá a Israel

De todos sus pecados.

Segunda lectura: Romanos 8:11-19

Necesitamos ese conocimiento de la gloria futura, porque en esta época rota en la que vivimos, no todos los niños resucitarán, no todos los hermanos muertos volverán a la vida, pero Dios irrumpió en el mundo de la muerte para mostrarnos que podía hacerlo. Para señalarnos el momento en que lo hará, no sólo por una sunamita o por María y Marta, sino por todos nosotros. Para señalarnos el día en que recibamos la joya de la corona del cristianismo y Dios nos devuelva a nuestros muertos para que los tengamos y los sostengamos en el mundo que no conoce fin.

11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

12Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; 13porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. 15Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! 16El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 17Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

18Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. 19Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Evangelio: Juan 11:17-27,38-45

En su evangelio, el evangelista Juan narra siete grandes señales que demostraron que Jesús era el Mesías. En éste, el séptimo y último signo registrado en el evangelio de Juan, Jesús realizó el mayor milagro de su ministerio para demostrarnos la certeza de su mayor promesa. La muerte ha perseguido a la humanidad desde el jardín y ha causado una miseria que Dios nunca quiso para sus hijos. Cuando Cristo vio los efectos de la muerte en sus seres queridos, lloró con ellos, pero también les prometió que, un día, incluso este último enemigo sería derrotado.

17Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. 18Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; 19y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. 20Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. 21Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. 23Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. 24Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. 25Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? 27Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.

38Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. 39Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. 40Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? 41Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. 42Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. 43Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! 44Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

45Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.

SI CREES VERÁS LA GLORIA DE DIOS

Pablo en su segundo viaje misionero llegó a Atenas, allí es interesante como se encuentra con una exposición de dioses de parte de los filósofos de esa ciudad. Dentro de esta exposición se encontró con un altar hacia el DIOS DESCONOCIDO, ellos en medio de su idolatría le habían dado un lugar al Dios verdadero, pero no tenían ningún conocimiento a cerca de Él. Pablo uso el conocimiento natural para llevarlos al conocimiento revelado y hablarles a cerca de Jesucristo, estos hombres escucharon al palabrero Pablo, pero al hablarles de la resurrección estos sabiondos de la vida taparon sus oídos y no quisieron escuchar sobre la Gloria de Dios. Pero esto no solo pasó alrededor de los años 50 D.C, hoy en el año 2026 muchas personas se niegan a creen en la Gloria de Dios. Dicen que Dios es injusto cuando muere un ser querido, en el momento que mueren niños en catástrofes y ante la muerte siempre hay un reclamo a Dios. También podemos ver como muchas personas por el solo hecho de querer rechazar a Dios simplemente dicen que Dios no existe y por lo tanto su Gloria tampoco. Pero en el mundo cristiano es más grave la situación, porque es normal que el incrédulo rechace a Dios y su Gloria, pero en el mundo cristiano hay muchas diferencias doctrinales en cuanto a la resurrección, por ejemplo, algunos católicos romanos creen que Jesús no resucitó corporalmente, sino que días después de su muerte los apóstoles sintieron en su corazón que cristo vivía en ellos pero también ellos prohíben la cremación de los cuerpos porque lo consideraban como algo en contra de la fe por tradiciones paganas, pero hoy lo permiten solo si se guardan las cenizas en un lugar sagrado. Los que creen en el milenio usando Apocalipsis 20 y dicen que: La primera resurrección: Los premilenialistas la toman como el momento cuando, antes del período de la gran tribulación, Cristo resucitará: a los que han muerto en la fe en él hasta ese momento, o solo los mártires, o solo un número de elegidos, para reinar con él. Hoy en día también hemos escuchado casos de los que predican el evangelio social que pueden resucitar muertos porque creen que tienen el don de hacer milagros. Pero también tienen problemas con la resurrección los que no creen en la justificación por medio de la fe, porque sus obras los llevaran al infierno eterno en cuerpo y alma. Es triste pasar muchos años en el cristianismo y creer en la salvación por medio del cumplimiento de la ley o no tener seguridad si se va al cielo o no.

El contexto de este evangelio para el quinto domingo de Cuaresma nos presenta la verdad de esta doctrina fundamental de la resurrección, sin creer en ella no podemos ser salvos. El contexto de estos versículos nos presenta un problema en una de las familias cercanas de Jesús que eran de Betania, María y Marta habían mandado avisar a Jesús que su hermano Lázaro estaba enfermo y Jesús solo dijo: Esta enfermedad no es de muerte, sino para la Gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Dos puntos de vista la biblia nos presenta en esta situación, uno, la familia de Betania quería que Jesús fuera a curar la enfermedad de su hermano, y la segunda de parte de Jesús, estaba esperando que Lázaro muriera y además de esto estar cuatro días dentro de la tumba.  Las dos hermanas al darse cuenta que Jesús llegó no tuvieron buena actitud, María se quedó en casa y Marta dijo: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Esta parte del reclamo es muy familiar en nosotros cuando pasamos por el aguijón, el dolor de la muerte, “Dios porque te olvidaste de mi” “Señor que estoy pagando que me quitaste a mi ser querido” “no volveré a la iglesia porque estoy desanimado” y hemos usado muchas expresiones más, pero también vemos una actitud en muchos cristianos frente a la semana santa, algunos no la celebran porque dicen que la biblia no manda esto y además es idolatría, pero otros solo celebran el jueves y viernes santo no importando el domingo de resurrección porque no asisten a este servicio divino dejando a Cristo en su celebración personal en la tumba. Esto solo muestra nuestro pecado en contra del primer y tercer mandamiento, dudando del poder de Dios y las promesas de Él en su Palabra, por esto merecemos la muerte eterna y que suframos el aguijón de la muerte a causa de nuestro pecado.

Pero el Espíritu Santo llevó a Marta decir también: Más también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. La promesa de Jesús inmediatamente fue que Lázaro iba a resucitar y aquí es donde vemos el tema centrar de este quinto domingo de cuaresma al ver la Gloria de Dios al escuchar a Marta confesar su fe diciendo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Esta confesión de fe traspasó la historia del cristianismo porque el Espíritu Santo la publicó en su inspiración verbal y hoy nosotros estamos leyéndola. Estás palabras son las que nos salvan a nosotros porque está conectada con la obra de Jesús como nuestro Redentor. En el Edén entró la muerte al mundo por el pecado de Adán y Eva, el capítulo 5 de Génesis (pueden leerlo) vemos la realidad de las consecuencias del pecado al traer la muerte física y nosotros hoy sabemos que moriremos y hemos sentido el aguijón de la muerte con muchos seres queridos. Pero Jesús venció aquel que introdujo la muerte al mundo, al diablo, este no puede seguir engañando a nosotros los creyentes porque Cristo le expuso en la cruz, así como dice Colosenses: 13Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, 14anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, 15y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.  (Colosenses 2:13-15) y también vemos como el Espíritu Santo por medio de Juan nos muestra que Jesús es Dios porque Él dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. ¿Cómo Jesús es la resurrección y la vida? esta porción del evangelio nos muestra esta verdad:  41Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto? Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. 42Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. 43Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! 44Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir. Jesús resucitó a Lázaro venciendo al diablo con la Gloria de Dios, mostrando poder sobre la muerte y el pecado y, es por esto que nosotros somos perdonados porque Él hizo todo esto para nuestra redención.

Jesús había preguntado a Marta ¿Crees esto? Y ella contestó: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. Estas confesiones de fe que hizo Marta son las mismas que nosotros hacemos con frecuencia por la obra del Espíritu Santo, esto muestra la importancia de ser confesionales, porque al usar los credos no solamente mostramos que creemos en el Dios Trino, sino que decimos: Creo en Jesucristo, mi Señor. También afirmamos Creo en la resurrección de los muertos y al decir estas confesiones vemos la Gloria de Dios porque es el Evangelio puro, vemos como esta Gloria de Dios nos lleva al cielo porque el Espíritu Santo por medio del Bautismo y el Evangelio nos ha dado la fe en Cristo Jesús y la vida eterna que nos espera en el cielo.

¿Ha muerto recientemente un ser querido? ¿Estás desanimado porque te sientes solo por la ausencia del ser querido? ¿Estás enojado con Dios por el aguijón de la muerte? Escucha lo que dice el Evangelio en este día: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. Es por esto mis hermanos que vamos a estar preparados para nuestra muerte, y esto lo hacemos no solamente escuchando y creyendo en la Palabra de Dios sino dejando también que el Espíritu Santo actué en nuestras vidas de santificación: 12Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; 13porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. (Romanos 8:12-13), estos versículos son muy claros y nos anima abandonar cualquier práctica pecaminosa que tengamos y nos dejemos guiar por la obra del Espíritu Santo porque no sabemos en qué momento nos llama el Señor a su presencia o que Él venga por segunda vez, pero estamos preparados para vivir en su Gloria por toda la eternidad congregándonos con frecuencia usando los medios de Gracia como el Evangelio y la Santa cena para alimentar nuestra fe. Amén

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